El auge del KOSPI (I): La tecnología impulsa a Corea del Sur más allá de la crisis energética
Madrid. El mercado bursátil surcoreano se ha consolidado como uno de los más destacados a nivel global en 2026. El índice de referencia KOSPI acumula una notable subida cercana al 40 % en lo que va de año, reflejo de la sólida confianza de los inversores, a pesar del impacto que la guerra en Irán ha tenido sobre los precios de la energía.
Para Corea del Sur, este escenario es especialmente delicado dada su fuerte dependencia de las importaciones de crudo y gas que transitan por el estrecho de Ormuz. Como importador neto de ambas materias primas y con escasos recursos energéticos domésticos, cualquier disrupción en estos flujos se traduce directamente en mayores costes industriales y presión sobre los márgenes empresariales. El ataque a la planta catarí de gas natural de Ras Laffan, cuya capacidad se ha visto seriamente afectada, supone un golpe relevante con implicaciones potencialmente duraderas, en un contexto en el que las reparaciones podrían prolongarse durante años. Esto impacta en los contratos energéticos con países asiáticos como Corea del Sur, una de las economías más expuestas del mundo a este tipo de shocks. Además, el carácter marcadamente exportador de su economía la vincula estrechamente al ciclo global, de modo que cualquier desaceleración derivada del conflicto supone un riesgo adicional para sus compañías.
El KOSPI viene además de ganar un 75 % en 2025, cuando se coronó como el índice que más subió a escala mundial, arrebatándole ese honor al Ibex 35, que se anotó un 50 %. Esto implica un rally acumulado muy intenso, alimentado por una inercia compradora que todavía persiste. En febrero, antes del recrudecimiento del conflicto en Oriente Próximo, llegó a superar los 6.000 puntos, situándose en máximos históricos, aunque posteriormente se produjo una corrección ligada a las tensiones geopolíticas en el golfo Pérsico, que sacudieron a las bolsas a nivel global.
Con todo, pese al impacto a corto plazo, la tendencia de fondo se mantiene. El mercado parece lanzar un mensaje claro: la geopolítica importa, pero el ciclo tecnológico global sigue teniendo un peso evidente. De hecho, grandes bancos de inversión como Goldman Sachs o Morgan Stanley proyectan que el índice podría aproximarse a niveles cercanos a los 7.000 puntos a finales de año, apoyado en la fortaleza de los resultados empresariales, el liderazgo en semiconductores y las reformas de gobernanza corporativa, que están incrementando el atractivo del mercado para los inversores internacionales.
Este último factor está estrechamente vinculado a la Presidencia de Lee Jae-myung, iniciada el 4 de junio de 2025. El mandatario ha situado el mercado bursátil en el centro de su agenda, con el objetivo de reducir el denominado «Korea discount» -la tradicional infravaloración de las compañías cotizadas surcoreanas frente a sus comparables internacionales- mediante mejoras en la gobernanza, mayor protección del accionista minoritario y medidas orientadas a canalizar el ahorro doméstico hacia la renta variable.
Pero, fundamentalmente, detrás de esta exuberancia bursátil está el tirón de los semiconductores. Grandes compañías como Samsung Electronics y SK Hynix -referentes de los ‘chaebols’, los grandes conglomerados empresariales del país- se han visto impulsadas por la demanda de chips vinculados a la Inteligencia Artificial (IA).
Samsung Electronics es, con diferencia, la empresa más importante del KOSPI y uno de los principales determinantes de su comportamiento. Representa aproximadamente una cuarta parte del índice y actúa como un termómetro del ciclo tecnológico global. Su actividad abarca desde semiconductores -incluyendo memoria DRAM, NAND y chips avanzados- hasta electrónica de consumo y servicios de fabricación para terceros.
SK Hynix constituye el segundo gran pilar del índice. Especializada en memoria, y particularmente en soluciones HBM clave para aplicaciones de IA, se ha consolidado como uno de los grandes beneficiarios del boom tecnológico actual. Su elevada exposición a este segmento ha impulsado tanto sus resultados como su cotización, acentuando el movimiento alcista del KOSPI.
La elevada concentración del índice en estas compañías explica, en parte, su comportamiento. Aproximadamente el 35 % del capital del mercado está en manos extranjeras, lo que introduce un factor adicional de volatilidad en episodios de aversión al riesgo global. Al mismo tiempo, el National Pension Service (NPS), el sistema público de pensiones, actúa como el mayor inversor institucional doméstico, con activos bajo gestión superiores al billón de dólares, desempeñando un papel estabilizador clave.
Pese a todo, se trata de un mercado marcadamente cíclico, que alterna periodos de fuerte expansión con fases de corrección pronunciada. Episodios como 2017 o 2025 reflejan fases de auge ligadas al dinamismo del comercio global y la demanda industrial. Por su parte, en otros predominan las caídas abruptas, como 2018, marcado por el deterioro del clima económico mundial por la guerra comercial de Estados Unidos y China, o 2022, afectado por la aceleración de la inflación post-Covid, por la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania y las subidas de tipos de interés por parte de la Reserva Federal estadounidense, que abrieron paso a un entorno financiero menos favorable. Este endurecimiento monetario tuvo un impacto inmediato sobre los mercados, penalizando especialmente a las acciones tecnológicas, cuyo valor depende en gran medida de beneficios futuros. Todo esto hace que el KOSPI sea un índice mucho más volátil que el S&P 500 o las bolsas europeas, en parte porque las economías de EEUU, Europa o incluso Japón están más diversificadas, no dependen tanto de la IA.
Sin embargo, en el momento actual, Corea del Sur se sitúa entre los mercados más atractivos para los inversores globales, apoyada por el ciclo tecnológico, la mejora de las expectativas empresariales y un entorno reformista favorable.
El país ya ha vivido rachas bursátiles históricas, como la prolongada etapa alcista registrada entre 1984 y 1989 bajo los regímenes de Chun Doo-hwan y Roh Tae-woo, asociada al gran boom económico surcoreano al calor de un dólar débil, un petróleo barato y unos tipos de interés internacionales bajos, factores que espolearon las exportaciones y dispararon los beneficios empresariales de grandes grupos industriales como Samsung, Hyundai, LG o Daewoo, líderes en la construcción, la ingeniería, la electrónica, la automoción o los astilleros. En esa fase de desarrollismo, el índice se revalorizó aproximadamente un 650 % durante esos seis años.
Hoy, con la irrupción de la Inteligencia Artificial, el mercado surcoreano atraviesa una nueva ola alcista, aunque con diferencias notables respecto a aquel periodo. La bolsa de Corea del Sur en los 80 subía porque se hacía rica; en 2025 sube porque el mercado cree que puede valer más. Y aquí hay un dato bastante revelador: en los 80, en la era de la industrialización pesada que culminó el llamado «Milagro del río Han», el crecimiento del Producto Interior Bruto coreano era del 10 %, entre los más altos del mundo; en 2025, en la era del K-pop, ha sido del 1 %.
Pero para ampliar ese ciclo alcista e igualar aquel escenario de hace cuatro décadas, el país necesitaría diversificar el motor de crecimiento económico, que hoy está demasiado concentrado en los semiconductores, que, como decimos, es núcleo absoluto del índice. Para que se pase a un modelo más estructural, es precisa una expansión hacia otros sectores, como el de la biotecnología o el de la defensa.







