Corea del Sur prohíbe comer carne de perro (I): Un manjar que aún se consume en media Asia

Perros enjaulados. | Luis Jou García, Flickr
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Madrid. Corea del Sur ha decidido ilegalizar a partir de 2027 la cría y venta de perro para el consumo humano, una decisión del Parlamento surcoreano que la separa de países cercanos, dado que se trata de una carne todavía bastante popular en muchos países asiáticos como China, India, Vietnam, Filipinas, Camboya e Indonesia, entre otros. Los infractores podrán enfrentarse a dos años de cárcel y hasta multas de 22.000 euros.

Al menos unos 30 millones de perros son sacrificados cada año en Asia, incluidos unos 10 millones de China, cinco millones en Vietnam y un millón en Indonesia, aunque las cifras podrían ser mayores debido al comercio ilegal, según datos de la ONG Humane Society International, un consumo que está considerado como un sabroso plato gastronómico.

En China, la carne de perro se vende principalmente en algunas provincias del sur y el consumo es legal en todo el país, excepto en algunas ciudades como Zhuhai y Shenzhen, aunque el Ministerio de Agricultura chino desde junio de 2020 anunció que los perros habían dejado de ser considerado ganado y por ello se prohíbe su cría en las granjas para su consumo.

La ONG Humane Society resalta que un 70 por ciento de los chinos asegura no haber comido perro nunca y un 64 por ciento de la población está abiertamente en contra del conocido festival canino de Yulin, un festival que, además, se inauguró en el año 2009-2010 en concepto de reclamo turístico. No obstante, más de 11 millones de firmas se han recogido contra el festival de carne de perro de Yulin, y un 64 por ciento de los chinos están en contra de este evento al dañar la imagen del país, según una encuesta de la agencia china Xinhua. En Corea del Sur, una encuesta realizada por Gallup Korea en junio de 2018 asegura que el 70 por ciento de la población coreana no toma carne de can.

Por ahora, Vietnam es el único país en el que el consumo canino crece, y eso que las autoridades recomiendan «coman menos perros», pero un alto porcentaje de la población disfruta con la carne de can, y debido al crecimiento del poder adquisitivo, su demanda se ha disparado hasta los diez millones de perros al año. Es decir, un número elevado que obliga a su importación de países vecinos como Tailandia o Camboya, que también consume esta carne.

Es posible que la carne de perro con el tiempo vaya reduciéndose, pero al igual que en Vietnam, su consumo no decrece. Y así, en Corea del Norte esta especialidad tiene mucha más tradición que en la del Sur, pues el Boshintang es un plato de mucha historia, ya que lo comían durante el reinado de Koguryo (37 a. C.-668 d. C.)  y durante la dinastía Yi (1392-1910), dada la efectividad que tiene el can para reconfortar los órganos internos, robustecer la médula, reforzar los intestinos y el estómago, además de calentar la espalda y las rodillas y fortalecer el espíritu. Pero el Boshintang (un guiso a base de carne hervida) es también muy tradicional en Corea del Sur, y en el calendario lunar, a los tres días más calurosos del año, que suelen caer a mediados de julio, se le conoce como Boknal. Y precisamente para la industria cárnica, casi el 80% de la carne de perro que se consume en la nación asiática es durante el Boknal.

No obstante, Corea del Sur es, sin duda alguna, la máxima representación de la industria del gaegogi (carne de perro en coreano). Se estima que anualmente se crían en granjas unos 2,5 millones de perros para su consumo, especie que, pese a las protestas de grupos humanitarios como Humane Society International (HSI), continúa sacrificándose de formas verdaderamente crueles como puede ser el ahorcamiento, las descargas eléctricas o, directamente, el apaleamiento hasta la muerte. Y es que el consumo del can es algo con siglos de historia en tanto que ya se reflejó su sacrificio en las Tumbas de Goguryeo (s. IV a. C.), lo que ha supuesto la importancia de la ganadería canina, donde existen razas específicas para su consumo como los labradores y los ‘cocker spaniels’, según indicó en su día ‘The Korea Observer’.

Y lo mismo pasa con China, que no es menos importante, donde el can se come desde asado o frito hasta ser cocinado vivo y siendo harto conocido el polémico y citado festival de Yulin, celebrado en la región autónoma suroccidental de Guangxi (sur de China), en el que anualmente se consumen unos 10.000 perros para celebrar la llegada del verano. Y es que, en términos históricos, el auge se dio durante la dinastía Han (206 a. C.-220 d. C.), aunque ya en los escritos de la época Zhou (1122 a. C.-249 d. C.) se hablaba de «tres bestias» que se servían como alimento: la cabra, el cerdo y el perro.

En Taiwán, por ejemplo, comer perro fue algo permitido durante años pese a que había leyes contra su venta, pero en 2017 el país se convirtió en el primero en Asia en prohibir el consumo de este tipo de carne. Al igual que en Corea y otros países asiáticos, la carne de perro fue popular cuando los recursos alimentarios eran escasos, como durante la Guerra de Corea.

El mercado de Tomohon en Célebes, en Indonesia, conocido por la venta de animales exóticos para el consumo, decidió en julio de 2023 prohibir la matanza y consumo de perros, una medida similar tomada en Yakarta y otras ciudades del país.

Tailandia prohibió la venta y el consumo de perro en 2014, aunque continúa de manera marginal en algunas zonas del noreste, mientras que esta práctica está más extendida en Camboya, excepto en la provincia de Siem Reap, donde es ilegal, mientras en la India el consumo de perro se limita a algunas zonas tribales y de minorías étnicas en estados del noreste del país como Mizoram, Nagaland y Manipur, que intentaron prohibirlo. Sin embargo, la decisión fue anulada por un tribunal, al considerar que es una alimentación con aceptación social.

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