Triunfo soberanista en Taiwán pero por ahora China no hará nada, salvo presionar a la isla

El nuevo presidente de Taiwán, Lai Ching-te. | Wang Yu Ching / Office of the President
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Madrid. Los taiwaneses han revalidado su posición soberanista con la elección de Lai Ching-te (PDP) como presidente de la isla para los próximos cuatro años, un resultado electoral que augura un recrudecimiento todavía mayor de las tensiones con China, que considera a este territorio una provincia rebelde, pero un triunfo que acerca aún más los vínculos entre Washington y Taipéi y aleja todavía más a Pekín con Taiwán, una posición geopolítica tensa que dará más firmeza a Estados Unidos en su deseo de controlar a la República Popular China en el Pacífico, pero por ahora, pese a estos comicios adversos para los chinos, no habrá invasión alguna sobre la isla, aunque sí una mayor presión.

El 20 de mayo próximo el nuevo presidente tomará posesión de su cargo, pero hasta esa fecha lo que dialoguen China y EEUU será crucial para evitar una escalada de tensiones e incertidumbres que obviamente no interesa ni a chinos ni a estadounidenses en aras de una mayor estabilidad de la geopolítica mundial. Un conflicto geopolítico por el asunto de Taiwán no interesa a nadie y también lo descarto por ahora pese al «enfado» chino y a la satisfacción estadounidense, cuyo secretario de Estado, Antony Blinken, felicito a Lai Ching-te, al que prometió «promover la larga relación bilateral», «no oficial», obviamente, lo que molestó a Pekín.

Lai Ching-te, del Partido Democrático Progresista (PDP) que obtuvo el 40,05 % de los votos, se impuso a los aspirantes opositores del Kuomintang (KMT), Hou Yu-ih (33,49 % de los sufragios), y del Partido Popular de Taiwán (PPT), Ko Wen-Je (26,46 %), pero a pesar de la derrota opositora, el KMT salvó un resultado adverso y con una proyección territorial en el país que ya tiene desde 2022, es decir, ha afianzado su poder local, lo que a China le congratula, mientras que la tercera fuerza política, el PPT, tendrá que tomar una postura en sus alianzas con el KMT, pero la novedad para la nueva legislatura radica en que se abre un nuevo periodo político donde los partidos de la oposición han logrado la mayoría en el Parlamento taiwanés (Yuan Legislativo) en los comicios paralelos.

Tanto chinos como estadounidenses saben de las consecuencias de la guerra de Ucrania, y sin olvidar el actual conflicto en Oriente Medio o incluso ahora con los hutíes que llevan años queriendo llevar su guerra a Israel y Estados Unidos, de ahí que cualquier exceso chino contra Taiwán será contraproducente. Por ello, el diálogo será vital entre Pekín y Washington, aunque difícil el que propone Lai Ching-te a China, sin condiciones y bilateral. Eso sí, el hartazgo de conflicto bélicos también cansa a EEUU, que gasta millones de dólares en defender la navegación que se quieren cargar los hutíes en la región cuando contempla cómo China, Rusia e India son los principales beneficiarios de la defensa que hace Estados Unidos para proteger a los buques petroleros.

El PDP ha logrado ser la primera formación política que encadene tres legislaturas consecutivas desde el establecimiento de la democracia en 1996 con las primeras elecciones libres, lo que reitera la disminución progresiva de todo vínculo con China tal como han votado los taiwaneses, pues ya maman una democracia consolidada y con muchas dudas con Pekín tras el fracaso de la política un «país, dos sistemas» en Hong Kong.

Taiwán asume una nueva legislatura presidencial con una economía mejorada y bien apuntalada sobre los semiconductores y el buen hacer por el crecimiento de compañías líderes en el sector, como Taiwán Semiconductor Manufacturing Company (TSMC). El PIB taiwanés aumentará su ritmo de crecimiento hasta el 2,9 % en 2024, en comparación al de 2023 que avanzó en torno al 1,2 % debido, en especial, a una menor exportación de semiconductores y a que las empresas taiwanesas han centrado sus inversiones en el exterior.

Y mientras China digiere el triunfo de los independentistas en Taiwán, Corea del Norte ha lanzado su primer misil balístico de rango intermedio (IRBM) de este año 2024 al mar de Japón (mar del Este) que voló unos 1.000 kilómetros antes de caer al agua como un regalo a sus ciudadanos para demostrar que Pyongyang no va a ceder en su hostigamiento nuclear en la península coreana, como tampoco Pekín dejará de presionar a la isla taiwanesa, e incluso el Ejército Popular de Liberación (EPL, Ejército chino) reitera que está preparado para tomar «todas las medidas necesarias» y derrotar así al separatismo de la antigua isla de Formosa. Esto evidencia que la República Popular China y la península coreana son todavía rincones del mundo en los que la división del país sigue vigente a causa de sendas guerras civiles.

La polarización de la geopolítica mundial tiene ya en estos dos lugares un buen aperitivo de lo que se avecina para el 2024. La crispación política está servida. Chinos y taiwaneses por un lado y, por otro, norcoreanos y surcoreanos, pero el líder norcoreano, Kim Jong-un, no va a dejar de mostrar su capacidad nuclear ni el presidente chino, Xi Jinping, de arrinconar y presionar a Taiwán. Pero la única esperanza para Pekín es que ha visto que el independentismo ha perdido más de 17 puntos respecto a 2020 y 2016, pero también es bien cierto que los taiwaneses han dado con su voto el triunfo a los soberanistas, mientras la Unión Europea (UE), sin mencionar a Pekín, lo que le habrá molestado, se ha mostrado satisfecha por la celebración de las elecciones democráticas en Taiwán, una victoria que posiblemente traiga un recrudecimiento de las relaciones de la isla con China, pero a la vez el diálogo con Estados Unidos será vital.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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