China es el único que puede forzar a Kim Jong-un a reducir su programa nuclear y frenar la guerra en Ucrania

El presidente chino, Xi Jinping. | Kremlin, Wikimedia
Comparte esta noticia:

Madrid. Corea del Norte inquieta al mundo con el lanzamiento de un misil intercontinental. Pyongyang acaba de probar su nuevo misil (ICBM) Hwasong-17, su arma más potente desde 2017, alimentando una enorme inquietud que tensa aún más la situación en la península coreana, lo que unido a la guerra en Ucrania provocada por Rusia hacen de China el único país que puede influir en sus respectivos líderes, Kim Jong-un y Vladimir Putin, para que el norcoreano desista de sus armas nucleares y el ruso frene su brutal ofensiva militar, una nueva realidad geopolítica en la que el gigante asiático debe usar su influencia y poder para que la comunidad internacional se lo agradezca y se gane su credibilidad mundial.

El «nuevo orden mundial», muy tocado por la invasión rusa en Ucrania y, ahora, con la cada vez más persistencia de Corea del Norte en su afán de demostrar al mundo su potencial nuclear, deja a China como protagonista de un nuevo escenario internacional en el que, por un lado, EEUU y Occidente le piden a Pekín que influya en Putin para detener la guerra y, por otro, el nuevo presidente electo de Corea del Sur, Yoon Suk-yeol, ha pedido a Xi Jinping, que se involucre en una mayor cooperación para la desnuclearización de Pyongyang y dotar a la península coreana de una estabilidad política tras el lanzamiento del misil balístico ICBM.

El misil, «lanzado desde el aeropuerto internacional de Pyongyang, ascendió a una altura máxima de 6.248,5 kilómetros, voló 1.090 kilómetros durante 4.052 segundos (67 minutos y medio) y aterrizó con precisión en el lugar planeado, en aguas de alta mar del mar del Este de Corea (nombre que recibe el mar de Japón en las dos Coreas)», informó la agencia KCNA.

El Hwasong-17 se lanzó en un ángulo casi recto para trazar una parábola muy pronunciada (y para «tener en cuenta la seguridad de los países vecinos», según KCNA) y cayó en aguas japonesas, a solo 150 kilómetros de la prefectura de Hokkaido, lo que deparó las protestas de Tokio por el hecho de que Pyongyang no notificara a las autoridades de tráfico marítimo y aéreo.

El líder Kim Jong-un firmó la orden de lanzamiento de su puño y letra, como acostumbra a hacer el régimen con los ensayos de ICBM, y presenció la prueba, enfundado en gafas de sol y chaqueta de cuero, desde un vehículo adaptado situado en los alrededores del aeropuerto de la capital norcoreana y en medio de una enorme propaganda que ha recogido el mundo entero, y tal como señala el presidente surcoreano, Moon Jae-in, que condenó el lanzamiento del ICBM, Corea del Norte acaba de poner fin con esta acción a la moratoria sobre este tipo de ensayos que el régimen norcoreano se autoimpuso en 2018.

Por otra parte, Vladimir Putin está ganando una guerra sangrienta pero lo ha perdido todo, cuyas consecuencias ya las están sufriendo sus ciudadanos, obligados a mantenerse con la boca bien cerrada, pues ni Occidente ni EEUU ni la propia OTAN van a dejar sin sanciones a Rusia, que se enfrenta a una realidad interior y exterior sin precedentes que el propio Putin y sus asesores no habían previsto ante la numantina defensa que diariamente hacen los ucranianos frente al Ejército ruso y con unas sanciones que marcarán el presente y futuro de la Federación Rusa.

Sin embargo, a diferencia de Rusia, Corea del Norte, país que apoya la invasión rusa en Ucrania, aún puede salir airosa si decidiese demorar su programa nuclear a cambio del levantamiento las sanciones que ya sufre el país, unas sanciones que pueden aumentar tras la petición de EEUU al Consejo de Seguridad de la ONU de actualizar y endurecer las sanciones internacionales contra Corea del Norte tras el lanzamiento de un nuevo misil intercontinental (ICBM).

Las sanciones que viene padeciendo Corea del Norte y su exigencia en el levantamiento de las mismas han caracterizado el fracaso de las reuniones mantenidas entre Pyongyang y Washington dado que ese levantamiento debe ir compensado con la reducción paulatina y la desnuclearización del programa nuclear norcoreano, una realidad llena de desconfianza hacia un régimen de Kim Jong-un que considera que el arma nuclear es su mejor medio de seguridad.

Nadie, absolutamente nadie, va a atacar a Corea del Norte, y tampoco Pyongyang, por mucho músculo nuclear que muestre, va hacer lo mismo ni con su vecina del Sur ni con Japón, ni tampoco sus sofisticados misiles van a tocar suelo o espacio estadounidense, pues el régimen de Kim Jong-un sabe perfectamente que la respuesta sería monumental, y sería entonces cuando el régimen político y la dinastía Kim sufrirían un enorme peligro de supervivencia. Nadie quiere un cambio de régimen en Corea del Norte, lo que se quiere es que el régimen modifique su política nuclear en aras de una estabilidad en la península coreana que favorezca económicamente el nivel de vida de los norcoreanos.

De momento, el nuevo orden mundial tendrá que esperar, dado que hay escenarios que bloquean esa realidad de la nueva etapa global, pero lo que está claro es que el mundo es cada vez más desigual, los conflictos bélicos o raciales y étnicos tienen que parar ya en pleno siglo XXI, en una guerra que recuerda los pormenores de lo que fue la Segunda Guerra Mundial, y el hecho de que Corea del Norte siga con su programa nuclear convierten al planeta en un rincón de mayor rearme y en medio de una economía que cada vez faltan más cosas.

Ucrania lo va a cambiar todo y, junto con la tensión en el este asiático, van a marcar las directrices de muchas decisiones a escala mundial. Y no hay que olvidar que hay cinco países, de las nueve potencias nucleares, que están involucrados en una guerra en la que Rusia se precipitó en su invasión, pero con un respaldo -interpretativo a la manera que se quiera- de China, pero Kiev cuenta con el apoyo directo de EEUU y sus aliados, además de la alianza militar de la OTAN. Pyongyang, aunque está a unos 10.000 kilómetros de la capital ucraniana, ya ha avisado que su programa nuclear no se toca.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.