Rusia se prepara para asaltar Ucrania mientras China apoya a Putin pero pide cautela

Xi Jinping y Vladimir Putin. | Kremlin
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Madrid. El nuevo orden mundial que quieren imponer Rusia y China, dos socios que no tienen que dar cuenta a sus ciudadanos, se está fraguando en Ucrania. Mientras Moscú cerca cada vez más a Kiev con sus tanques y sin importarle las graves sanciones a las  que se somete, Pekín observa con cautela una realidad política, en la que da su apoyo a Vladimir Putin pero matiza que debe respetarse la soberanía de todos los países.

Tanto Rusia como China basan su propia estrategia política en su seguridad y ambas potencias mundiales se coordinarán para afrontar esa nueva geopolítica mundial que puede derivar en una división importante entre Occidente, liderado por EEUU, y Rusia con sus aliados y el apoyo de Pekín. ¿Volvemos a la esencia de lo que fue la Guerra Fría?

China sigue muy cerca todo lo que está haciendo Rusia, cuyo presidente, Vladimir Putin, cada vez se siente más seguro una vez que recibió la autorización de enviar tropas al extranjero y tras el reconocimiento de Donetsk y Lugansk pese al apoyo financiero y militar con el que ha sostenido a los separatistas y tras el rechazo continuo de Kiev a conceder un estatus especial a la zona, y así Putin anunció esta misma semana su reconocida independencia ratificando sendos tratados de amistad con las autoproclamadas Repúblicas Populares.

Una situación que recuerda a febrero de 2014, cuando Putin pidió al Parlamento que le permitiese reforzar su presencia militar en la base rusa de la península de Crimea «por la situación extraordinaria en Ucrania y la amenaza que pesa sobre la vida de los ciudadanos rusos» y luego, 15 días después, los rusos ocuparon Crimea en una guerra que ocasionó unos 14.000 muertos.

Y ahora qué sucederá. ¿Será el próximo objetivo ruso invadir Kiev? Eso sí, veremos qué pasa con las sanciones que golpean duramente los intereses económicos rusos y veremos también si estas medidas son suficientemente disuasorias para frenar la escalada bélica que ha iniciado Moscú contra Ucrania.

Rusia hace una importante caja con el dinero recibido de gas y petróleo. Las sanciones marcan la nueva realidad económica rusa, aunque este aspecto está claro que no le influye mucho a Putin, una realidad económica que supondrá una importante alza de los precios de los carburantes que hacía años no se veía.

El 40 por ciento del gas que la Unión Europea (UE) importa es ruso y llega a una quincena de países europeos a través de tres grandes gaseoductos, es decir, 95.000 millones de metros cúbicos diarios por el Nord Stream (desde el norte hacia Alemania) y el Yamal y por Bielorrusia, y otros 175.000 millones de metros cúbicos por el Soyuz, por Ucrania.

En el fondo, esta grave crisis de Ucrania ha servido para poner sobre el tapete las distintas estrategias sobre la seguridad energética en Europa. Y más ahora, que Alemania acaba de bloquear esta misma semana la certificación del gasoducto Nord Stream 2 como respuesta a la iniciativa de Putin de reconocer a los territorios separatistas prorrusos de Ucrania.

Ahora toca reflexionar y actuar de inmediato a EEUU y a la UE, pues Putin considera a Washington y al organismo comunitario muy débiles, pero está claro que el gobernante ruso no quiere a la OTAN en sus fronteras y nadie descarta que un día de estos los tanques rusos duerman ya en Kiev.

De esta forma, hincando el diente en la geopolítica mundial, tanto Rusia como China se coordinan y se coordinarán para favorecer sus propios intereses, pero es obvio que una desestabilización global no les favorece, aunque a Moscú le da todo igual, pero a Pekín no le interesa que sus influencias se vean «tocadas» en sus políticas exteriores dado su enorme intervención económica en los cinco continentes.

China y su imperialismo se basa en la construcción de obras públicas, influye en las políticas de estos países sin conquistar territorios centrándose en las materias primas y en la energía que el gigante asiático necesita para su desarrollo interno, y ahí está el caso de la actual Ucrania, de cuyo suelo se nutre el gigante asiático como el mayor importador de los productos agrícolas ucranianos.

El territorio chino puede presumir de tan solo un 12,6 % de tierras cultivables y Ucrania, antiguamente conocida como «el granero de Europa», posee algunas de las tierras más fértiles de todo el mundo. Guerras entre grandes potencias se desencadenaron a lo largo de la historia por el control de este territorio. Ucrania es ahora mismo el cuarto país del mundo en producción de maíz, el noveno en trigo y es líder mundial en girasol. China depende de esos recursos para alimentar a su creciente población. Y lo mismo pasa con África, donde el gigante asiático ha superado ya al Banco Mundial (BM) como el mayor «prestamista» individual para el continente africano.

Putin quiere mostrar al mundo su seguridad y no va a permitir perder terreno ante sus principales rivales, reforzando además la alianza geopolítica con China. Hay que tener en cuenta la actual situación mundial, sus propios intereses y sobre todo los factores que están sujetos a los condicionantes económicos entre unos países y otros. Pero eso sí, Pekín estudiará con lupa todo lo que Moscú haga en Ucrania por si acaso mañana le viene bien en sus anhelos de «incorporar» Taiwán a su República Popular de China.

Pero tanto Taiwán y Ucrania se han convertido en dos escenarios de posibles conflictos y de inestabilidad mundial con el protagonismo directo de China, Rusia y Estados Unidos. China va imparable a convertir el siglo XXI en el siglo de la República Popular. La segunda potencia económica mundial, que ya presume de su supremacía en Inteligencia Artificial (IA), quiere llegar a 2049, centenario de la fundación del país, con Taiwán ya incorporado a esa gran nación a la que aspira Xi Jinping, mientras Rusia añora reconquistar todo lo posible para volver a lo que fue la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y Ucrania es una pieza suelta que impide a Vladimir Putin lograr sus objetivos imperiales.

Mientras los tanques rusos no se detienen en su camino, tal vez hacia Kiev, Taiwán ha puesto en alerta a su Ejército y a las Fuerzas de Seguridad, cuya presidenta, Tsai Ing-wen, ha manifestado la importancia de estar «preparados para la actividad militar en la región» en medio del aumento de tensiones entre Rusia y Ucrania.

No obstante, tal como señala el rotativo chino Global Times, «Moscú está decidido a tomar medidas para que EEUU y la OTAN respondan a sus preocupaciones de seguridad, pero China tiene lazos estratégicos con Rusia, y en esta reciente situación, al igual que en el asunto de Crimea, China se está manteniendo neutral», resalta.

Putin se ha saltado los Acuerdos de Minsk, que apoya China y defiende la integridad territorial de Ucrania, mientras Francia y Alemania acusan al presidente ruso de convertir los acuerdos de Minsk en papel mojado. Ucrania ha decretado el estado de excepción y acusa a Rusia de «agresión armada».

¿Estamos al borde de una Tercera Guerra Mundial? Creo que no, pero la situación es muy insostenible y realmente peligrosa. Ucrania vive una situación prebélica, mientras países vecinos como Hungría y Polonia refuerzan sus fronteras y se manifiestan abiertamente a favor de la soberanía territorial de Ucrania, mientras los mercados se ven salpicados por el conflicto ucraniano, en especial el petróleo, además de la subida de los precios de todas las materias primas, la mano de obra, la luz, el agua, el gas, creando con ello una enorme inestabilidad que supondrá un retraso en la recuperación económica mundial cuando aún la COVID-19 y sus variantes siguen bloqueando la normalidad.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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