De ‘Made in China’ a ‘Made in’ India o Vietnam: las empresas transnacionales buscan diversificar su producción

Billetes vietnamitas. | Imagen de YUSUKE KOIKE en Pixabay
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Madrid. Desde diciembre de 2022 China suavizó considerablemente su draconiana política de ‘cero coronavirus’, que ralentizaba el crecimiento del gigante asiático y mancillaba su imagen financiera. A pesar de esto, múltiples empresas extranjeras son escépticas al respecto y buscan formas de diversificar su dependencia de la producción china. La noticia en marzo fueron las declaraciones de funcionarios regionales indios de la construcción de una nueva fábrica de Foxconn (compañía taiwanesa que provee gran parte de los productos de la norteamericana Apple) en el estado meridional de Karnataka, en las afueras de la megalópolis india de Bangalore.

El director ejecutivo de Foxconn, Young Liu, visitó la ciudad y se reunió con el gobierno local, además de encontrarse con el primer ministro indio, Narendra Modi. Según fuentes de Bloomberg, citadas por una variedad de medios, Apple está planeando trasladar el 25 % de su producción a India.

Esta noticia sigue la reciente tendencia por parte de Apple y su proveedor taiwanés de explorar nuevos horizontes y alternativas al mercado chino, que en los últimos años se hizo más volátil y menos predecible. La guerra contra la COVID-19 desencadenada por el presidente chino, Xi Jinping, aisló del mundo a ciudades enteras como Shanghái o Shenzhen, asestándole un fuerte golpe a las cadenas de suministro de múltiples transnacionales. Varias fábricas se vieron obligadas a alojar a sus empleados en las propias instalaciones para que estos pudieran trabajar, además de sufrir considerables pérdidas en producción y un aumento de gastos en suministros. Los menguantes ingresos llevaron a que los sueldos de los trabajadores quedasen retenidos en muchos casos, causando numerosas protestas. Al final, tras las mayores manifestaciones desde la masacre de Tiananmen en 1989, Pekín cedió.

Una población menguante, un incremento en el coste de la mano de obra, una congelada crisis inmobiliaria, la guerra comercial con Washington y la monopolización del poder absoluto por el nuevo Gran Timonel Xi. Estos factores le restan puntos a Pekín para los inversores internacionales. De ahí que Hong Kong, que era antes el puente para canalizar las inversiones entre el mercado libre y la economía china dominada por el Estado, está decayendo en importancia y perdiendo paso a paso su soberanía.

Todo eso hace que las viejas tácticas de atraer a extranjeros con preferencias económicas, una mano de obra barata y un gigantesco mercado interno intacto y abierto para ser conquistado ya no funcionen. Otras economías emergentes, como la del vecino Vietnam, por ejemplo, poseen lo que China ya no tiene: alto porcentaje de jóvenes, leyes laborales laxas y salarios bajos, además de la cercanía con los grandes mercados. Pero principalmente, tanto India como Vietnam y otras naciones del Sudeste Asiático siguen siendo predecibles y no se encuentran bajo la amenaza de un conflicto con Occidente.

Para evitar quedar demasiado expuestos a estos riesgos, que no hicieron más que exacerbarse con las medidas contra la pandemia, las empresas mueven parte de su producción a mencionados países. Foxconn y otras empresas que suministran a Apple (como Pegatron y Luxshare) ilustran perfectamente este proceso. La empresa taiwanesa lleva trasladando a Vietnam desde 2020 una parte considerable de la producción de los cascos AirPods y desde mediados de 2022 por primera vez la de los relojes inteligentes Apple Watch, las tabletas IPad o los portátiles MacBook. JPMorgan vaticina que el 65 %, 20 %, 20 % y 5 % de los respectivos productos serán producidos en el país para 2025.

En cuanto a India, la ciudad de Bangalore está emergiendo como el centro tecnológico del Indostán, como un nuevo Shanghái indio. En enero, el ministro de Comercio, Piyush Goyal, afirmó que su país amasaba ya entre un 5 % y un 7 % de la producción de los productos de Apple. Además de la nueva fábrica, Foxconn planeaba en noviembre expandir las instalaciones ya existentes en el estado de Tamil Nadu, para cuadruplicar la mano de obra empleada hasta los 70.000. Esta intención la demostró la construcción de hostales alrededor de la fábrica para alojar a los nuevos trabajadores. En marzo, Apple implementó nueva legislación laboral en el estado de Karnataka (cuya capital es la megalópolis de Bangalore) que extendía la jornada laboral máxima a 12 horas diarias, además de expandir las horas extra al mes. La ley también aflojó las restricciones del trabajo nocturno para las mujeres, que a diferencia de otros estados emergentes especializados en la manufactura están sobrerrepresentadas en la mano de obra india.

En octubre, el ‘think tank’ americano CSIS (Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos) publicó una encuesta de más de 500 ejecutivos de empresas taiwanesas. El estudio llegó a la conclusión de que gran parte de los empresarios estaban preocupados por la situación en China y por los crecientes riesgos que conlleva. Además, la mayoría prefería establecer marcos económicos con sus aliados ultramarinos en Washington que con Pekín.

La encuesta llevada a cabo por CSIS llegó a la conclusión de que la mayoría de los empresarios taiwaneses estaban preocupados por la situación en China, los riesgos que conlleva y por la extrema dependencia de la China continental. La mayoría, además, prefería marcos económicos occidentales a los chinos, debido a la retórica del Gobierno de Xi sobre la isla rebelde. Pero el hallazgo más importante era que las compañías estaban moviendo su producción fuera de China a cantidades récord.

Sin embargo, los taiwaneses no son los únicos que procuran diversificar su dependencia de Pekín. Durante los confinamientos de 2022 que cortaron las cadenas de suministro, la sueca Volvo se vio obligada a buscar chips y otros componentes claves para sus coches en otros lugares. En julio del año pasado anunció que abrirá una nueva fábrica en Eslovaquia, después de 60 años produciendo fuera de Europa. Otro gigante de producción de automóviles, la holandesa Stellantis (propietaria de marcas como Opel, Peugeot, Citroën, Chrysler o Maserati) cerró su planta de producción en China, decisión seguida de acusaciones por parte del gobierno chino de «faltarles el respeto a los consumidores».

A pesar de las tendencias actuales, ni la India, ni Vietnam ni ningún otro país de la región puede aún compararse con el volumen de producción chino. La pandemia ha acabado y la economía china está de nuevo abierta al mundo. El gigante asiático puede presumir de una mano de obra cada vez más educada, que le da una ventaja ante sus rivales regionales. China sigue siendo un importante nexo de las cadenas de suministro mundiales que las empresas no están dispuestas a sacrificar.

En el caso de Foxconn, su fábrica más grande sigue estando en la ciudad china de Zhengzhou que amasa 200.000 trabajadores. La India, mientras tanto, tampoco es un paraíso: en diciembre la fábrica en Tamil Nadu permaneció cerrada durante varias semanas debido a manifestaciones en la región tras una intoxicación colectiva.

Para retomar la iniciativa, el Gobierno chino organizó en marzo dos foros económicos: el China Development Forum (también conocido como el Davos chino) y el Foro Económico de Boao. A pesar de la ausencia de muchos occidentales, Pekín acogió a varios delegados importantes, tales como Tim Cook (director de Apple), Ray Dalio (multimillonario estadounidense), Henry Kissinger (exsecretario de Estado americano) y Kristalina Georguieva (gerente del Fondo Monetario Internacional, FMI). La segunda reunión en la provincia de Hainán incluía, entre otros invitados, al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, por ejemplo.

Es un hecho que las empresas occidentales están reconsiderando su dependencia de China, pero no se podría afirmar que están abandonando este lucrativo mercado. Lo que ocurre es que las transnacionales como Foxconn entienden que es demasiado arriesgado poner todos los huevos en la misma cesta, especialmente en una época tan volátil como lo es la actual. El gigante asiático seguirá estando entre los líderes en producción industrial, pero tendrá que compartir las ganancias con vecinos como la India, Vietnam, Indonesia, etc. Por lo tanto, no dejaremos de ver la etiqueta ‘Made in China’, pero sí nos toparemos más a menudo con ‘Made in India’ o ‘Made in Vietnam’.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Economía y Estudios Internacionales de la Universidad Carlos III de Madrid

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