Wuhan, antes de: una “burbuja” militar (y II)

La ministra Margarita Robles ante el equipo militar español. | Ministerio de Defensa

Madrid. Don Suero de Quiñones era un caballero de armas tomar en el siglo quince. Durante un mes se apostó en el puente sobre el río Órbigo de la provincia de León para retar a duelo con lanza a todo aquel que se cruzara en su camino. Nuestro noble estaba loco de amor por una dama que solo le respondía con negativas, y había de defender su honor. Más de cien picas consumió el desafío. La gesta era conocida en la época como “paso honroso”, el lema actual de la Academia Básica del Aire, escuela de soldados del Ejército. A principios de 2020, el más de medio millar de personal de la academia no estaba preparado para enfrentarse a un enemigo. La gripe hacía mella en el centro, con sede en la capital leonesa. Recién aterrizados de los Juegos Mundiales Militares de Wuhan, varios uniformados habían padecido en noviembre síntomas similares a los del coronavirus.

El 26 de enero la Unión de Militares de Tropa, una asociación castrense, se interesó por saber si a la llegada de la expedición española procedente de Wuhan el Ministerio de Defensa había llevado a cabo un protocolo de seguimiento.

Defensa consideraba que no había motivos para chequear a los participantes. Ningún miembro del equipo desplazado en octubre a la ciudad embrión de la pandemia había comunicado al departamento que administra el Ejército haber atravesado las señales de la enfermedad contagiosa, como son fiebre, tos o complicaciones al respirar. El coronavirus era en aquellas fechas una realidad incluso fuera de las fronteras de China, ya que Tailandia había confirmado un caso positivo.

La respuesta del ministerio se hizo esperar más de tres meses, hasta el 4 de mayo. En la contestación, desvelada por EFE, el ministerio explicaba que como “al final de enero no se había tenido conocimiento de ningún participante infectado o con síntomas”, el tiempo transcurrido desde el viaje de regreso había sobrepasado “sobradamente los plazos de incubación del virus”. Por lo tanto, justificaba la Secretaría Permanente del Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas, “se descartó la aplicación de cualquier tipo de verificación médica extraordinaria”.

Quince días después del retorno de Wuhan, Diego Uceta, preparador de boxeadores, necesitó acudir al médico, según el testimonio contado al Diario de Valladolid. Empezó a dolerle el pecho, le costaba caminar y se fatigaba con facilidad. En la villa olímpica de Wuhan -”La primera que se hace específicamente para una competición de este tipo”, precisaba un artículo de la Revista Española de Defensa- había compartido con el capitán del equipo de púgiles. Pedro Retuerto aseguró que nunca en su vida había padecido una tos tan fuerte. La doctora que le atendió achacó los problemas al tabaco.

Una campeona de pentatlón moderno, la francesa Elodie Clouvel, alertaba en marzo en declaraciones a una televisión gala que tras la experiencia deportiva en China “muchos atletas” militares cayeron enfermos. “No había tenido antes esos síntomas. No nos preocupamos porque no se hablaba de ello”, manifestó Clouvel en referencia también a su pareja, quien se habría ausentado de los entrenamientos varios días como consecuencia de malestar.

Todavía libres de la sombra del coronavirus, del 18 al 27 de octubre los Juegos Mundiales Militares de Wuhan sorprendieron para bien a los participantes de más de cien países. La organización prestó atención a todo detalle. Ubicada en el distrito que el mercado de animales para consumo y construida en un estilo de arquitectura tradicional para acoger a 10.000 personas en dos mil habitaciones, la villa olímpica estaba rodeada de gimnasios, centros médicos y tiendas de souvenirs.

La inversión y los esfuerzos de China por marcar un hito sin referentes en la celebración de un evento con un cuarto de siglo de recorrido habían merecido las alabanzas del presidente del Consejo Internacional de Deporte Militar, Herve Piccirillo, que creía sin ningún género de dudas en que los juegos abrirían una “nueva era” en el deporte castrense.

Para un coronel español del Ejército de Tierra las “comodidades” disfrutadas durante la competición, como una “variada oferta gastronómica, con cocineros de diferentes nacionalidades, incluida la española”, convirtió la estancia en la ciudad oriental en “una burbuja”, recoge un blog en internet de las fuerzas armadas sobre el viaje a Wuhan del alrededor de 170 personas salidas en vuelo desde el aeropuerto de Barajas hacia el gigante asiático. Otro coronel destacó que los deportistas pasaron a ser la “atracción” en una ciudad no muy turística donde los chinos “pedían que nos hiciéramos fotos con ellos”.

En un comunicado hecho público este domingo, el Ministerio de Defensa que dirige Margarita Robles ha anunciado que desde la próxima semana se realizarán las pruebas del coronavirus de forma voluntaria a los miembros de la delegación de España que participaron en los Juegos Mundiales Militares “a la vista de la preocupación” mostrada.

Sergio Perea Martínez

Sergio Perea Martínez

Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

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