GUERRA EN UCRANIA | Incluso Suiza duda de su neutralidad: ¿podrá la India?

Bandera de la India. | Ashwin Kumar, Flickr
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Madrid. La India, el segundo país más poblado del mundo, prefiere mantener la neutralidad en el conflicto de Ucrania. Desde el comienzo de la invasión rusa el 24 de febrero, el Gobierno indio ni condenó ni apoyó abiertamente las acciones de Moscú. El primer ministro de este país, Narendra Modi, instó a los bandos combatientes a que recurran a la diplomacia y cesen las hostilidades. El Kremlin le tiene mucho afecto a Nueva Delhi. De hecho, en la época postpandemia, el presidente ruso, Vladimir Putin, salió de Rusia solo en tres ocasiones: para reunirse con Joe Biden en Ginebra (Suiza) en 2020, para asistir a los Juegos Olímpicos de Pekín y para visitar la India en diciembre de 2021.

Desde su independencia en 1947 el joven país declaró que seguiría una política neutral. La India se convirtió en el líder del Movimiento de Países no Alineados (también llamado «Tercer Mundo», siendo el «Primero» el bloque capitalista y el «Segundo» el comunista). Aun así, Nueva Delhi siempre mantuvo una relación muy amistosa con la URSS. Moscú se convirtió en un socio económico clave para el país, exportando carburantes y abonos e importando medicinas, té y café.

La India no tenía la suerte de poseer el poder de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, por lo que no podía evitar la interferencia de la comunidad internacional en la disputa que tenía con su vecino Pakistán. Los cascos azules en medio de Cachemira podrían arruinar los planes de Nueva Delhi en la región. Por eso acudió a por la ayuda de Moscú, que se comprometió a vetar cualquier decisión del Consejo que concierna a la India y a su disputa territorial. Así comienza una larga amistad que persiste hoy en día. Varios líderes soviéticos, entre ellos el extravagante Nikita Jrushchov, visitaron la India en múltiples ocasiones y elogiaron el camino político elegido por sus líderes.

Nueva Delhi no se quedó en deuda por mucho tiempo. En 1956, cuando el mundo quedó pasmado por la brutal represión soviética de la revuelta húngara con tropas del Pacto de Varsovia, Jawaharlal Nehru, entonces primer ministro indio, no condenó las acciones de la superpotencia comunista. Es bien sabido que Nehru no aprobaba las acciones de Moscú, pero aun así fue fiel a su aliado. Lo mismo se repitió en 1968 (la represión de la Primavera de Praga) y en 1979 (comienzo de la invasión soviética de Afganistán).

Igual que en dichas ocasiones, en 2022 la India socorre a su viejo amigo. En el reciente voto en la Asamblea General de la ONU sobre la situación en Ucrania fue uno de los 35 países que se abstuvieron (junto con China y muchas repúblicas exsoviéticas). Lo mismo hizo en el Consejo de Seguridad en varias ocasiones.

Además, Nueva Delhi, cuya economía depende energéticamente en un 85 % de las importaciones extranjeras, declaró que compraría 3,5 millones de barriles a Rusia a precios por debajo del mercado, ya que Moscú está deseando deshacerse de sus hidrocarburos después de las severas sanciones occidentales.

Entre las medidas económicas impuestas contra Rusia, el bloqueo del SWIFT puede ser una de los más graves. Este sistema permite transferencias bancarias sin necesidad de comprobación. Sin él, el sistema bancario ruso está condenado al aislamiento. Aun así, Nueva Delhi tiene un as en la manga, una técnica que ya usó en varias ocasiones para esquivar las sanciones contra Irán. En vez de firmar los contratos en dólares, podría realizar las transacciones en rublos y rupias, sin romper así las restricciones impuestas. Eso permitiría reanudar el comercio bilateral, que se vio muy afectado por los últimos acontecimientos mundiales. India no puede prescindir de los abonos rusos y bielorrusos (al igual que los países centroasiáticos, por ejemplo), cuya ausencia puede dañar considerablemente la agricultura india y amenazar la frágil situación humanitaria en el país.

Sin embargo, esta es una decisión arriesgada. El 8 de marzo el presidente estadounidense Biden prohibió la compra de petróleo ruso y llamó a los demás países del mundo a seguir su ejemplo. Las acciones indias podrían ser mal vistas por Washington. A la pregunta: «¿Cuál sería su respuesta a la India y a los otros países que acepten la oferta de Rusia?», la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, replicó: «Invitamos a todos los países a aplicar las sanciones que hemos impuesto y recomendado. No creo que el caso mencionado sea una violación, sin embargo, pensad de qué lado preferís estar cuándo se escriban los libros de historia».

Este mensaje conciso muestra no solo las preocupaciones de Washington por la posición del gobierno de Modi en esta crisis, sino también la renuencia de la Administración de Biden a amenazar a su aliado asiático como hace con China. La India es clave para contrarrestar la influencia de Pekín en Asia. Si la Casa Blanca quiere convencer a Modi, tiene que esgrimir algo más que simples amenazas.

Las relaciones entre Washington y Nueva Delhi se han estrechado considerablemente en las últimas décadas como contrapeso a la creciente influencia de China en el mundo. EEUU se convirtió en uno de los mayores socios económicos de la nación asiática. Aun así, la incesante amistad con Rusia siempre amargaba el diálogo. Desde la época soviética, la India importaba armamento ruso para poder hacer frente a sus contrincantes. En el último encuentro entre Putin y Modi, ambos países concertaron el suministro de fusiles Kaláshnikov, AK-203, y misiles portátiles Igla-S, además de baterías antiaéreas S-400. La adquisición de estas últimas enfureció especialmente a la Casa Blanca.

Nueva Delhi tiene que andar con cuidado si no quiere perder la predisposición de su aliado occidental. Como miembro del «Quad», un foro de diálogo informal en el que además participan Australia, Japón y Estados Unidos, participó en maniobras militares conjuntas, provocando una protesta diplomática de Pekín. No puede arriesgar su relación con estos países para ayudar a Rusia.

Fumio Kishida, primer ministro nipón, visitó este sábado el palacio de Hyderabad para reunirse con Modi. Japón prometió invertir en la India más de 40 mil millones de dólares en el próximo lustro. Ante un público impaciente, Kishida también expresó su inquietud por la situación en Ucrania. Recalcó que la intervención rusa es una inadmisible violación del derecho internacional y que es imprescindible la cooperación y unidad de todo el mundo para hallar un arreglo pacífico. El jefe de gobierno indio no llegó a mencionar Ucrania como tal, limitándose a hablar de «cambios geopolíticos».

Nueva Delhi no puede darle la espalda al Kremlin. Después del incidente con un misil que alcanzó por error territorio pakistaní, el ejército indio está en cuestión. El ministro de Defensa, Rajnath Singh, calificó el disparo como «un error» y declaró que el sistema de defensa de su país es seguro y fiable, pero Islamabad discrepa. Asimismo, sigue en pie la disputa territorial en Cachemira entre la India, China y Pakistán. Aunque esporádicos, los choques fronterizos nunca han cesado, y el último fue en 2020. Pekín está reforzado su presencia en los Himalayas, poniendo muy nerviosos a sus vecinos meridionales. La mediación de Moscú, que mantiene buenas relaciones con ambos gigantes asiáticos, es imprescindible para sostener el statu quo.

Al mismo tiempo, su alianza con EEUU y Occidente es vital. La India se encuentra una vez más ante una encrucijada. Quedarse al margen del reordenamiento geopolítico internacional se hace cada vez más complicado. ¿Podrá Nueva Delhi esquivar las sanciones contra Rusia como hizo con Irán? ¿Podrá perseverar en ese frágil balance político? La niebla de la guerra esconde las respuestas.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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