Corea del Sur prohíbe comer carne de perro (y II): La mayoría asegura que nunca la ha probado ni piensa hacerlo

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Madrid. Los consumidores de perro alegan que es un animal como otro cualquiera, mientras que para algunos su carne tiene propiedades terapéuticas o incluso afrodisíacas, además de que aún hay gente que la valora médicamente y en especial cuando tras una importante operación quirúrgica contribuye a que las heridas cicatricen mejor y más rápidamente. E incluso una parte de la ciudadanía que come carne de perro estima que es una equivocación que en Occidente se insista en eliminar su consumo. «Es como una medicina, y una vieja tradición producto de una cultura propia o tan normal como comer carne o pescado», valoran algunos comensales que aprecian su alto valor nutritivo y están convencidos de que sirve también para aumentar la virilidad y proporciona buena suerte.

En Corea del Sur existe la Asociación Coreana de Perros Comestibles. La forman criadores y vendedores que representan a más de 3.500 granjas donde se cría a millón y medio de perros que acaban en el menú de más de 3.000 restaurantes por todo el país. Hace un par de meses, 200 de estos criadores se plantaron delante de la oficina presidencial de Seúl y amenazaron con liberar en lugares públicos a más de dos millones de canes si seguía adelante un proyecto de ley para prohibir la carne de perro. Pero ha sido en este inicio de 2024 cuando los políticos se han puesto de acuerdo para cumplir el ansiado deseo de muchos surcoreanos ajenos a la industria cárnica y así se votó a favor de prohibir la cría, venta y sacrificio de perros para su carne.

Pero es obvio que el tradicional consumo de carne de perro en Corea del Sur ha caído enormemente en las últimas décadas a medida que han ido en aumento el número de hogares que poseen mascotas e incluso un mayor nivel de vida. Sondeos de años recientes muestran que una gran mayoría de surcoreanos nunca ha probado esa carne y que no tiene intención de hacerlo, al tiempo que la mayor parte de grandes mercados que la proporcionaban han cerrado ya y el Gobierno y diversas asociaciones han logrado ir clausurando muchas granjas y mataderos y ayudado a sus dueños a cambiar de negocio en la última década.

Según datos de Humane Society International (HSI), hasta un millón de perros son cada año criados y sacrificados en Corea del Sur para el consumo humano. Con el veto a la venta de carne de perro, Corea del Sur se une a otros países y territorios de Asia que han tomado medidas similares, entre ellos Hong Kong, Taiwán, Filipinas, India, Tailandia, Singapur, varias ciudades de China y diversas provincias de Camboya e Indonesia.

El consumo de carne de perro ha prevalecido durante años en muchas partes del mundo, pero hoy día, pese a que está mal visto en Occidente, los alimentos hechos con esa carne todavía se consumen debido a fines tradicionales, rituales o religiosos en varios países, hasta el punto de que es un alimento básico en algunas zonas, al igual que la carne de res y el pollo en muchos países, aunque el consumo ha ido desapareciendo en las generaciones jóvenes.

Y si nos salimos de Asia, en África el consumo de carne de perro es común con fines rituales y culturales en varios países. Burkina Faso, por ejemplo, lo ve como un lujo cultural y un manjar. No se sirve en restaurantes, pero se ve como una comida especial. También es un privilegio en Ghana y se usa a menudo como cortejo entre las tribus Frafra y Dagaaba, mientras en Europa y Estados Unidos su consumo es un tabú.

En Corea del Sur, se cerró en 2016 el mercado de carne de perro más famoso de Corea del Sur, el mercado de Moran, ubicado en Seongnam, y en el que alrededor de 80.000 animales se ejecutaban en el mercado cada año, cantidad que representa un tercio de toda la carne canina vendida en Corea.

Y eso sí, sin olvidar que tanto China como Corea del Sur han sido países que han celebrado Juegos Olímpicos y durante ese periodo las autoridades han legislado normativas para reducir su consumo y dar de esta forma una buena imagen exterior, pero en realidad la carne de perro no dejó de comerse y menos después del evento deportivo.

En definitiva, el can sigue siendo un sabroso plato gastronómico, pues su degustación es una costumbre milenaria y fácilmente digerible, sobre todo en verano con las fuertes lluvias monzónicas para soportar mejor el calor, aunque se come durante todo el año.

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