Guerra civil en Birmania (II): La diversidad étnica refracta el conflicto

| MgHla, Wikimedia
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Madrid. No obstante, al igual que hay quien defiende que la junta militar está perdiendo terreno, están los que consideran que la oposición está en peligro «de creerse su propia propaganda», como se expresó la revista anglosajona ‘The Economist’. Entre los argumentos de los escépticos con los éxitos de la insurgencia está la escasez de armamento de la oposición y la falta de unidad de comando entre las diversas guerrillas étnicas y la oposición democrática.

Al fin y al cabo, el Tatmadaw (Ejército) sigue siendo una fuerza considerable, con alrededor de 300.000 efectivos, según los recuentos del Instituto de Lowy. No obstante, es difícil saber la cantidad real de soldados debido al sesgo que suele acompañar cualquier información proveniente de Birmania (o Myanmar). Además, es un hecho que el Tatmadaw posee armamento bastante moderno que le fue suplido por China y Rusia.

Mientras tanto, el Gobierno de Unidad Nacional de Birmania (NUG) es criticado por sus partidarios por la falta de iniciativa y la incapacidad de dirigir sus Fuerzas de Defensa del Pueblo (PDF en inglés) que actúan por su cuenta en su mayoría. Es decir, eso le impide a la oposición democrática establecer un control efectivo en los territorios conquistados como contrapeso a las autoridades de Naipyidó. Puede que tengan la legitimidad popular, pero no poseen la fuerza centralizada necesaria para liderar un ataque conjunto contra el Ejército. Para proseguir con el esfuerzo militar están obligados a aliarse con milicias separatistas que tienen sus propios intereses egoístas también. La guerra civil de Myanmar está definida por el caleidoscopio cultural y étnico que es esta nación asiática.

Además, los escépticos defienden que la resurgencia étnica no es tan masiva como la pinta la oposición. Algunas de las grandes guerrillas siguen adhiriéndose al cese de fuego de 2015. No obstante, es un hecho que varias de las grandes guerrillas se están decantando por la oposición armada al régimen de Naipyidó viendo su debilidad e incapacidad de controlar a la población.

Min Aung Hlaing entiende que el Tatmadaw no será capaz de sostener tantos frentes, por lo que hace todo lo posible para negociar un armisticio con algunas milicias étnicas para concentrarse en sofocar la rebelión de la PDF (el brazo armado del NUG). En abril de 2022, el Gobierno envió invitaciones a 10 de las milicias más poderosas del país para acordar un cese de fuego. «Divide y reina» siempre fue la estrategia de los militares birmanos ante las rebeliones étnicas. Naipyidó conseguía usar las discrepancias entre sus enemigos para conseguir seducirlos con ofertas de autonomía. Los guerrilleros recibían un territorio como feudo indisputable y la junta admitía su autoridad local y no se entrometía en sus asuntos. A cambio, las milicias se comprometían a mantener la paz y estabilidad de las regiones encomendadas y no apoyar a los rebeldes democráticos (o comunistas) que pretendían acabar con el régimen de los soldados. Este acuerdo funcionó durante décadas, convirtiendo el gobierno de Myanmar en una de las dictaduras militares más longevas de la historia.

El caso más prominente es el Ejército Unido del Estado de Wa, segunda guerrilla más numerosa de Birmania, que recibió varios municipios en el este del país a cambio de su apoyo a la junta en el conflicto con la minoría Shan. Eso le permitió a su líder, Bao Youxiang, convertirse en el gobernador de facto de la región.

El ‘statu quo’ ha cambiado desde el golpe de 2021. La frágil paz conseguida durante la presidencia de Aung San Suu Kyi se volcó por completo. La junta, temiendo la inestabilidad, intentó asestar un golpe sorpresa que no hizo más que enfurecer a sus adversarios. Poco después de tomar el poder el Tatmadaw quebrantó el acuerdo con varias milicias étnicas causando la reanudación de la violencia.

Por ahora, el esfuerzo militar contra Naipyidó lo apoyaron los nacionalistas de Karen en el estado de Kayin en el sur, varias milicias de Chin y la Organización para la Independencia de Kachin (KIO) en el estado septentrional de Kachin. La poderosa guerrilla de Arakan en el estado occidental de Rakhine (considerada la más numerosa de todo el país) parece estar decantándose también por el NUG, tras un encuentro con su ministro de exteriores y la creciente violencia en las zonas limítrofes entre las milicias y el ejército.

La participación del Ejército de Arakan en el conflicto podría ser decisiva, según analistas. Primeramente, posee una formidable fuerza de 30.000 efectivos en una zona estratégica en la frontera con Bangladesh, que podrían ser una amenaza para los puertos birmanos del golfo de Bengala tales como Sittwe, claves para el comercio con la India, uno de los pocos socios internacionales que le quedan al Tatmadaw. Además, en la costa del Estado se encuentra el yacimiento de gas natural de Shwa conectado con el mencionado puerto de Sittwe del cuál el gas natural se dirige primero hacia el corazón del país, la ciudad de Mandalay, y después por gasoductos en dirección a la provincia china de Yunnan para ser exportados. Y, por último, nuevas guerrillas en las regiones limítrofes aislarán aún más a la junta de sus vecinos, dañando las exportaciones de recursos naturales que son una de las pocas fuentes de ingreso estable que le quedan a Naipyidó.

Aun así, sigue siendo difícil juzgar la situación actual desde fuera. En lo que sí se puede estar seguro es que la mayoría de las guerrillas étnicas se muestran escépticas ante los intentos del Gobierno de Min Aung Hlaing de seducirlos a adherirse al armisticio. Desde el golpe de Estado, el Ejecutivo birmano hizo «gestos de buena voluntad», liberando presos políticos y negociando con los rebeldes. No obstante, esta aparente relajación solía ser una forma de distraer tanto los ojos de la población birmana, como de la comunidad internacional de los brutales ataques contra los insurgentes. El último caso fue la amnistía de casi 5.800 presos que, aunque fue bienvenida por el secretario de Estado estadounidense, Anthony Blinken (que la llamó «una gota de luz en una época oscura»), ocurrió poco después de la masacre del concierto en el estado de Kachin. Entre los liberados figuraban varios extranjeros: el economista australiano Sean Turnell, que fue asesor de la antigua presidenta y la exdiplomática británica Vicky Bowman, además del japonés Turo Kubota y el estadounidense Kyaw Htay Oo.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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1 respuesta

  1. Javier dice:

    Me parece muy interesante y creo que has realizado un buen análisis que resulta útil y clarificador para todos aquellos que desconocen y quieren entender mejor la situación birmana. Felicidades por tu artículo, y si me permites un pequeño apunte, Birmania en Inglés se dice Burma. Birmania pasó a llamarse Unión de Myanmar en 1989 por decisión de la junta militar que gobernaba el país entonces, para distanciarse de su pasado colonial. Ambos nombres denominan en castellano al país localizado en el sudeste asiático cuya etnia mayoritaria son los bamar. La junta militar justificó el cambio de nombre argumentando que “Birmania” es un término en birmano, la lengua de los bamar, que discrimina a las demás etnias del país, mientras que “Myanmar” es más inclusivo.

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