Fukushima, la isla de la buena fortuna que sigue marcando la tragedia de la sociedad nipona

Expertos del Organismo Internacional de Energía Atómica en la central de Fukushima Daiichi, en 2013. | Greg Webb / IAEA

Madrid. Fukushima, una de las 47 prefecturas de Japón, sigue marcando a gran parte de la sociedad nipona, una sociedad que quedó traumatizada con la mayor catástrofe nuclear del presente siglo y la segunda más grave tras el escape radiactivo del Chernóbil (Ucrania, 1986), un desastre que ya forma parte indisoluble de la historia japonesa y que sigue estigmatizando a la tercera economía mundial por sus devastadoras secuelas económicas y sociales que ha tenido que afrontar el país.

Esta semana se cumple el décimo aniversario (11 de marzo de 2011) del terremoto y el tsunami del noreste de Japón que produjeron más de 18.000 muertos (otras cifran indican cerca de 20.000) y unas 160.000 personas se vieron obligadas a evacuar la zona donde se produjo el accidente nuclear de Fukushima, cuyos altos niveles de radiación impidieron que muchos antiguos residentes de las áreas afectadas por la tragedia regresen a casa, a pesar de que el Gobierno nipón destaca habitualmente una “recuperación” de la costa.

La tragedia nuclear a día de hoy mantiene a unos 36.000 desplazados, que siguen desarraigados de su tierra por la radiactividad, o por la propia incertidumbre que se originó en su momento y para muchos japoneses de las prefecturas (jurisdicciones territoriales) de Fukushima, Miyagi o Iwate en años.

En estas prefecturas el tiempo parece detenido desde hace una década a causa del accidente nuclear con sus calles casi desiertas que simbolizan la tragedia, cuyas huellas siguen ahí con la contaminación radiactiva. El Gobierno ha invertido cantidades multimillonarias para recuperar una normalidad que todavía parece muy lejana. 

Desde que un terremoto de 8,9 grados de magnitud en la escala de Ritcher cerca de la costa noroeste de Japón y un posterior tsunami afectaran gravemente a la central nuclear de Fukushima Daiichi (región de Tohoku), la incertidumbre sobre la seguridad de las centrales nucleares y los daños causados al medio ambiente y a la salud humana el debate sobre el uso de esta forma de producción de energía sigue abierto.

Japón tiene un gran potencial para el uso de renovables para su abastecimiento energético, pero diez años después del accidente atómico el país sigue abogando por depender de las nucleares para hacer frente a la descarbonización y a los retos que plantean su topografía y su propensión a los desastres naturales. 

El dilema energético sigue manteniendo la dependencia de las nucleares. De hecho, tras varios años de “apagón nuclear” en los que algún reactor fue reactivado puntualmente, Japón reanudó por completo en 2015 su primer reactor tras la crisis de Fukushima. Desde entonces, nueve han vuelto a operar, siete han obtenido permiso y once están bajo inspección, condicionados a los estándares más estrictos que se aplican desde el accidente.

Así, la elección de Fukushima como punto de partida para el relevo de la antorcha olímpica de los aplazados Juegos Olímpicos de Tokio 2020 volvió a poner el foco sobre los altos niveles de radiación que aún se dan en la región, lo que refleja el aumento de desórdenes mentales a consecuencia del accidente en enfermedades asociadas a estrés post-traumático, ansiedad crónica o depresión. Además, el accidente resaltó la tasa de cáncer como equivalente a la del resto del país. También la radiación supuso un decrecimiento desde 2011 en la biota intermareal.

El accidente nuclear de Fukushima marca un antes y un después en la sociedad nipona, pero nadie quiere que dentro de diez años más, en el veinte aniversario, el desastre nuclear quede en el olvido, un dolor que no puede permanecer aislado, enterrado u olvidado porque las personas sobrevivientes perdieron prácticamente todo, es decir, familias, casas o comunidades enteras, una tragedia que se mantendrá viva ante la sensibilización de un desastre que ya vive inseparable del país. 

Y pese a que el Gobierno nipón ya ha levantado las órdenes de evacuación en muchas de las áreas afectadas, incluidas las partes centrales de Namie, cerca de la planta nuclear, una gran mayoría de sus residentes no ha retornado por las pocas oportunidades de trabajo y las preocupaciones sobre la contaminación radiactiva. Eso sí, el Ejecutivo reitera que el lugar está ya limpio de toda radiación, aunque los residentes no están tan convencidos.

En definitiva, el accidente nuclear, el tsunami, además de los muertos y de destrucción, inundó el sistema de enfriamiento de la central nuclear de Fukushima Daiichi, provocando el colapso de tres reactores. Cuatro reactores, incluido uno que no estaba operativo en el momento de la catástrofe, resultaron dañados, y las explosiones destrozaron los reactores 1 y 3.

Sin embargo, el desmantelamiento de Fukushima se hace con parsimonia, un proceso que llevará décadas y que tiene uno de los desafíos más vitales en qué hacer con la cantidad creciente de agua contaminada almacenada, que pese a que es filtrada, sigue conteniendo tritio. Ante la falta de espacio para su almacenamiento, las autoridades recomiendan verterla al mar (océano Pacífico) pero es una opción muy polémica y que ya ha supuesto el rechazo de las asociaciones de pescadores de Fukushima, así como por países vecinos como China y Corea del Sur, que temen la contaminación de sus caladeros. 

La mejor imagen real del actual Japón, pese a la dureza de la COVID-19 que vive el mundo, será si por fin los Juegos Olímpicos arrancan con normalidad el próximo 23 de julio, pero antes, el 25 de marzo, la prefectura de Fukushima ha sido elegida para acoger el arranque del relevo de la antorcha olímpica en tierra japonesa, un relevo que transcurrirá por localidades como Futaba, Tomioka y Namie, cercanas a la planta de Fukushima Daiichi que fueron evacuadas por completo tras el accidente nuclear y que con la antorcha olímpica se quiere mostrar su reconstrucción, donde todavía la población, tras una década, no ha regresado.

No obstante, el Gobierno japonés ha aprobado un nuevo plan de reconstrucción del noreste del país, la zona castigada por el tsunami y el accidente nuclear de 2011, que se prolongará hasta 2031 y contará unos 12.600 millones de euros.

Los Juegos Olímpicos de 2020 tendrán lugar del 23 de julio al 8 de agosto de 2021 en Tokio. Los organizadores tienen prácticamente decidido que el evento no contará con espectadores en las gradas venidos del extranjero. Y ojalá, dado el carácter local de estos Juegos, todos los que sufrieron la amputación psíquica, social y económica se vean resarcidos por el deporte, en especial los niños que están marcados eternamente por esta tragedia.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *