La crisis de Afganistán preocupa a EEUU y, en especial, a China y Rusia

Afganos corren alrededor de un avión de EEUU en el aeropuerto de Kabul. | TOLO

Madrid. Es un error considerar una sorpresa la rápida conquista de Kabul sin resistencia alguna. La ofensiva talibán ya se venía cocinando desde 2019 al ver los vaivenes de la política de EEUU en Afganistán y cómo los fondos para mantener al Gobierno afgano se fueron apagando, lo que acabó con el grave error del presidente estadounidense, Joe Biden, de abandonar el país dando vía libre a la posible instauración de un emirato presidido por los talibanes que ampare al terrorismo islámico y siembre un “miedo brutal” a sus 38 millones de ciudadanos y, en especial, a las mujeres afganas, que volverán a ser sometidas a métodos medievales.

Nadie gana. Sólo los talibanes sacan rédito con el objetivo de imponer en el país un sistema feudal en pleno siglo XXI. Los islamistas ya controlan Afganistán. El rechazo a imponer un sistema político contrario al espíritu moderno de gestión será unánime en la comunidad internacional, lo que no preocupa a los talibanes viendo los sonoros fracasos en su día de la antigua Unión Soviética y ahora de Estados Unidos.

El nuevo poder talibán quiere ganar su credibilidad internacional prometiendo que no habrá represalias ni persecuciones, una realidad difícil de ver y más cuando los talibanes celebrarán, ya con el control de todo Afganistán, el 20 aniversario del atentado contra las torres gemelas en Nueva York (11 de septiembre de 2001). De hecho, cuando en 1996 tomaron por primera vez Kabul, impusieron un régimen integrista islámico que se extendió al 90 por ciento del territorio hasta que fueron expulsados del poder en 2001 por fuerzas opositoras afganas ayudadas por EEUU.

Por ahora, Rusia y China ya han mostrado sus credenciales con unas maniobras militares conjuntas en plena ofensiva de los talibanes sobre Afganistán. Rusia ya fracasó cuando ocupó el país en 1980 y se tuvo que retirar, al igual que ahora ha ocurrido con el fracaso de EEUU, y China está “preocupada” por un posible resurgimiento del extremismo uigur en Xinjiang, región musulmana china fronteriza con Afganistán. Eso sí, Pekín puede convertirse en el mayor garante económico de los talibanes para evitar que el extremismo islámico penetre a través de los talibanes en el territorio de la minoría de los uigures.

Rusia y EEUU ya han sido muy afectadas por sus políticas en Afganistán. De momento, China queda impoluta, pero habrá que ver qué ocurre a partir de ahora pues en Xinjiang viven unos 22 millones de personas, de las que aproximadamente el 46 por ciento son uigures de religión musulmana, el 39 por ciento son han (mayoritarios en China) y el resto pertenece a otras etnias, predominantemente musulmanas, como los kazajos, los kirguises o los hui.

Los uigures pueblan las zonas rurales, mientras que los han se concentran en las ciudades, donde controlan el comercio, según datos oficiales. A través de la inversión, China quiere convertir Xinjiang en un centro de producción de petróleo, gas y carbón, de ahí la vital urgencia de una estabilidad en esa zona, la cual Pekín siempre relaciona con la insurgencia islamista a los uigures, que claman contra la discriminación que sufre esta etnia musulmana de lengua turca con prohibiciones como el no tener acceso a transporte público.

 

El caos en el país es total. Hay muertos en su afán por salir de Afganistán. El aeropuerto internacional de Kabul ha suspendido todos los vuelos comerciales ante la situación de las últimas horas que recuerdan viejos tiempos cuando los estadounidenses y otros miles de ciudadanos trataban de escapar de Vietnam cuando ya las tropas de Ho Chi Minh habían conquistado todo el país. Pero las fuerzas estadounidenses han lanzado disparos al aire en el aeropuerto afgano ante la avalancha de civiles que intentan huir por la llegada de los talibanes.

Estamos en los inicios de lo que aún puede pasar en Afganistán. Precisamente el primer ministro británico, Boris Johnson, cuyo país también ha sufrido la ofensiva talibán, ha insistido en la importancia de impedir que Afganistán se convierta en “un caldo de cultivo” para terroristas y ha señalado que trabaja con el Consejo de Seguridad de la ONU y la OTAN para evitar que “nadie reconozca a los talibanes de manera bilateral”. Unas 600 fuerzas del Reino Unido tratan de mantener operativo el aeropuerto de Kabul para sacar a más personas en los próximos días

La única esperanza es el nuevo mensaje de los talibán pidiendo tranquilidad a la ciudadanía tras la toma de la ciudad de Kabul, prometiendo que trabajarán en favor de la “serenidad” y de mejorar la vida de la ciudadanía. “Daremos servicio a nuestra nación”, dice el número dos de este movimiento, el mulá Abdul Ghani Baradar, en un mensaje grabado en vídeo y en el que aparece junto a otros milicianos. 

“El Emirato Islámico (como se autodenominan los talibanes) ha ordenado a sus muyahidines y una vez más reitera que nadie puede entrar en la casa de nadie sin permiso. La vida, la propiedad y el honor de nadie serán dañados, estos deben ser protegidos por los muyahidines”, dijo en Twitter el portavoz talibán Suhail Saheen.

Todo acaba de empezar y EEUU ha quedado muy señalado con un primer fracaso de Joe Biden en su política internacional retirando las tropas de Afganistán. Ahora, Rusia, Estados Unidos, China y Pakistán, un grupo conocido como la “troika ampliada” para el arreglo en Afganistán, abogan ya por acelerar “sin demora” el diálogo de paz en el país centroasiático.

Los talibanes declaran la victoria y el fin de la guerra en Afganistán. El mulá Baradar Akhund, responsable de los talibanes en Qatar, ha anunciado el desenlace de las hostilidades, un logro inesperado por su rapidez y que se completó este domingo con la huida del presidente afgano, Ashraf Ghani, y la toma de Kabul.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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