China y Taiwán incrementan sus tensiones mientras EEUU sigue de cerca un posible conflicto

Garoth Ursuul.

Madrid. Desde que en 2013 Xi Jinping ocupa la Presidencia de China, el “gigante asiático” ha aumentado su presión sobre la República de China (Taiwán), que la sigue viendo como una provincia separatista que amenaza con convertirse en un enfrentamiento violento con enormes implicaciones internacionales, una escalada verbal y militar por las maniobras que realiza en la zona y que ha supuesto una tensión política de alto voltaje que implica directamente a EEUU, en medio de sus comicios presidenciales del 3 de noviembre.

La reciente visita, el 18 de septiembre pasado, del subsecretario de Estado estadounidense, Keith Krach, a Taipéi, donde se entrevistó con la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, ha elevado el tono desafiante de Pekín, que respondió a esa visita con maniobras militares en la zona que no quedaron exentas de interpretaciones y advertencias a las autoridades de Taiwán.

La visita de Keith Krach ha certificado que Estados Unidos es el socio más importante de Taiwán en material comercial y económica y, al mismo tiempo, ha quedado claro que Washington no piensa abandonar a la antigua isla de Formosa en un hipotético ataque chino que supondría un conflicto de graves consecuencias y que todas las partes tratan de evitar, pero está claro que la tensión ha ido en aumento, sobre todo desde la llegada de Tsai Ing-wen en mayo de 2016, y que renovó su cargo en enero pasado para un segundo mandato.

El presidente chino, Xi Jinping, ha repetido en numerosas ocasiones que sólo hay una China, pero tanto la (la República China -Taipéi- como la República Popular China -Pekín-), discrepan de esta realidad política. Una vez más los taiwaneses prefieren mantener el “statu quo” actual y nadie pone en duda que la isla será un punto de fricción para un conflicto bélico entre China y EEUU, principal aliado militar de Taiwán, además de los litigios que aún existen entre distintos países que forman las islas del mar de China Meridional con clara oposición de Washington a su expansión.

La guerra aún está lejos, pero el calentamiento del problema taiwanés-chino no pasa desapercibido. Esta visita de Keith Krach a la isla no la tolera Pekín dado que su silencio sería acreditar la propia soberanía de Taiwán, cuya isla vería con buenos ojos el regreso de las tropas estadounidenses para evitar ese hipotético ataque, de momento lejano, como medio disuasivo y sabiendo EEUU que Taiwán es un asunto que duele en China, tal como afirma Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China. 

China sabe que EEUU se opone a la reunificación dado que ello fortalecería la posición de Pekín en esta situación con la isla, y al mismo tiempo Washington no quiere quedarse al margen de los asuntos del estrecho con Taiwán bajo su influencia, que le puede servir para frenar la hegemonía china en la zona.

A Taiwán le quedan 15 aliados diplomáticos. Sin embargo, y pese a las tensiones entre ambas partes, en 2018 China fue el socio comercial número uno de Taiwán (24 por ciento del total de intercambios con el resto del mundo), y representó el 29 por ciento de las exportaciones y el 19 por ciento de las importaciones del país, según datos oficiales. Eso sí, para EEUU, Taiwán le aporta un valor añadido de incuestionable alcance en la pugna tecnológica con China a través de los arreglos que proyecta con empresas punteras del sector con matriz en la isla, como afirma Ríos, autor de Taiwán. Una crisis en gestación (Editorial Popular).

Pekín no deja de observar cualquier mínima fisura política dentro del país, pero la abultada victoria de la independentista taiwanesa Tsai Ing-wen el pasado enero no sólo consolida la democracia en la isla, sino que incrementa la tensión entre Taipéi y Pekín, que vio cómo su candidato prochino, el nacionalista del Kuomintang (KMT)Han Kuo-yu, se quedó con el 38,6 por ciento de los votos, frente al 57,1 por ciento de la actual jefa del Estado, del Partido Demócrata Progresista (PDP), en unos comicios avalados con la mayor participación democrática del país. 

Taiwán ha tenido gobiernos independentistas como el actual con el PDP y nacionalistas como el del KMT, de ahí que Pekín espera que los segundos regresen otra vez al poder. Con todo, si la presión es alta y se evalúa todo lo que está ocurriendo en Hong Kong, las posibilidades de un gobierno prochino en la isla serán más difíciles

No obstante, el uso de la fuerza militar no se contempla por ahora en Taiwán y tampoco la República Popular China va a cometer en Hong Kong los mismos errores que ya cometió en el trágico desenlace de Tiananmen, en junio de 1989, y que tuvo importantes y duraderas consecuencias que aún no han quedado olvidadas.

En suma, la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, reforzada en su país tras su abrumadora victoria electoral en su reelección, que dio alas al independentismo, y ahora con el enorme éxito contra el coronavirus, que ha sido modelo mundial y con el veto de Pekín para su incorporación a la Organización Mundial de la Salud (OMS), sigue rechazando el modelo de “Un país, dos sistemas”, y más con el fracaso de ese principio en Hong Kong. Pero China perseguirá una “reunificación pacífica” con la antigua isla de Formosa, aunque por ahora esa posibilidad de incorporarla a una “gran China” se antoja bastante complicado.

El hecho es que China no dudará, como afirman medios oficiales chinos, en derribar drones estadounidenses que sobrevuelen territorios que reclama el gigante asiático, como las disputadas islas Spratly, en respuesta a recientes ejercicios militares de EEUU en los que participaron los aviones espía MQ-9 Reaper, lo que conlleva a una mayor tensión en el asunto de Taiwán, cuya presidenta pide un diálogo en igualdad de condiciones a Pekín, que rechaza por no considerarlo un país soberano. 

China, además de advertir a Estados Unidos de que no venda armamento a Taiwán, ha amenazado con “borrar del mapa” a la presidenta Tsai Ing-wen, si se acerca militarmente a EEUU, pero la tensión sigue aumentando, según se comprobó recientemente cuando 18 aviones de combate chinos entraron en el espacio aéreo de Taiwán coincidiendo precisamente con la visita de Keith Krach y a lo que contestó Taipéi al enviar aviones de combate como respuesta a la violación de su espacio aéreo desplegando el sistema de defensa de misiles del país.

Y ahora, pese a las grandes dificultades existentes en la normalización de la península coreana con las conversaciones interrumpidas entre EEUU y Corea del Norte y entre las dos Coreas, todo hace indicar que el nuevo foco de tensiones en esta parte del continente asiático se ubica en Taiwán, cuya dimensión política también está a la espera de lo que ocurra en las elecciones estadounidenses.

China sigue su política de enorme influencia global, el único país que crece bajo la terrible pandemia del coronavirus y con una recuperación de su comercio internacional que se disparó un 10 por ciento en 2020. O sea, la vitalidad de su economía es tan fuerte como sus deseos de hacer una “gran China”. Taiwán, una democracia consolidada, no se lo pone fácil, pero una mayor presión de Pekín supone incrementar el independentismo taiwanés.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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