La India, con escasos medios, triunfa en el control contra el coronavirus (I)

Madrid. India reportó su primer caso de coronavirus (COVID-19) el 30 de enero de 2020. Desde entonces, se ha registrado un crecimiento exponencial del número de infectados en el país. Hoy la población india se encuentra completamente confinada en sus casas, una fuerte restricción en una nación de 1.300 millones de personas que el primer ministro del país, Narendra Modi, y su gobierno han insistido en que ayudará a derrotar el virus.

Los casos se distribuyen de forma desigual por el país, siendo los estados de Maharashtra y Kerala los que registraron las cifras más altas. No obstante, la India, que alberga al 17,5 por ciento de la población mundial, tiene menos del 1 por ciento de los casos de COVID-19 del mundo. Y donde actualmente el balance más reciente son casi 18.000 los casos de coronavirus y cerca de 600 muertes.

El éxito del país a la hora de controlar el brote del virus se debe a sus medidas de control fronterizo. El cierre temprano de las fronteras para los pasajeros aéreos de los países afectados y la prohibición de los visitantes de determinados países contribuyó a controlar la propagación de la pandemia. La iniciativa del gobierno y los medios de comunicación de difundir la concienciación sobre el virus, incluidas las prácticas de higiene, también ha facilitado a estas bajas cifras. En definitiva, las medidas preventivas han resultado ser la clave a la hora de evitar la propagación de la epidemia.

Ahora bien, la mayoría de las pruebas a posible infectados se han hecho en aeropuertos y sólo se realizan en centros gubernamentales para los casos sintomáticos y los que tienen un historial de viajes al extranjero. Dada la gran migración interna, la alta densidad de población y en el hecho de que una gran proporción de la atención sanitaria es proporcionada por el sector privado, las cifras oficiales mostradas hasta la fecha son bastante cuestionables.

Una de las medidas más controvertidas aplicadas hasta el momento por el gobierno ha sido el confinamiento forzado de toda la población del país. La razón de la controversia es que esta medida hace recaer en los ciudadanos la responsabilidad de contener el brote, en lugar de instituir un sólido sistema de apoyo oficial; castigando innecesariamente a los más vulnerables de la sociedad y obviando las carencias en materia sanitaria y seguridad pública del país. Las restricciones en sí mismas son onerosas: los indios no deberán salir de sus casas, se ordenó el cierre de todos los negocios y no se permite el funcionamiento de ningún tipo de transporte.

Sin embargo, el anuncio del confinamiento fue notable no sólo por su alcance, sino por lo oportuno que fue. Modi dijo que las restricciones entrarían en vigor a partir del 24 de marzo y estarían vigentes durante tres semanas. Pero cuando promulgó esta iniciativa, las tiendas habían cerrado ya, pillando desprevenidos a los que se les había dicho repetidamente que no compraran con pánico. A la mañana siguiente, no había nada abierto. En otros lugares, como en Gran Bretaña, Francia e Italia, las tiendas de comestibles y las farmacias han permanecido abiertas para proporcionar servicios esenciales, pero en India están cerradas.

Por otra parte, el gobierno está ofreciendo poco. Sólo después de la entrada en vigor del confinamiento, y en medio de una creciente indignación, el ministro de  Finanzas finalmente anunció un paquete de ayuda. Sin embargo, su valor de 22.000 millones de dólares es una cantidad lamentable en comparación con lo que los gobiernos de otros lugares han proporcionado: Mientras que los gobiernos de Gran Bretaña, España y Alemania han ofrecido planes de estímulo de hasta el 20 por ciento del PIB, el de la India asciende a menos del 1 por ciento de su PIB.

Al mismo tiempo, la insensibilidad de las autoridades ha quedado en evidencia: En un desgarrador vídeo que se hizo viral, la policía del estado de Uttar Pradesh obliga a los jóvenes a realizar saltos de rana como castigo por violar el toque de queda. Otro video muestra a la policía esperando fuera de una mezquita en el estado de Karnataka, golpeando a los fieles con un palo mientras salen del edificio. Casos similares de brutalidad policial han sido reportados en todo el país.

Todo esto sin mencionar el desastre sanitario que bien puede desolar el país: La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió el 27 de febrero de una próxima interrupción en las cadenas de suministro mundiales, aconsejando a los países que crearan sus propias reservas de equipo de protección personal que los trabajadores médicos necesitarían. Sin embargo, el gobierno indio esperó hasta el 19 de marzo para emitir finalmente una orden que prohibiera la exportación de equipos de protección personal de fabricación nacional, y otros cinco días para prohibir la exportación de aparatos respiratorios.

Hay más retrasos de este tipo: En la última semana de marzo el gobierno finalmente permitió que el Ministerio de Salud pidiera a los trabajadores sanitarios que tratan a los pacientes que sufren de COVID-19, que se sometan a pruebas; también ha comenzado recientemente a realizar pruebas a los que no tienen un historial de viajes, algo que debería haberse hecho hace tiempo; y acaba de emitir avisos a los hospitales privados para que presenten recuentos del número de camas de cuidados intensivos y ventiladores disponibles y cancelen las cirugías no esenciales.

Por desgracia, hay buenas razones para creer que todo esto no será suficiente. Por un lado, la India todavía no está haciendo suficientes pruebas, habiendo realizado el menor número de pruebas de cualquier país con casos confirmados de coronavirus, a sólo 10,5 por millón de residentes (Corea del Sur, en cambio, ha realizado más de 6.000 pruebas por millón de residentes) y, por otro, las autoridades tampoco están rastreando meticulosamente los contactos, la gente está huyendo de los centros de aislamiento, y medidas como la autocuarentena y el distanciamiento social son poco prácticas en un país donde gran parte de la población vive en densos núcleos urbanos superpoblados.

El confinamiento puede ayudar a comprarles a las autoridades algo de tiempo, pero eso significa poco si no se aprovechan de ello haciendo pruebas agresivas, aislando los casos confirmados y realizando el seguimiento de los contactos. En ausencia de estas medidas, el confinamiento sólo creará bolsas concentradas de brotes que luego se expandirán rápidamente una vez que las restricciones se levanten.

Manuel Francisco Herrera

Manuel Francisco Herrera

Analista sobre Estudios de Seguridad y Defensa, que ha vivido en India realizando investigaciones sobre su programa nuclear y sus implicaciones en el conflicto indo-paquistaní

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