Cumbre asiática para pulir diferencias y fomentar las relaciones trilaterales (y II)

China, con el visto bueno de Tokio y Seúl, ha pedido a EEUU a tomar las medidas oportunas para aplicar los acuerdos logrados con Corea del Norte en la cumbre de Singapur (junio de 2018), y pese a que los rumores desde el régimen de Kim Jong-un apuntan que en breve Pyongyang pudiera realizar alguna prueba nuclear, la realidad es que en esta cita trilateral “han reafirmado que la desnuclearización de la península coreana y la paz durable en Asia del Este son los objetivos comunes de los tres países”.

Después de importantes avances en 2018, las negociaciones sobre el programa nuclear de Corea del Norte se han estancado desde el fracaso de la cumbre de Hanói (febrero de 2019) entre Kim y Donald Trump, pero añadir más tensión a la zona no arregla nada, de ahí que las conjeturas de las últimas semanas sólo sirvan para entorpecer -si las hay- las buenas intenciones de ambas partes para que en 2020 se logren acuerdos más definitivos entre Corea del Norte y EEUU en aras de un leve levantamiento de sanciones con un programa de desmantelamiento nuclear norcoreano.

Por otra parte, la cumbre de Chengdú ha materializado el papel influyente de China sobre dos grandes aliados de EEUU como son Japón y Corea del Sur, pues todo parece indicar que Washington ha sido incapaz de sentar en una misma mesa a surcoreanos y japoneses para dilucidar su actual deterioro en sus relaciones, y ha sido Pekín en esta cita quien ha logrado que las “cosas” no se deterioran más para no perjudicar los intereses en Asia.

De esta forma, Japón y Corea del Sur son dos vecinos que histórica y culturalmente se necesitan, tienen importantes intercambios en todos los aspectos, y ahora lo que se ha tratado a través de la mediación de China es acercar posturas para resolver las disputas entre Seúl y Tokio, pero al menos un leve deshielo en las relaciones entre los dos países si se ha logrado, un aspecto que tenía que haber hecho la diplomacia estadounidense y que ha servido para que Pekín siga marcando su influencia en la región.

A lo largo de 2019 las “guerras comerciales” han sido el campo de batalla de los últimos meses con EEUU como principal protagonista en su lucha con China, pero hace unos meses estalló la de Japón y Corea del Sur, la cual se origina a causa de dos sentencias del Tribunal Supremo de Seúl que obligan a empresas niponas a indemnizar a los surcoreanos a los que sometieron a trabajos forzados durante la Segunda Guerra Mundial, en una situación tensa que económicamente no favorece a nadie.

En su momento, el Gobierno japonés decidió imponer restricciones en las exportaciones de materiales de alta tecnología a Corea del Sur y los medios nipones señalaron que la medida respondía a la sospecha de que las autoridades surcoreanas habrían enviado materiales de este tipo a Corea del Norte, lo que supondría un incumplimiento de las sanciones contra el régimen de Pyongyang, que Seúl siempre negó.

“Lo importante es que Tokio retire las restricciones comerciales impuestas desde el verano sobre Seúl”. “La necesidad de resolver disputas históricas a través del diálogo”, dijo el presidente Moon, mientras Abe se mostró de acuerdo en que los “dos países son vecinos importantes entre sí y que la cooperación de seguridad trilateral con EEUU es especialmente crucial”, para añadir que desea mejorar la relación de Japón con Corea del Sur.

La relación entre Tokio y Seúl está en su nivel más bajo en décadas debido a ese fallo de la Justicia surcoreana que ordena a empresas japonesas compensar a los surcoreanos que sufrieron trabajos forzados durante la ocupación japonesa (1910-1945), pero Tokio siempre consideró que el asunto quedó zanjado con un tratado bilateral firmado en 1965 por el cual indemnizó a Corea del Sur por los daños sufridos, si bien las víctimas no fueron compensadas de ninguna manera.

La cita de Chengdú supuso el primer encuentro bilateral en 15 meses entre el presiente surcoreano, Moon Jae-in, y el primer ministro nipón, Shinzo Abe, que sirvió para desbloquear en parte el estancamiento de las relaciones entre los dos países cuando Tokio decidió sacar a Corea del Sur de una lista de socios comerciales considerados “privilegiados”, una medida que fue percibida como una sanción por Seúl, que respondió enseguida con una exclusión similar de Japón, lo que afectó todavía más las relaciones

Pekín se ha apuntado un gran éxito diplomático, ha ganado peso y sobre todo ha dejado claro que su diplomacia trata de distanciar a EEUU de la zona y que sus vecinos se acerquen más a China, mientras ahora Donald Trump anda ocupado con su  “impeachment”, mientras trata de suavizar la “guerra comercial con el “gigante asiático”.

En suma, los tres países pueden tener sus diferencias políticas, pero realmente el aspecto económico es clave en las buenas relaciones entre estas naciones, donde solo los PIB de China, Corea del Sur y Japón totalizan más de 15 billones de dólares, es decir, un 20 por ciento del comercio mundial registrado y un 70 por ciento del de Asia y con una cada vez más dependencia económica uno del otro.

Los tres vecinos del noroeste de Asia se han reunido en Chengdú para litigar diferencias, fomentar las relaciones y estrechar lazos económicos y de cooperación, aspectos que pueden aún consolidarse más con la visita que hará el presidente Xi Jinping en el primer semestre de 2020 a Corea del Sur y a Japón.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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