Putin viaja de nuevo a China para reforzar sus vínculos contra Occidente

Xi Jinping y Vladimir Putin. | Kremlin
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Madrid. Vladimir Putin no va a ceder en su pretensión de debilitar en todo lo que pueda a Occidente, a quien acusa de intentar de aislar y de desintegrar a Rusia por facilitar armas a Kiev, que se ve mermada en la guerra por la tardía llegada de armamento occidental, lo que está facilitando mejores resultados militares para Moscú, pero el líder ruso sabe su aislamiento internacional y vuelve a visitar China para reforzar sus vínculos con su «amigo» Xi Jinping, quien está harto de esta guerra, un conflicto bélico que ambos dirigentes quieren que termine ya pero con interpretaciones de paz totalmente contrarias a los deseos de Ucrania y Occidente.

«El desarrollo de nuestros lazos favorece a la paz, la estabilidad y la prosperidad de la región y del mundo», dijo Xi en la reunión a puerta cerrada que mantuvieron ambos gobernantes y recordó que se ha reunido con Putin más de 40 veces. Xi ha brindado su «propia orientación estratégica asegurando el desarrollo estable y fluida de los dos países». Una relación que ha ido ganando cada vez más su valoración, y aunque el dirigente chino no le muestre públicamente su hartazgo en la guerra de Ucrania, su incomodidad es manifiesta.

El jefe del Kremlin ha dicho en varias ocasiones de quien viola las normas internacionales no es Rusia, sino Occidente porque, reitera, «prefiere un orden mundial no basado en el Derecho Internacional, sino en un orden construido sobre reglas que cambian dependiendo de la situación y la coyuntura en cada momento y según los intereses de quienes inventan esas normas». Putin no sólo ha elogiado a Xi, sino que dice que apoya el plan de Paz del presidente chino para una solución pacífica de la guerra en Ucrania que ni Kiev ni Estados Unidos aceptan.

Y viendo el plan de paz del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, poco pueden hacer los chinos para apaciguar a Putin y que termine la guerra. El plan de Zelenski exige la retirada de las tropas rusas, el restablecimiento de las fronteras de 1991, lo que implicaría la devolución también de Crimea, y que Putin pague reparaciones de guerra. En junio, está prevista una «cumbre de paz» en Suiza. Pero Rusia no está invitada, rechaza la iniciativa, ya que estima que hace falta que las negociaciones tengan en cuenta «las nuevas realidades», es decir, que reconozcan como rusos los territorios ya ocupados. Y tampoco lo acepta Occidente.

De hecho, Rusia y China siguen en sus fecundos contactos económicos, y así el gigante asiático está obteniendo de Rusia energía y recursos naturales baratos y esta forma de cooperación despierta sospechas en Occidente que es lo que ha llevado a EEUU a una mayor presión hacia los bancos chinos, para evitar que Moscú pueda sortear las sanciones. Eso sí, hasta ahora Pekín ha evitado facilitar abiertamente armas y municiones en beneficio ruso en su guerra ucraniana, aunque sí ha supuesto un soporte económico importante para ayudar a Moscú a soportar las sanciones. En la actualidad, China importa desde Rusia el 19 % del crudo que utiliza y desde Arabia Saudí el 15 %.

Una visita de Putin a China, la segunda en menos de un año, que coincide con dos hechos importantes. Por un lado, el secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, anunció que Kiev recibirá una partida adicional de 2.000 millones de dólares ayudar a Ucrania a adquirir armamento de Estados Unidos y de otros países e incrementar la capacidad de producción de su propia industria militar, que además mantiene que sin la ayuda que proporciona China a Rusia, «a Rusia le costaría sostener su asalto a Ucrania» culpando a Pekín de alimentar la guerra de Ucrania y, por otro, el atentado contra el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, aliado de Rusia, que en los últimos meses se han sucedido protestas contra su giro antioccidental, muy crítico con la Unión Europea, estrechando relaciones con Putin y con el primer ministro de Hungría, Viktor Orban, que ha polarizado aún más la geopolítica mundial.

Está claro que este atentado es una válvula de oxígeno para Putin. Un atentado en el que se puede analizar la pugna de EEUU y Europa contra Rusia, con la ambigüedad de China, en la guerra de Ucrania, una guerra que Rusia sigue preparando a larga distancia dado que su fin no parece vislumbrarse y, además, se ha visto reforzada con la elección de un economista tecnócrata como ministro de Defensa en el régimen ruso. Es decir, lo que pretende el Kremlin, en opinión de expertos, es que la economía y su gestión sea lo más eficiente para una economía en guerra. Rusia, asediada por las sanciones y el aislamiento mundial, salva su economía gracias a China. Putin y Xi han mostrado su sintonía en sus respectivos consensos en torno a asuntos globales como los conflictos de Ucrania y Gaza, la multipolaridad y el comercio, marcando así distancia con las posturas de Occidente.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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