Xi y Trump marcan la nueva era de la geopolítica mundial pero Taiwán sigue ahí

Madrid. Donald Trump y Xi Jinping han concluido un encuentro que prometía enormes expectativas pero al final de su cita histórica en Pekín ambos estadistas no han tenido los resultados prácticos esperados pues las dos primeras potencias mundiales han deseado no hacerse daño económicamente pese al desgaste de las políticas arancelarias estadounidenses y han consolidado una tregua sin fecha límite pero con el asunto de Taiwán en ciernes, que por ahora está lejos de un conflicto bélico en el antiguo estrecho de Formosa.
Los dos presidentes han tratado de mantener una estrecha relación fructífera y sólida. Xi Jinping ha logrado que Donald Trump trate a China de igual a igual, mientras que el presidente estadounidense ha calificado a Xi como “uno de los líderes más extraordinarios del mundo”. Los piropos han sido notables. Xi no ha dudado en resaltar que el “presidente Trump quiere hacer a América grande otra vez, y yo estoy comprometido a conducir al pueblo chino a la consecución del gran rejuvenecimiento del pueblo chino. Ambas partes podemos promover nuestro respectivo desarrollo y revitalización mediante una cooperación reforzada».
Una visita que pronostica más acercamientos pese al inestable asunto de Taiwán. Y tal como señaló Xi Jinping “si se gestiona adecuadamente, se convertirá en una fuente de estabilidad para nuestras relaciones, pues de lo contrario, ambos países pueden entrar en una vía de confrontación, incluso de conflicto”, subrayo Pekín. Pero eso sí, han logrado sellar una confianza perdida, clave en la política pero la cumbre ha adolecido de importantes acuerdos comerciales.
Xi ha logrado que China sea vista por Trump como una potencia equiparable con la que ha de tratar los grandes asuntos, aunque el presidente estadounidense aseguró que China ha acordado comprar petróleo, soja y unos 200 aviones Boeing a Estados Unidos, con un compromiso de adquirir hasta 750 aviones, Pekín no lo ha confirmado y lo mismo pasa con otras cuestiones que no llegaron a ningún acuerdo.
Sin embargo, florece un nuevo dinamismo político entre Washington y Pekín. La guerra comercial quebró la confianza habida anteriormente entre las dos primeras potencias mundiales. Trump se vio brevemente con Xi en 2025 durante el Foro de la APEC en una base militar surcoreana de Busan, en la vecina ciudad de Gyeongju, y eran unos momentos políticos de enorme tensión por las políticas arancelarias de EEUU, de ahí que esta visita haya contribuido a calmar las aguas turbulentas que obviamente la geopolítica mundial agradecerá. A Ambos dirigentes les interesa estabilizar su relación bilateral y evitar la propia rivalidad y hacerse daño mutuamente.
Xi irá a EEUU en septiembre, cuyo viaje podría implicar su participación en la Asamblea General de Naciones Unidas, como ya hiciera en su visita de Estado de 2015 y tal vez en noviembre Xi volvería a coincidir con Trump en el Foro de la APEC, que se celebra en la ciudad del sureste de China de Shenzhen, pero de nuevo en diciembre está la cumbre del G20 de Miami (EEUU) y Xi y Trump pueden volver a coincidir. Y mientras esta semana Vladimir Putin visita Pekín como lo hará en junio la titular de Exteriores británica, Yvette Cooper. Atar vínculos es una de las prioridades de la política exterior china.
China quiere liderar y marcar el nuevo orden mundial y establecerse como primera potencia hegemónica frente a EEUU. Una cumbre en la que Xi se ha impuesto a Trump.
Una cita en la que China sigue subiendo peldaños mientras Estados Unidos inicia un declive nada desapercibido. De hecho, China ha logrado en el último año un superávit comercial record de 1,2 billones de dólares, pero además el gigante asiático ha encontrado nuevos mercados y así va reduciendo su dependencia del mercado estadounidense. Las obsesiones de Trump están debilitando a Estados Unidos, mientras China sigue ocupando más espacio geopolítico mundial, pues ya no sólo es Taiwán, sino todo el mar de China Meridional y el Pacífico, donde la rivalidad entre China y Estados Unidos en Asia-Pacífico es el eje central de la seguridad, caracterizada por una profunda disputa hegemónica.
Pekín busca expandir su influencia en los mares del sur, mientras Washington y sus aliados intentan contenerla en un escenario marcado por el rearme regional, por lo que también es difícil que Washington se olvide del apoyo estratégico a Taiwán, pues la isla taiwanesa y el Pacífico son de vital interés estratégico, económico y político para China debido a su importancia para expandir la hegemonía militar, controlar la producción de semiconductores y limitar la influencia de Estados Unidos, ya que el control de Taiwán es considerado por Pekín como parte inalienable de su territorio y estratégico para el acceso directo al Pacífico.
La nueva era de la geopolítica mundial como escenario de polarización y multipolaridad, donde Asia, bajo el liderazgo de China, se consolida como el nuevo epicentro hegemónico frente a un Occidente debilitado. China expande su influencia comercial y tecnológica mediante estrategias propias, aprovechando el desorden internacional para reconfigurar el tablero geopolítico global. EEUU y China tienen entre sí el desafío no sólo de liderar orden mundial, sino si las dos primeras potencias serán capaces de entenderse en su propia rivalidad que conlleve a la preservación de la estabilidad mundial.
Taiwán es el asunto más importante en las relaciones entre las dos primeras potencias mundiales. China considera a la isla, democracia independiente de facto, una región rebelde a la que nunca ha renunciado a someter por la fuerza. Pero precisamente ante la pregunta a Trump: ¿Estados Unidos defendería a Taiwán si fuera necesario?, Trump contestó: No quiero decirlo, no lo voy a decir –zanjó el presidente-. Solo hay una persona que sabe eso, ¿sabes quién es? Yo. Esa pregunta me la hizo hoy el presidente Xi. Le dije: «Yo no hablo de eso». Pero lo que si es cierto que los taiwaneses comienzan a desconfiar cada vez más de Donald Trump e incluso casi un 60 por ciento de sus ciudadanos está convencidos de que posibles acuerdos entre Pekín y Washington perjudicarían más a los intereses de la isla.
Aunque también Xi Jinping puede confiar más en los republicanos de Trump que en los demócratas en el asunto de Taiwán como el tecnológico, pues el negocio de los chips taiwaneses son vitales y Taiwán lidera de forma absoluta la industria global de semiconductores, produciendo más de la mitad de los microchips del mundo y cerca del 90 por ciento de los chips de última generación. Y pese a las enormes contradicciones de Trump habría que ver si EEUU se quedara con los brazos cruzados viendo cómo Pekín aumenta su hegemonía en el Pacífico al incorporar la isla. En suma, Taiwán sigue siendo el rincón que bloquea a la «Gran China». Pero Trump, pese a crear una nueva atmósfera de confianza, desplegará 47 buques no tripulados en el Indo-Pacífico para no depender de sus grandes barcos.
No obstante, tras la cumbre de Pekín, el ministro de Asuntos Exteriores de Taiwán, Lin Chia-lung, señaló que muchos taiwaneses habían estado preocupados por la reunión del presidente estadounidense con Xi, y el canciller taiwanés indicó “quiero informar a todo el mundo que mi equipo diplomático hemos seguido vigilando la situación y hemos mantenido una buena comunicación con Estados Unidos, subrayó Lin. Trump advierte a Taiwán que no puede declarar su independencia y el gobierno taiwanés responde que es «un país soberano». Pekín quiere oírle a Washington que EEUU “está en contra de que la isla declare su independencia”. Pero Taiwán, una vez que Trump voló para Washington, ha asegurado que la política de EEUU hacia la isla no ha cambiado y le recordó sus compromisos, incluida la venta de armas, mientras Pekín pide acciones concretas a EEUU.
Al final del encuentro de Pekín no ha habido un cambio sustancial de EEUU sobre su posición respeto a Taiwán. China se plantea: apoya la independencia o se opone a la independencia, pero desde la firma del comunicado de Shanghái en 1972, tras el célebre encuentro entre Richard Nixon y Mao Zedong, en el que EEUU reconocía la existencia de una sola China pero mantenía relaciones diplomáticas con Pekín y oficiosas con Taipéi, incluyendo el suministro de armamento. Xi Jinping quiere pasar a la historia como el líder que logró la unificación con China al incorporar a la isla, pero si Taiwán bloquea a la “gran China”, también Estados Unidos es un obstáculo mientras no modifique su posición sobre Taiwán, un asunto difícil y nada baladí teniendo en cuenta el imparable ascenso de China.
China quiere incorporar a Taiwán a la República Popular China antes de 2049, fecha histórica del centenario de la fundación de la actual China. Y, mientras tanto, EEUU tiene pendiente la aprobación de un envío de armas a Taiwán por valor de 12.000 millones de euros, que Trump ha retrasado para evitar que su viaje perjudicara su visita a Pekín. No obstante, señaló no haber discutido con Xi este asunto. Pero ciertas contradicciones sobre la venta de armamento a Taiwán siembran las dudas. Washington no mantiene intercambios oficiales con el Gobierno de Taiwán, y pasar a hacerlo implicaría una ruptura importante con el orden establecido, además de traspasar una línea roja para China.
En suma, un viaje con escasos acuerdos comerciales, y eso que Trump llegó a Pekín respaldado por una treintena de empresarios, entre ellos magnates de la tecnología como Elon Musk de Tesla, Jensen Huang de Nvidia o Tim Cook de Apple. Pero «los lazos económicos entre China y Estados Unidos son mutuamente beneficiosos», se limitó a decir el Ministerio de Asuntos Exteriores chino. Lo más vital es que se consolide la estabilidad a la espera de nuevos encuentro entre los líderes de las dos primeras potencias mundiales. Y sin olvidar que el próximo 3 de noviembre hay elecciones a la Cámara de Representantes que podrían ganar los demócratas.
Los chinos están convencidos que el tiempo juega a su favor no sólo en el ámbito comercial y tecnológico, sino también geoestratégico. La desastrosa guerra de Irán ha servido para despejar dudas. China apuesta que será un periodo largo pero con el objetivo actual de que la inestabilidad de Trump no dañe a su economía y a las relaciones entre ambos países.







