China afronta el 2020 con el deseo de ser “imprescindible” en el mundo

Madrid. Mientras el Banco Popular de China (BPC) destina 102.664 millones de euros que permitirá abaratar el crédito y aumentar el consumo interno, clave para su crecimiento económico, el “gigante asiático” afronta el 2020 con retos importantes para consolidarse como país “imprescindible” en el mundo y estar presente en todas las partes.

China va introduciéndose en el resto del mundo mientras sigue su pugna con EEUU para resolver la “guerra comercial” que arrastran desde hace casi tres años y que parece confirmar que a lo largo de enero habrá soluciones que satisfagan a los dos países que a la postre beneficia a la comunidad internacional, pero 2020 va a consolidar la presencia del capital chino en cada vez más empresas europeas, en especial en el Reino Unido y Alemania.

China no sólo está en Europa, está metida en todas partes como con el cien por cien de la sueca Volvo, además de controlar los puertos más importantes del mundo, lo que hace que los cruceros terminen en un puerto chino o, entre otras muchas compañías, Spotify, donde uno de los principales accionistas es una tecnológica china.

Precisamente el puerto de la ciudad israelí de Haifa, uno de los más importantes del país, pasará a ser controlado a partir de 2021 por una empresa china, lo que en su momento evidenció la preocupación de EEUU ante la mayor presencia de Pekín en Oriente Medio, y más cuando Israel, en esta región, depende en gran medida de sus rutas marítimas y alrededor del 90 por ciento de sus importaciones llegan a través del mar. 

Es decir, el dinero chino está en todos los rincones posibles y así será en el presente año y en los venideros y con ello al menos por ahora no se vislumbra un descontento social que vapulee los cimientos de la normalidad económica del país, que en su caso siempre aprobaría planes de estímulo económico aunque se incremente la deuda del Estado.

Sin embargo, el objetivo y así lo marcó el presidente Xi Jinping será erradicar la pobreza en China, país que considera pobres a quienes viven con menos de 385 euros al año, frente a los 623 euros que estima el Banco Mundial (BM).

No obstante, pese a que el ascenso chino parece imparable, también afloran otras estrategias, sobre todo teniendo en cuenta que China sigue siendo clave en países en vías de desarrollo cuyo capital contribuye a crear infraestructuras como en África y América Latina, pero el “gigante asiático” tiene otros retos políticos internos en Xinjiang o Hong Kong.

El Gobierno chino pronosticó para 2019 un crecimiento entre el 6 por ciento y el 6, 5 por ciento, pero datos oficiales revelan que al final este mismo año que acaba ronde en el 6,2 por ciento, aunque para 2020 todo hace indicar una previsión del crecimiento en torno al 6 por ciento, lo que podría suponer que por primera vez el país crezca por debajo de ese porcentaje a lo largo del nuevo año que acaba de comenzar. 

Pese a todos los posibles pronósticos con ciertos signos de ralentización, la economía china seguirá creciendo con relativa fuerza y representará el 27 por ciento de la producción mundial en 2030, tal como reveló, en abril de 2019, un informe sobre China de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Y sin olvidar que seguirá con sus reformas y con la apertura de sus mercados.

China vive cada vez con más intensidad una enorme transformación industrial y de su propio modelo económico, pues todavía hay enormes desigualdades sociales, el dinero corre con facilidad, y la necesidad importante es la creación de empleos para evitar otros males, además la población cada vez es más envejecida y obviamente mantener ese bienestar social no es un asunto baladí.

Por otra parte, China también deberá solventar otros retos para el 2020, además de la posible desaceleración económica, todos los parámetros de su economía estarán pendientes de la tensión comercial con Estados Unidos, mientras que Pekín seguirá de cerca las protestas en Hong Kong, que mantiene al país sumido en la mayor crisis social-política de sus 70 años de su fundación como República Popular

Pekín tampoco quitará sus ojos a las elecciones presidenciales de Taiwán, el próximo 11 de enero, donde la actual presidenta Tsai Ing-wen, del Partido Demócrata Progresista (PDP), parte como favorita para revalidar su cargo y favorecido en los sondeos por las actuales protestas en Hong Kong que han reactualizado ciertos temores del poder de Pekín en Taipéi frente a Han Kuo-yu, representante del principal partido opositor taiwanés, el Kuomintang (KMT), cercano a las tesis del “gigante asiático”.

China quiere calma, tranquilidad en la península coreana, pero Pekín muestra su inquietud tras comprobar el fracaso de los contactos entre Corea del Norte y EEUU sobre la desnuclearización, pero que al mismo tiempo ha pedido, junto a Rusia, un levantamiento paulatino de las sanciones a Pyongyang, que Washington no ha aceptado por ahora.

En suma, todo ello ha originado que tantos las sanciones como la desnuclearización norcoreana sean claves para la esperada normalidad en la zona e incluso se acaricie una tercera cumbre entre Kim Jong-un y Donald Trump, pero al dar por finalizada la moratoria que Pyongyang se impuso sobre pruebas nucleares y de misiles de largo alcance y así favorecer el diálogo con EEUU ha determinado una enorme preocupación que para Pekín no es baladí por tener dificultades en influir en el líder norcoreano para que desista de cualquier hipotética “nueva operación nuclear”, que perturba obviamente a la península coreana.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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