Hong Kong y Birmania, referencias de una democracia debilitada y acosada

Manifestación en Birmania en contra del golpe de Estado militar. | MgHla (aka) Htin Linn Aye

Madrid. Tras la decisión de China de permitir que sólo los “patriotas” pueden presentarse a las elecciones en Hong Kong y el reciente golpe de Estado militar en Birmania, donde al menos ya unas 60 personas han muerto en las protestas desde el 1 de febrero, han demostrado lo frágil que resulta operar con mecanismos democráticos que evidentemente no interesan al poder establecido y bloquean al mismo tiempo que la semilla de la libertad crezca y se conserve con estabilidad.

Es obvio que con esta decisión de Pekín la ya existente influencia del gigante asiático en la política local de la antigua colonia británica se incrementará, lo que podría desembocar en nuevas medidas para reforzar el control del territorio hongkonés, después de haber impuesto, la Asamblea Nacional Popular (ANP, en manos del Partido Comunista Chino), en mayo de 2020, una ley sobre seguridad nacional que contribuyó a amordazar a numerosas figuras de la oposición hongkonesa.

Hong Kong no ha gozado nunca de una democracia plena, ni bajo el gobierno británico ni desde que fuera recuperado por China, en 1997, pero desde que la soberanía de la isla fue transferida al gigante asiático, Hong Kong goza de cierto grado de autonomía y diferentes garantías a las que no tienen los habitantes de China continental, y tras las grandes manifestaciones a lo largo de los últimos meses, a menudo violentas, y la victoria aplastante de los candidatos de la oposición en las elecciones de distrito, Pekín respondió con firmeza.

La China moderna, la del siglo XXI, la que será primera potencia económica mundial contempla que en Hong Kong sus pilares políticos no casan con el equilibrio que quiere colocar definitivamente en todo el país, pues las manifestaciones en la antigua colonia británica en protesta por esa “ley de extradición” han originado que la mayoría de sus habitantes ve peligrar lo que mundialmente se conoce como “un país, dos sistemas” ante una ley que permite la entrega de sus ciudadanos al Gobierno de Pekín.

China no quiere nuevos ensayos políticos en torno al factor democrático. Los manifestantes, una amplia mayoría de sus 7.400.000 habitantes, están profundamente preocupados de ver cómo se desarrollarán los acontecimientos de cara a 2047, hasta cuando se debe aplicar el principio “un país, dos sistemas”, que les garantiza libertades inexistentes en China, tras el acuerdo firmado con el Reino Unido en 1984. Demasiado tiempo para que la ciudadanía hongkonesa pueda seguir saboreando el espíritu democrático pactado con el Reino Unido y que no se transmita o influya a otros rincones del gigante asiático. 

De esta forma, las reuniones de la Asamblea Nacional Popular (ANP, Legislativo) en la presente semana darán a conocer nuevos controles políticos sobre Hong Kong, un congreso que no sólo consolidará al presidente Xi Jinping sino que sólo los “patriotas”, los leales al partido comunista, puedan gobernar Hong Kong.

Por otra parte, Rusia y China no condenaron el pasado 1 de febrero el golpe de Estado en Birmania, una democracia vigilada por los militares que acaban de hacerse con el poder, liderada por Ang San Suu Kyi (Premio Nobel de la Paz 1991), cuya imagen política quedó totalmente deteriorada en la comunidad internacional por alinearse con el Ejército y por permitir la persecución y limpieza étnica de los casi 740.000 rohinyás (huidos a Bangladesh) que defendía antes de convertirse en presidenta de la actual Myanmar.

Una democracia consolidada en el sudeste asiático incomoda a regímenes cuyos intereses económicos, políticos, estratégicos, entre otros, podían verse mermados.

China, que comparte una frontera de más de 2.000 kilómetros con la actual Myanmar, se ha convertido en uno de los mayores inversores del país. Una vez más, Asia y en este caso un país del sudeste asiático como Birmania han vuelto a enconar a las dos primeras potencias mundiales. Viejas tensiones e intereses geopolíticos y económicos. Estados Unidos ha condenado de inmediato el golpe de los militares, que nunca tuvieron un control civil, en contra del veto de rusos y chinos en el Consejo de Seguridad de la ONU.

En definitiva, después de una década de un débil paréntesis democrático, vuelven los militares a Birmania, mientras la situación en el país cada vez se hace más insostenible, sobre todo cuando los propios militares pensaban que todo iba a ser un camino de rosas sin protestas de ninguna clase, y, claro, los propios militares no estaban tranquilos por sus ingentes intereses económicos que podían democráticamente ser erosionados.

Corea del Sur y Japón forman con Taiwán las tres democracias más sólidas de Asia. Las tres se encuentran en la lista de las 25 primeras del mundo. Sin embargo, el asunto taiwanés, cuyo gobierno es elegido de forma independiente y democrática, choca con los intereses de Pekín, que reclama la soberanía sobre la isla. Unas tensiones que han ido en aumento con la situación política en Hong Kong y las numerosas incursiones chinas en el espacio aéreo de Taiwán, cuya independencia rechaza constantemente el gigante asiático.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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