La ASEAN reclama una misión de observación en Birmania

Cumbre de la ASEAN sobre Birmania en Yakarta, Indonesia. | ASEAN

Madrid. La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), cuya cumbre se ha celebrado en Yakarta, ha reclamado a Birmania una misión de observación para evaluar su situación política tras el golpe de Estado del pasado 1 de febrero, donde el Ejército es acusado de una brutal represión que habría costado las vidas de al menos de 750 manifestantes y opositores contra la asonada golpista de los militares. 

La cumbre de este fin de semana en la capital de Indonesia sobre la crisis en Birmania ha supuesto una prueba para la credibilidad y la unidad de la ASEAN, y al mismo tiempo el organismo ha roto la neutralidad para solicitar a esta nación del sudeste asiático un equipo observación que analice in situ la realidad del país, cada vez más en un callejón sin salida y donde a los militares no les afectan las condenas internacionales ni las sanciones impuestas por los países occidentales. 

La ASEAN ha reclamado el cese inmediato de la violencia y que todas las partes practiquen la contención más absoluta para recuperar un diálogo dispuesto a conseguir una solución al conflicto, reza parte del comunicado del organismo asiático, avalado por la Unión Europa (UE) y otros países de la comunidad internacional.

Así, la UE se ha unido a la ASEAN para pedir el cese inmediato de la violencia y apoya los compromisos asumidos en la reunión de la ASEAN de iniciar un diálogo en el que participen todas las partes para buscar una solución pacífica, además de la liberación de todos los detenidos por el golpe militar, aunque también ha sido criticado el documento final del organismo comunitario al ser considerado como muy poco firme.

De esta forma, los líderes de la ASEAN han logrado un compromiso de la junta militar birmana para “cesar la violencia” contra civiles y abrir “un diálogo constructivo con todas las partes”.

“Habrá un cese inmediato de la violencia en Birmania y todas las partes ejercerán la máxima moderación”, un éxito recalcado en la reunión, según reiteraron miembros de los países participantes de una asociación que también ha recibido críticas internacionales a raíz del silencio que guardaron durante la persecución militar contra la minoría rohinyá en Birmania en 2017, calificada de genocidio por numerosas organizaciones humanitarias internacionales.

Birmania ha sido siempre un polvorín étnico. Desde su independencia en 1948, multitud de grupos étnicos han entrado en conflicto con el gobierno central para lograr más autonomía, acceso a los numerosos recursos naturales del país o una parte del lucrativo tráfico de drogas, pero son los 738.000 rohinyás que huyeron del país hacia Bangladesh, tras el estallido en agosto de 2017 de una campaña de persecución y violencia por parte del Ejército birmano, los más castigados.

El colapso económico en Birmania y la hambruna para millones de personas en los próximos meses serán notorios para una economía que ha quedado “tocada” con un sistema bancario paralizado y miles de sucursales todavía cerradas, además de las fábricas con continuas huelgas en un país que empeora día a día, cuando incluso las importaciones y exportaciones se han detenido, y con las fuertes restricciones por la pandemia del coronavirus.

Como botón de muestra basta reseñar que a finales de 2020, previo al golpe de Estado, el Banco Mundial (BM) estimó que la economía de Birmania, en fase de recuperación, crecería un 5 por ciento. La misma institución calcula ahora que el PIB se contraerá un 10 por ciento en 2021 y casi dos millones de personas caerán por debajo del umbral de pobreza.

Birmania mañana será mucho más pobre de lo que era ayer, puesto que la crisis humanitaria, política y sanitaria ha bloqueado las mejoras destinadas a paliar la pobreza en una nación que cuenta con seis millones de personas que viven con menos de tres euros al día. Además, una cuarta parte de la población infantil es pequeña de estatura como consecuencia de la malnutrición.

En definitiva, después de una década de débil experiencia democrática, los militares han vuelto a tomar por asalto Birmania, mientras la situación en el país cada vez se hace más insostenible, sobre todo cuando los propios militares pensaban que todo iba a ser un camino de rosas sin protestas de ninguna clase, y, claro, los propios militares no estaban tranquilos por sus ingentes intereses económicos que podían democráticamente ser erosionados.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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