China y Corea del Norte fortalecen sus vínculos con la visita de Xi a Pyongyang

Vladimir Putin, Xi Jinping y Kim Jong-un. | Kremlin.ru, Wikimedia
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Madrid. El presidente de China, Xi Jinping, visita Corea del Norte, cuyo régimen alardea de haber duplicado su capacidad de producción nuclear y de que «nunca habrá una desnuclearización nuclear». Una visita que refuerza a Kim Jong-un pero también a China para examinar de cerca todos los pormenores habidos en la política norcoreana con su acercamiento a Rusia y su buen momento económico pero sobre todo para reafirmar la posición de la República Popular China en la estabilidad del Nordeste Asiático, la propia preservación del régimen de los Kim y el equilibrio geoestratégico.

Las relaciones entre China y Corea del Norte se caracterizan por una interdependencia pragmática donde Pekín aporta estabilidad económica y hasta el 90 % del combustible de Pyongyang mientras que el régimen norcoreano proporciona un importante colchón geoestratégico frente a Occidente, aunque ha habido momentos en los que Kim Jong-un, con sus lanzamientos de misiles y de que China se sumara hace una década a las sanciones internacionales al limitar las exportaciones de petróleo, la tensión entre los dos países supuso un subidón de decibelios que incomodaron a Pekín, pero, sin embargo, ahora tanto Rusia como China están en contra del aislamiento, las sanciones y la presión por la fuerza sobre Corea del Norte, cuyo régimen nunca va a renunciar a su programa nuclear, dado que ello sería una rendición.

De hecho, entre 2006 y 2017, China y Rusia votaron en el Consejo de Seguridad de la ONU a favor de sanciones cada vez más severas contra Pyongyang, a causa de sus ensayos nucleares, pero este consenso se debilitó a partir de la guerra de Ucrania, cuando Rusia, ya convertida en la nación más sancionada del mundo, comenzó a votar en contra de nuevas sanciones a Corea del Norte, mientras China se abstenía, pero Pekín ha ido cuestionando esta política de sanciones a Pyongyang, e incluso en este viaje el presidente chino podría mediar a un posible encuentro entre Donald Trump y Kim.

Pero nadie pone en duda el recelo de Pekín al programa nuclear norcoreano y de las pruebas de su armamento, que podrían afectar a China, país que comparte más de 1.400 kilómetros de frontera con Corea del Norte. Una visita que podría también incluir el comercio transfronterizo, canales financieros vinculados a sanciones y posibles marcos energéticos de largo plazo, además de que Japón y Corea del Sur estarán atentos a las conversaciones de esta visita de Xi, quien también ha mostrado interés en conocer «in situ» el momento actual de las relaciones entre Moscú y Pyongyang, dado que el fortalecimiento de los lazos de Pyongyang con Rusia ha alterado levemente el «statu quo» de la zona con un cierto escepticismo en algunos países vecinos, como el Sur, que ve positivo esta visita, pero que por ahora el Norte, que sigue sin abandonar su dependencia vital de la economía china, no está en su máxima prioridad en iniciar conversaciones con Seúl.

King Jong-un no cede en ningún momento en vanagloriarse como líder mundial y referente del paradigma opositor a Occidente y a Estados Unidos, pese a su «gran amigo» Trump. Vladimir Putin ya lo tiene entre sus mejores aliados, mientras desde la época de Kim Il-sung China y Corea del Norte son aliados históricos con sus respectivas fluctuaciones políticas. Pekín quiere que Pyongyang sea un buen escudo protector que fortalezca cualquier atisbo de inestabilidad en el Nordeste Asiático, sobre todo ahora que el régimen de Kim Jong-un atraviesa un momento de consolidación política y económica interna, caracterizado por una mayor estabilidad del régimen y el fortalecimiento de la dinastía Kim. Corea del Norte vive políticamente un momento dulce, una realidad bien consolidada con sus buenas relaciones con Rusia tras su total colaboración en la guerra contra Ucrania.

Está claro que  Kim Jong-un, con su «sofisticado» programa nuclear, compró un nuevo seguro de vida para su régimen al enviar tropas a Rusia para repeler la invasión ucraniana de Kursk. Pero China, no Rusia, absorbe el 85-90 % de las exportaciones de Corea del Norte y es el origen de una proporción aún mayor de sus importaciones. Una visita que da más oxígeno y consistencia al régimen de Pyongyang. Xi hace su primer viaje al extranjero en este año y lo hace al país vecino cuando en 2019 el presidente chino visito Corea del Norte. Una visita nada baladí teniendo en cuenta la actual tensión de la globalización política mundial, con un multilateralismo dañado, y en medio de una guerra como la de Ucrania que sigue sangrando a rusos y ucranianos, la de Irán, con un fracaso estrepitoso de Donald Trump, o Israel bombardeando y destruyendo por completo el Líbano. La inestabilidad de la geopolítica mundial no debilita a Kim Jong-un. Xi visita Pyongyang, refuerza su hermético régimen y sigue acaparando más del 90 por ciento de su comercio de los últimos diez años.

Xi y Putin quieren sacar del aislamiento a Pyongyang. Y este viaje del presidente chino se produce en un momento en el que Estados Unidos, Australia, Japón e India manifestaran que Corea del Norte debe desnuclearizarse, pero, mientras tanto, Donald Trump está impulsando el rearme en Corea del Sur y Japón, que coincide con la guerra de Irán y los bombardeos en Irán, país que pertenece a Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), pero no Israel ni Corea del Norte, que cada vez justifica más su política nuclear, la cual con Xi Jinping en Pyongyang, además del apoyo de Rusia, la desnuclearización del régimen norcoreano se antoja, al menos por ahora, prácticamente imposible. Y más cuando recientemente China y Corea del Norte habían criticado a los países del Quad (Diálogo de Seguridad Cuadrilateral formado por Australia, EEUU, India y Japón) al cuestionar los derechos soberanos de Pyongyang, cuyo régimen lo considera como una herramienta unipolar de EEUU.

China y Corea del Norte están sacando un buen provecho estratégico, económico y militar de la guerra de Irán. La escalada bélica en Oriente Medio sigue inestable y sin un final cercano, pero tanto Pekín como Pyongyang, que ya han obtenido un buen rédito con la guerra de Ucrania, analizan su posicionamiento global con los ataques de Estados Unidos e Israel a Teherán y al Líbano, unos ataques que no les han mermado en sus respectivas infraestructuras. El gigante asiático observa el desgaste de EEUU, mientras el régimen de Kim Jong-un no teme nuevas presiones de Donald Trump para que reduzca su programa nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones. Trump está muy ocupado.

Y sin olvidar que la situación en la península coreana fue uno de los temas abordados por Xi y Trump durante la visita del presidente estadounidense a Pekín en mayo pasado. Pero desde el fracaso del inquilino de la Casa Blanca en su primer mandato con Corea del Norte con su insistencia en desnuclearizar a Kim Jong-un, el líder norcoreano ha seguido con su programa de armas nucleares y desafiando las sanciones internacionales.

China es el socio más importante de Corea del Norte, cuyo líder visitó China en septiembre pasado, y ambos países reafirmaron sus vínculos en Pekín en el marco del desfile militar por el 80 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico y marca también este viaje de Xi las conexiones ferroviaria y aérea de pasajeros, reanudadas en marzo pasado, entre Pekín y Pyongyang, suspendidas durante seis años por el cierre fronterizo norcoreano aplicado durante la pandemia, pero previamente la canciller norcoreana, Choe Son-hui, viajó a China en septiembre de 2025; el primer ministro chino, Li Qiang, acudió a Pyongyang en octubre por el aniversario de la fundación del gobernante Partido de los Trabajadores, y el titular chino de Exteriores, Wang Yi, visitó Corea del Norte en abril pasado, la primera vez desde 2019.

En suma, Xi buscará estabilidad y contención en la zona, mientras Pyongyang utiliza el respaldo diplomático chino para equilibrar las presiones de Estados Unidos, pero, eso sí, aunque China sigue siendo el principal aliado de Corea del Norte, Pekín ha mostrado históricamente reticencia y cierto distanciamiento frente a la insistencia de Kim Jong-un en la escalada armamentística y nuclear. Pero también podemos considerar una visita no muy habitual en el momento actual pero si pragmática en el sentido de que refuerza la posición de China en Corea del Norte en sus distintas posiciones frente a Estados Unidos y decirle a Moscú que China es la que tiene la batuta en muchas de las diferentes estrategias geopolíticas y económicas de Pyongyang.

En definitiva, la visita de Xi coincide con el 65 aniversario del Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua, firmado en Pekín en 1961 entre ambos países, que se cumple el próximo 11 de julio de 2026, único tratado de defensa mutua de China, rubricado menos de una década después de que las tropas chinas combatieran junto a Corea del Norte en la Guerra de Corea (1950-53). Una visita en la que Kim Jong-un sale muy reforzado dentro y fuera del país. Y una visita que puede acariciar el sueño de Trump de verse con su «buen amigo Kim» pero al mismo tiempo una visita que no disipará el programa nuclear norcoreano, el arma de protección del régimen de Kim Jong-un.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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