China y EEUU reanudan la guerra comercial, que se agudizará con la campaña de las elecciones presidenciales

| Karolina Grabowska, Pexels.com
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Madrid. Estados Unidos y China han reanudado su particular guerra comercial al incrementar Washington sus aranceles a los productos chinos en al menos 18.000 millones de euros. Pekín ha denunciado el proteccionismo estadounidense, lo que contribuye a una tensa situación entre ambas potencias, que se alargará hasta las elecciones presidenciales del próximo 5 de noviembre, en las que Joe Biden se juega la reelección y debe asegurarse el voto doméstico para seguir otros cuatro años en la Casa Blanca e impedir que Donald Trump vuelva a presidir la primera potencia del mundo.

Pekín y Washington no desean polarizar aún más de lo que ya está la geopolítica global y pese a sus diferencias en el contexto de las relaciones internacionales, todas ellas con bastantes rincones de fricción, la economía juega un factor esencial en el ‘statu quo’ actual de la comunidad internacional que sigue estando condicionado a las dos primeras potencias mundiales.

De esta forma, Biden presionará hasta noviembre a China para asegurarse el voto americano y más cuando la guerra de Israel en Gaza le está mermando su capacidad para ganarse el voto musulmán estadounidense. Ambos países buscan sus propias relaciones bilaterales pero esta nueva ofensiva comercial de Estados Unidos contra la República Popular China ha originado una tensa situación entre los dos países que se mantendrá durante toda la campaña electoral hasta la llegada del nuevo inquilino a la Casa Blanca.

Xi Jinping acaba de viajar por Europa, donde en Francia trató de rebajar las tensiones comerciales entre China y la Unión Europea (UE) por los nuevos aranceles que amenaza con aplicar la UE, y a Serbia y Hungría, el mejor aliado de China en la UE. En Hungría, Pekín ha tratado de ampliar su influencia económica con una fábrica de baterías y vehículos eléctricos, y en Serbia con nuevas inversiones en las minas de oro y cobre, mientras ahora la buena predisposición de Alemania en China con la empresa conjunta FAW-Volkswagen Automobile que invertirá unos 298 millones de euros para producir tres modelos de vehículos utilitarios deportivos (SUV) en su planta de la municipalidad de Tianjin, en el norte de China, ha resultado un exitoso viaje europeo de favorables consecuencias económicas para el gigante asiático.

Por otro lado, otra de las subidas arancelarias de EEUU ha sido sobre las baterías de iones de litio utilizadas en los vehículos eléctricos, que se elevarán del 7,5 % al 25 % este año, una realidad política-comercial cuando China quiere producir coches eléctricos en México, cuya planta se espera esté lista a finales del presente año con una producción de unos 15.000 vehículos anuales, de ahí que la propia UE y EEUU estudien más aranceles a los coches eléctricos y a su posible impacto a nivel mundial que puede desubicar a las grandes empresas automovilísticas ante la presencia cada vez mayor de los vehículos chinos por todo el mundo. Eso sí, Biden ha dicho que los vehículos eléctricos del futuro se harán en EEUU. China cada vez más presente en todas las partes, esa es la realidad, pero una realidad con hechos tangibles.

China viene advirtiendo de que los ciudadanos y las empresas de Estados Unidos «sufrirán pérdidas» a causa de los aranceles que Washington anunció contra Pekín a varios productos procedentes del país asiático, entre ellos vehículos eléctricos. Y en el caso de una hipotética vuelta de Trump, los asuntos comerciales tampoco iban a mejorar, dado que su política impuso aranceles a productos chinos valorados en cientos de miles de millones de dólares y Pekín respondió con más gravámenes, lo que desencadenó una guerra comercial que obstaculizó el crecimiento global y generó interrupciones en las cadenas de suministro a nivel global.

Además, de los aranceles que en su día Trump, campeón del proteccionismo, impuso a China, prácticamente casi ninguno ha quitado Biden, ya que siguen siendo populares entre los demócratas y republicanos. Y si es notorio destacar que a diferencia de la promesa de Donald Trump en su momento de aplicar aranceles generalizados, los aranceles que Biden sólo se centran únicamente en China. La tensión con Pekín irá incrementándose. E incluso la actual Administración estadounidense ha tratado de diferenciarse de Trump, que en un posible segundo mandato presidencial sus propuestas arancelarias con China serían aún más duras y proteccionistas al imponer un arancel del 60 por ciento a todos los bienes que se importan de China y un 10 % para todas las importaciones y ello, dice Biden, tendría un impacto negativo y elevaría la inflación.

La guerra comercial está servida. EEUU quiere también que los paneles solares, semiconductores, grúas y productos médicos aumenten los aranceles, que pasarán a lo largo del presente año del 25 % al 50 %, así como un incremento considerable a los semiconductores, aunque en ese caso la subida se realizará en 2025. En suma, subidas arancelarias con el objetivo de impulsar la producción nacional de semiconductores, respaldada por una inversión de 53.000 millones de dólares que aprobó el Congreso en 2022 y que busca evitar los incrementos de precio que se vivieron durante la pandemia en sectores como el automovilístico y el de los electrodomésticos, que también afectarán a otros gravámenes sobre jeringas y agujas o productos de protección personal como respiradores y mascarillas, guantes médicos y quirúrgicos de goma, entre otros productos con aranceles ya incrementados.

A Washington le preocupa la sobreproducción china, dado que el gigante asiático es responsable de un tercio de la producción global, pero solo representa la décima parte de la demanda, una consideración que al parecer no encaja correctamente y esa producción, dice EEUU, está altamente subsidiada y apoyada, de manera que permite vender esos productos a precios más bajos de lo que se pueden fabricar en países occidentales y así, agrega la fuente estadounidense, deja a la industria local fuera de juego.

China ha asegurado que «tomará todas las medidas necesarias» para «proteger sus derechos e intereses legítimos», en referencia a los aranceles que Estados Unidos planea imponer a los vehículos eléctricos chinos, además se ha opuesto de forma sistemática a la imposición unilateral de aranceles que transgredan las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y ha criticado que EEUU llame «libre comercio a sus exportaciones de productos» y luego califique de «exceso de capacidad industrial» el hecho de que China «exporte mercancías con ventajas comparativas». La guerra comercial irá a más entre las dos primeras potencias que obviamente tendrá su repercusión a nivel de la geopolítica global.

Todavía hay dudas de si China seré en breve la primera potencia mundial, pero lo que si sabemos que China quiere consolidarse como un país “imprescindible” en el mundo y estar presente en todas las partes y no está dispuesta a reducir su cada vez mayor peso en la economía y en la política mundial. ¿Y hasta cuándo habrá que esperar para que China sea la primera potencia mundial? Pues no hay un solo día que se hable del gigante asiático en todas sus vertientes.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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