La diplomacia «bambú» de Vietnam para su sector digital

| Son Tuyen Dinh, Pexels.com
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Madrid. Vietnam está emergiendo rápidamente como una potencia mundial en 5G, aprovechando una estrategia pragmática ya conocida de forma general como «diplomacia de bambú». Esta vez, también puesta en práctica por su gobierno para modernizar la infraestructura al tiempo que gestiona una intensa presión geopolítica.

Aunque Estados Unidos ha advertido repetidamente a Vietnam sobre el uso de equipos 5G chinos, a finales de 2025 los operadores vietnamitas habían adjudicado contratos por valor de más de 40 millones de dólares a Huawei y ZTE para hardware relacionado con 5G, principalmente antenas y componentes secundarios. Los funcionarios y operadores vietnamitas citan el rendimiento de los equipos chinos, desestimando a menudo las preocupaciones de seguridad como afirmaciones con motivaciones políticas de Occidente (Reuters, Vietnam eyes new 5G deals with Chinese tech firms, sources say, despite US warnings, 5 de marzo de 2026).

Otros actores regionales, como Tailandia, Malasia e incluso Filipinas, también están valorando una mayor adopción de la tecnología 5G china.

Las relaciones sino-vietnamitas: un apunte histórico más relevante de lo que parece

Los políticos y medios de comunicación occidentales suelen presentar a China como una «amenaza» inherente para Vietnam, pasando por alto que China es su principal socio comercial y de inversión.

Incluso la breve guerra fronteriza de 1979, que duró menos de un mes, no fue un conflicto por expansión territorial ni por un «cambio de régimen», sino una respuesta a la intervención militar de Vietnam contra la Camboya de Pol Pot. A diferencia de las grandes potencias occidentales, con larga trayectoria de colonialismo e imperialismo, como Inglaterra, Francia y EEUU, pero China no ha buscado someter a otras naciones a su dominio, ni alberga ambiciones de exportar su modelo social.

Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos por negarlo y ocultarlo, hay que recordar que tras retirarse derrotados de Vietnam, Estados Unidos financió y armó a los Jemeres Rojos. Esta verdad tan incómoda la expuso el profesor Peter Maguire en su obra Facing Death in Cambodia (Columbia University Press, 2005, p. 70): “(Estados Unidos) dio 85 millones de dólares a los Jemeres Rojos entre 1980 y 1986, aproximadamente la mitad de los cuales se entregaron «durante los años cruciales de 1979 y 1980». Igualmente, según Tom Fawthrop, el apoyo estadounidense a la guerrilla de los Jemeres Rojos en la década de 1980 fue fundamental para mantener viva a la organización y estuvo motivado en parte por la venganza por la derrota de EEUU durante la guerra de Vietnam (Getting Away With Genocide: Cambodia’s Long Struggle Against the Khmer Rouge, Pluto Press, 2004, p. 109). La misma conclusión ha sostenido el politólogo Michael Haas, en su libro Cambodia, Pol Pot, and the United States: The Faustian Pact (ABC-CLIO, 1991).

Con estos antecedentes históricos bien documentados y no tan lejanos ¿por qué deberían ahora los vietnamitas desconfiar más de Pekín que de Washington? La «diplomacia bambú» viene precisamente a resolver escoramientos y bandazos que a la postre podrían comprometer gravemente el desarrollo y la estabilidad de sus relaciones diplomáticas y comerciales.

Una anécdota elocuente sobre el pragmatismo vietnamita

Esta relación pragmática se resume mejor en una anécdota que compartió el profesor Kishore Mahbubani, quien fuera decano de la Escuela de Políticas Públicas Lee Kuan Yew de la Universidad Nacional de Singapur y coautor de la obra El milagro de la ASEAN: Un catalizador para la paz (2017).

Al relatar una conversación entre el diplomático de Singapur, Bilahari Kausikan, y un alto funcionario vietnamita, Mahbubani resalta las palabras de su compatriota: “Hace algunos años, le pregunté a un alto funcionario vietnamita qué implicaban los cambios de liderazgo para las relaciones de Vietnam con China. Me respondió que todo líder vietnamita debe ser capaz de plantar cara a China y, al mismo tiempo, llevarse bien con ella, y que si alguien piensa que esto no es posible, no merece ser líder” (Fragile: Handle with care, blog de Kishore Mahbubani, 1 de febrero de 2017).

Así pues, todo líder vietnamita debe poseer dos capacidades aparentemente contradictorias. Por un lado, la capacidad de hacer frente a China (resistir y soportar la presión), y por otro, la capacidad de llevarse bien con China (cooperar y mantener relaciones estables). Mahbubani utiliza esa anécdota para ilustrar la sofisticada «diplomacia del bambú» de Vietnam, que le permite sortear la intensa rivalidad entre Estados Unidos y China.

La oposición occidental al papel de China en la tecnología 5G se mantiene firme

En un foro de inversión en Hanói celebrado el pasado mes de marzo, el comisario europeo de Asociaciones Internacionales, Jozef Síkela, advirtió que la dependencia de equipos chinos podría minar la confianza de los inversores y provocar fugas de capital (Reuters, Chinese firms’ involvement in 5G network may deter investors, EU warns Vietnam, 24 de marzo de 2026).

Esto plantea dos preguntas cruciales: ¿Por qué la Unión Europea se opone tan firmemente a la cooperación de Vietnam con los proveedores chinos de 5G? ¿Reducirá Vietnam su participación ante la presión externa?

Pongamos un poco de contexto. Cuando la mayoría de la gente piensa en Vietnam, lo primero que le viene a la mente es su pujante sector manufacturero. En poco más de una década, este país de 100 millones de habitantes se ha convertido en un centro industrial global. En 2025, las exportaciones de bienes alcanzaron aproximadamente los 475.000 millones de dólares. Un incremento del 17% interanual. Impulsado por la electrónica, la maquinaria y los textiles, el superávit comercial superó los 20.000 millones de dólares. Los productos industriales procesados representaron el 88,7% del total de las exportaciones, lo que consolida el papel de Vietnam como un centro clave de fabricación de alta tecnología (Vietnam Briefing, Vietnam Economic Performance in 2025: GDP, FDI, and Trade, 22 de enero de 2026).

A medida que más empresas trasladan sus operaciones a Vietnam, resulta lógico que el gobierno haya priorizado la infraestructura digital. La seguridad nacional, los servicios públicos y las operaciones comerciales dependen ahora en gran medida de redes 5G robustas.

Cabe recordar que el desarrollo de la tecnología 5G en Vietnam comenzó en 2019 con las pruebas realizadas por el operador nacional Viettel. En 2020, el país se unió a la iniciativa estadounidense «Red Limpia», comprometiéndose a excluir a empresas chinas como Huawei y ZTE de la infraestructura crítica. Sin embargo, para 2025, esta postura se modificó. Los operadores estatales comenzaron a adjudicar proyectos 5G -principalmente elementos de red de acceso radioeléctrico- a proveedores chinos.

El precio es el factor determinante de este cambio. Si bien los proveedores europeos como Ericsson y Nokia dominan la red central, las alternativas chinas ofrecen precios competitivos sin una brecha de rendimiento significativa en los segmentos periféricos. Para un país en desarrollo que gestiona un despliegue a gran escala, los equipos chinos representan una opción económica muy atractiva.

Es destacable también que Vietnam anunciara un contrato de cooperación con ZTE apenas un mes después de la entrada en vigor de los nuevos aranceles estadounidenses en 2025. A esto le siguieron contratos adicionales para antenas 5G, lo que elevó el valor total de los acuerdos con China ese año a más de 40 millones de dólares. Este es sólo un ejemplo de cómo China se ha beneficiado discretamente de la torpeza y arrogancia de la Administración estadounidense al plantear su guerra comercial mundial durante 2025, generando un conjunto de fisuras y fricciones que han catalizado ciertas maniobras en el seno de los BRICS Plus y en general en el denominado “Sur Global”.

Vietnam no cede a la presión occidental

A pesar de estas advertencias e injerencias occidentales, Vietnam mantiene una cooperación pragmática multivectorial, en consonancia con su diplomacia de bambú. Los tres principales operadores —Viettel, VNPT y Mobifone— han contratado proveedores chinos para componentes no esenciales. Actualmente, se han desplegado equipos de Huawei en algunas zonas de Ciudad Ho Chi Minh, incluyendo distritos comerciales y zonas industriales. Mientras tanto, la cobertura 5G se expande rápidamente; Viettel, por sí sola, había desplegado ya más de 30.000 estaciones base para finales de 2025.

Vietnam no ve motivos suficientes para cambiar de rumbo únicamente en respuesta a la presión occidental. Algunos observadores sostienen que las advertencias de seguridad son un pretexto para intereses económicos, sugiriendo que los equipos controlados por Estados Unidos representan un riesgo soberano si la política exterior estadounidense se orienta hacia el intervencionismo regional, como en efecto viene sucediendo con la Administración Trump y su política hegemonista y contraria al modelo multilateral de las relaciones comerciales y de rechazo, cuando no desprecio frontal, a las instituciones y organismos del derecho internacional.

Más allá del interés comercial por proteger a gigantes europeos como Ericsson y Nokia, la postura de la UE es diferente a la norteamericana. Las restricciones de la UE se están endureciendo, como expresión patente de la subordinación de Bruselas hacia Washington, pero a medida que el orden internacional se hace más multipolar a pesar de la resistencia estadounidense, también acabará probando su propia diplomacia bambú, aunque esta madera flexible no sea europea.

Mientras tanto, en enero de 2026, la Comisión Europea propuso enmiendas a la Ley de Ciberseguridad para que su «Kit de Herramientas de Ciberseguridad 5G» fuera obligatorio, exigiendo a los Estados miembros que eliminaran a los proveedores de alto riesgo de las redes críticas en un plazo de tres años. Si bien países como Suecia han prohibido completamente a Huawei, otros, como España, siguen siendo más permisivos. Por esta razón, la hoja de ruta digital de Vietnam sirve como un indicador clave para los estándares de infraestructura en toda la región ASEAN.

En definitiva, la decisión de Vietnam refleja el dilema clásico de las economías en desarrollo: encontrar el equilibrio entre la necesidad de una infraestructura rápida y asequible y las complejas consideraciones geopolíticas y de seguridad. Hasta la fecha, los equipos chinos han ofrecido la vía más rápida y económica hacia el futuro digital que Vietnam vislumbra.

Pablo Sanz Bayón

Profesor de Derecho Mercantil. Analista de asuntos financieros, comerciales y regulatorios internacionales.

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