Se cumplen 50 años de la visita histórica de Richard Nixon a China

Comparte esta noticia:

Madrid. En febrero de 1972 y en plena Guerra Fría, el entonces presidente estadounidense, Richard Nixon, viaja a China para una cita histórica con el gobernante chino, Mao Zedong, que acercara dos potencias en aquel momento enemistadas con la antigua URSS y dándose hoy la paradoja de que tanto Pekín como Moscú son ahora los que están coordinados por su amistad y enfrentados a EEUU.

La «diplomacia del ping-pong» propició el acercamiento. Se llamó así porque fue a partir del viaje a China del equipo estadounidense de tenis de mesa en 1971 cuando Washington empezó a plantearse las relaciones con un país que en aquellos momentos era considerado hostil.

Todo ello coincidía en 1971, cuando un equipo de jugadores estadounidenses se encontraba en Japón disputando el Campeonato del Mundo de tenis de mesa, un deporte muy popular en China con unos 100 millones de practicantes y entonces fue cuando se cursó una invitación del gigante asiático al equipo de EEUU para disputar un partido de exhibición, lo que supuso que fueran los primeros ciudadanos de EEUU en visitar la República Popular China desde la llegada de Mao Zedong al poder en 1949 y con ello comenzó el deshielo tras muchos años de distanciamiento bilateral entre los dos países.

Precisamente, el acercamiento entre China y EEUU se produjo en un momento en que ambos países vivían situaciones tensas, dado que, por un lado, China se consumía en el caos con la Revolución Cultural y, por otro, Estados Unidos padecía la tensión de sus numerosas protestas contra la guerra de Vietnam. O sea, los chinos estaban muy ocupados por sus asuntos internos y los estadounidenses afrontaban toda su repercusión política por su presencia militar en Vietnam.

No obstante, si Mao Zedong pensaba que era un acercamiento estratégico para China, Nixon lo consideraba una oportunidad para su política exterior y redefinir su liderazgo internacional y, así, apaciguar las tensiones en el sudeste asiático con la intervención militar de EEUU en Vietnam y el envío de tropas a Camboya.

Nixon quería estar seguro que Mao le invitaría a visitar China, y por ello antes, el 15 de julio de 1971, el presidente Nixon anunció que había sido invitado a visitar China, y todo surgió después de que Henry Kissinger, consejero de Seguridad Nacional, visitara Pekín con el mayor sigilo para preparar luego la visita de Nixon.

Una visita espinosa pero compensatoria para ambos países, teniendo en cuenta que ya Nixon había advertido a Kissinger que en ningún momento debía parecer como que Estados Unidos estaba traicionando a Taiwán y que debía ser lo más enigmático posible sobre la disposición de Washington de hacer concesiones en este tema y más cuando EEUU nunca apoyó la solución de «dos Chinas» ni de «una China-un Taiwán», sino que aceptaría cualquier evolución política acordada por las partes y que esperaba que esa evolución fuera pacífica.

De esta forma, Richard Nixon y Mao Zedong tuvieron ese encuentro histórico el 17 de febrero de 1972 viajando a Pekín, Hangzhou y Shanghái, en la que fue recibido por los líderes del Partido Comunista Chino y el propio Mao Zedong, y con este viaje empezó el proceso de acercamiento entre China y Estados Unidos, lo que a su vez cambió la dinámica de la Guerra Fría y el enfrentamiento político y económico tras la Segunda Guerra Mundial que dividió el mundo en dos bloques liderados por EEUU y la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Pero estaba claro que Pekín y Washington tenían un interés común, que era alinearse contra Moscú, según analistas de la época, y de hecho el propio Nixon ideó el camino de las relaciones entre Estados Unidos y China, que finalmente resultó en una estrecha integración económica ya en este principio del siglo XXI. Eso sí, con esta visita, China, y ya con Mao fallecido, comenzó una serie de reformas que eran necesarias para integrarse en la comunidad internacional y hoy ya el gigante asiático compite con EEUU para liderar al mundo, y todo indica que el siglo XXI es el siglo de China.

De esta forma, en unos 65 minutos, Mao y Nixon intercambiaron todo tipo de asuntos conduciendo el encuentro al deshielo y al mismo tiempo atacando a la URSS. Al final de esa cita el propio dirigente chino le dejó todas las vertientes a Zhou Enlai, su primer ministro desde 1949, y dio su bendición: «Me gustan los derechistas porque, a diferencia de la izquierda, que dice una cosa y luego hace lo contrario, hacen que las cosas sucedan».

La popularidad de Nixon caía en picado en su país a medida que la guerra de Vietnam se eternizaba, y que fue una de las principales razones por las que planteó este viaje, según analistas. Además, Estados Unidos estaba enfrentado en una guerra con un país al que China ayudaba y Nixon sabía que, sin apoyo de Pekín, el conflicto nunca terminaría. Y sin olvidar el papel importante que tuvieron los chinos en la guerra de Corea (1950-53).

Por su parte, Mao venía de rechazar la tutela de la Unión Soviética, a la que calificó de «revisionista» y con la que casi llega a las manos tras una fuerte disputa territorial en el verano de 1969: «Era una China encerrada en sí misma, en medio de una gran lucha ideológica -en referencia a la Revolución Cultural, que dejó miles de muertes- e incapaz de desarrollarse», señala el analista chino Víctor Gao.

Obviamente no hay que olvidar que en las simpatías estadounidenses por Taiwán, isla que China aún hoy reclama, Nixon recurrió a su consejero y futuro secretario de Estado, Henry Kissinger, quien firmó el llamado Comunicado de Shanghái en el que Washington reconocía -pero no respaldaba- el principio de «Una Sola China», según el cual Pekín es el único como Gobierno chino.

China y EEUU acabaron formalizando relaciones en 1979, pero para entonces el escándalo del «Watergate» ya había abrasado a Nixon, de quien en Pekín aún guarda una imagen positiva: «Abrió la puerta a que nos reencontráramos gracias a su visión, coraje y sabiduría. Convirtió a dos enemigos en socios», argumenta el analista Gao.

En cuanto a las relaciones entre Rusia, EEUU y China, o sea, hoy día entre Washington y Pekín, naufragan entre reproches mutuos, dado que los estadounidenses ven a China como un enemigo y su preocupación es contemplar la cada vez mayor hegemonía china en el mundo, y en cuanto a Moscú, hay que decir que si en su momento la visita de Nixon buscaba aislar a la antigua URSS, hoy día las cosas son bien diferentes, con Pekín y Moscú alineados frente a lo que consideran amenazas a su seguridad y acusando a Washington de inmiscuirse en asuntos internos de sus respectivos países.

En definitiva, tanto China como Rusia se respetan y coinciden en oponerse a que Estados Unidos les acose. Y ahora, con la actual situación en Ucrania y las tensiones latentes en Taiwán, las relaciones entre las tres potencias van a determinar el rumbo de lo que todos los días estamos llamando «el nuevo orden mundial».

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.