China y Corea del Norte, beneficiarios de las estrategias militares de la guerra de Irán

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Madrid. China y Corea del Norte están sacando un buen provecho estratégico, económico y militar de la guerra de Irán. La escalada bélica en Oriente Medio sigue inestable y sin un final cercano, pero tanto Pekín como Pyongyang, que ya han obtenido un buen rédito con la guerra de Ucrania, analizan su posicionamiento global con los ataques de Estados Unidos e Israel a Teherán, unos ataques que no les han mermado en sus respectivas infraestructuras, de ahí que sí el gigante asiático observa el desgaste de Estados Unidos al mismo tiempo el régimen de Kim Jong-un no teme nuevas presiones de Donald Trump para que reduzca su programar nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones.

La tensión internacional con la guerra de Irán impacta muy directamente a la economía global, pero Corea del Norte, fiel aliado e importante suministrador de material nuclear a Teherán, y China, crítico con los ataques de EEUU a los ayatolas iraníes, forman parte de un protagonismo «pasivo» en esta contienda bélica de Oriente Medio, aunque muy diferente del que realiza Pyongyang en Ucrania con sus soldados en la guerra contra Kiev, y la posición de Pekín en la invasión rusa en Ucrania con ayudas indirectas a Rusia y ahora con Irán quejándose a Washington de los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, pero no más allá de lo que pudiera debilitar al gigante asiático, que se beneficia de un petróleo ruso en oferta y el régimen norcoreano de las distintas ayudas económicas y militares rusas.

No hay que olvidar que Corea del Norte ha sido durante décadas un proveedor fiable de armas y tecnología de misiles para Irán e incluso en esta guerra una parte importante del arsenal de misiles balísticos de Irán son de diseño norcoreano como los conocidos Musudan o los Shahab-3, mientras China no va a renunciar a comprar petróleo a Irán y tampoco está dispuesta a verse afectada por el control iraní del estrecho de Ormuz, pero lo que está claro que esta guerra y la enorme inestabilidad en Oriente Medio desvían la atención y recursos militares estadounidenses del Indo-Pacífico, y así permite a China aumentar su influencia regional.

Corea del Norte e Irán mantienen una larga historia de cooperación militar y de defensa que incluye la venta de armas y el posible intercambio de tecnología balística y nuclear para proteger su soberanía frente a amenazas comunes. Aunque las alianzas han evolucionado, la cooperación estratégica en materia de armamento sofisticado persiste a pesar de las sanciones internacionales

Esta misma semana China ha ratificado que las islas que reclama en el mar de China Meridional las tiene consideradas como un eje estratégico para su desarrollo y seguridad, valorando su economía marina, la protección ecológica y la defensa de sus intereses tal como ha publicado el Diario del Pueblo, periódico oficial del Comité Central del Partido Comunista chino (PCCh). Pero China se ubica como un país protagonista en la geopolítica mundial, y su papel de intermediario entre Irán y Arabia Saudí antes de la guerra fue un hecho muy significativo.

China reclama la mayor parte de las islas del mar de China Meridional por motivos históricos, una posición que choca con las reivindicaciones de Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunéi y Taiwán en una zona estratégica por la que transita una parte significativa del comercio marítimo mundial y que alberga recursos pesqueros y energéticos. No obstante, hay que mencionar los litigios que mantiene con Japón por las islas Senkaku (en japonés) o Diaoyu (en chino), además del apoyo de Tokio al statu quo de Taiwán que choca con los intereses de Pekín. Y también hay que resaltar a la disputada isla de Taiping (sur de Taiwán y bajo control de Taipéi), la mayor del archipiélago de las Spratly en el mar de China Meridional, que la reclaman China, Vietnam y Filipinas.

Obviamente significativo también es que esta semana Taiwán firmara seis acuerdos de adquisición de armamento con Estados Unidos por unos 6.627 millones de dólares, en medio de los esfuerzos de Taipéi por mejorar sus capacidades defensivas frente a la creciente presión militar de China.

La dinámica de cooperación en este momento de la crisis de la geopolítica mundial entre Rusia, China, Irán y Corea del Norte se basa principalmente en el desafío al dominio de Occidente, liderado por EEUU que ve como sus infraestructuras militares y económicas en esta guerra, que iba a ser muy breve, hacen cada vez más mella en la primera potencia mundial. China, pese a todo, prefiere la estabilidad para evitar perturbaciones económicas, pero el conflicto actual de la guerra reduce la capacidad de Estados Unidos para enfrentarse simultáneamente en múltiples frentes, beneficiando los objetivos a largo plazo de Pekín y Pyongyang, que junto a Moscú y Teherán siguen colaborando en capacidades ciberespaciales para el espionaje, desinformación y el desarrollo de tecnologías militares.

También China y Corea del Norte se benefician del desgaste de EEUU en este conflicto de Oriente Medio, dado que los recursos militares estadounidenses del Indo-Pacífico están priorizando más en la guerra contra Irán y permite a China incrementar su influencia en esa zona, y como menciono Washington ha perdido “suficiente fuerza” para presionar al régimen de Kim Jong-un para desnuclearizarse y deshacer su programa nuclear. Trump hace meses quería negociar con Kim y ver entonces qué estrategia iba a adoptar, pero la guerra contra Irán ha dejado claro que esta quimérica posibilidad de EEUU, tras bombardear en junio de 2025 tres de las principales instalaciones nucleares iraníes, no lo va a hacer con Corea del Norte. El único aval para que Trump lo hiciera sería ganar la guerra a Irán, que no va a ocurrir.

Corea del Norte tiene su mejor centro de pruebas nucleares en Punggye-ri (noreste del país), totalmente rehabilitado, listo para albergar esa soñada séptima prueba nuclear, que cada vez encuentra más dificultades para llevarla a cabo. Pero el régimen sigue lanzado misiles balísticos de corto alcance al mar de Japón (mar del Este), lo que evidencia que Pyongyang no va a dejar de amedrentarse ni ante sus vecinos de Corea del Sur y Japón y ahora menos de EEUU, que sigue en su guerra contra Irán. Pero hipotéticamente habría que preguntarse ¿Qué haría China y Rusia si uno de los centros de pruebas nucleares de Corea del Norte fuera bombardeado?

Donald Trump quiere que Kim renuncie al programa nuclear, lo que no sucederá, y ahora más difícil tras reforzar su régimen con el apoyo de Rusia y las buenas relaciones con China. Kim Jong-un rechazó en junio de 2025 la carta de Donald Trump para abrir canales de comunicación con el objetivo de reiniciar el diálogo bilateral tras años de parálisis.

China se ha convertido en el principal «salvavidas» económico de Irán, comprando aproximadamente el 80% de su petróleo. Además, al parecer Pekín suministra componentes críticos para el desarrollo de misiles y drones iraníes. China participa a su manera en la guerra de Irán al igual que hace en la guerra de Ucrania. Y mientras tanto Corea del Norte se sigue beneficiando de los acuerdos de asistencia mutua con Rusia y alineándose con los intereses estratégicos de China e Irán, formando una coalición que desafía, reitero, a Occidente.

Kim puede estar tranquilo, nadie le va atacar, pero claro el líder norcoreano tan imprevisible como Trump, sabe que tiene que controlarse más que antes en ese aluvión de lanzamientos de misiles que nos tiene acostumbrado, en especial, a sus vecinos. Sin embargo, debería lanzar menos misiles y gastar menos de su PIB en armas y en su programa nuclear, cuyo arsenal no deja de crecer. El régimen iraní, el padrino de Hamas, Hezbolá o de los hutíes del Yemen, ya no los podrá seguir patrocinando económicamente como antes de la guerra. Irán ha quedado muy debilitado y poco faltó al principio de la guerra para que el régimen de los ayatolas se fuera al garete. El régimen iraní siempre ha querido llegar a la inmunidad de la que “disfruta” Corea del Norte por haberse dotado de armas nucleares, pero con esta guerra ya le será más difícil. Irán aún tiene capacidades suficientes para enriquecer uranio y misiles balísticos, aunque Israel dice lo contario, pero lo que si es cierto que política y económicamente el régimen entrará en una espiral de inestabilidad, que pese a sus fusilamientos, será difícil mantener.

En definitiva, Corea del Norte mantendrá su programa nuclear. «Lo contrario equivaldría a una rendición», es su mejor escudo protector a su rígido régimen norcoreano. China espera a que el mundo se canse de EEUU y de su presidente, Donald Trump, y gire más hacia la República Popular China. En realidad, a Pyongyang no le vale la confianza, le inquieta cualquier cierta normalidad, pues cuando en muchas ocasiones se ha estado a punto de lograr avances significativos, al final ocurre un mínimo incidente que justifica volver a empezar y así muchos años. O sea, se elimina cierta normalidad y se evapora la confianza, aspectos claves para la estabilidad del presente y futuro no sólo de Corea del Norte sino de la península coreana

A nivel global el orden internacional, surgido tras la Segunda Guerra Mundial, ya no sirve. La ONU vive una profunda crisis de efectividad, en la que el Consejo de Seguridad con sus miembros permanentes con derecho a veto (EEUU, Rusia, China, Francia y Reino Unido) no sólo es ineficaz sino que el organismo tal como está planificado no resuelve ningún problema y necesita una enorme reforma que debería ser consensuada por los 195 países soberanos reconocidos en el mundo para que las Naciones Unidas sean más globales y multilateral, pues los vetos solo traen unilateralidad e intereses partidistas. Un nuevo orden mundial tras la guerra de Irán pero sin vetos.

Aunque mañana mismo se firme una paz definitiva entre EEUU e Irán, las consecuencias de esta crisis serán largas, dado que los mercados de energía han experimentado profundas fluctuaciones desde que empezó la guerra, pues las principales infraestructuras energéticas dañadas en el conflicto bélico no se reparan en un breve tiempo. Además, reorganizar las líneas de suministro y flotas gasísticas requiere de un largo proceso de normalización. Distintos países del Golfo y obviamente Irán sus instalaciones petrolíferas han sido muy dañadas. E incluso si por el estrecho de Ormuz transitaban unos 60 petroleros diariamente hasta el inicio de la guerra, desde entonces apenas lo cruzan unos cinco. El atasco de buques dentro y fuera del Golfo es enorme, lo que su normalización se alargará, pues al menos 2.000 buques de carga y petroleros están varados o bloqueados con unos 20.000 marineros en la zona del golfo Pérsico. En suma, una guerra por el capricho de Donald Trump que hundirá más la economía global, como también fue otro capricho de Putin para quedarse con Ucrania. Dos conflictos bélicos programados para 48 horas. Las guerras siguen y sus consecuencias son devastadoras, mientras Israel continúa a lo suyo.

Conclusión: Ucrania y Taiwán son los dos países más perjudicados en la guerra de EEUU e Irán, mientras Corea del Norte y China los más beneficiarios. Irán ha quedado debilitada, nuclearmente no será la de antes, pero el régimen de Kim Jong-un sigue fiel a su desarrollo nuclear y por ahora nadie se lo va a impedir. Kim no debe temer a su «amigo» Donald Trump, aunque el giro de la geopolítica mundial está siendo cada vez más variable. Y lo que está claro que cuanto más se prolongue la guerra mayores podrían ser los daños, sobre todo si el tráfico a través del estrecho de Ormuz permanece bloqueado, pues alargar la guerra supone más inseguridad en Oriente Medio que repercutirá obviamente a China, dado que sus inversiones y mercados a nivel global podrían sentirse afectados, pues ya hay países que con las limitaciones del petróleo están condicionados a sus respectivos procesos de producción.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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