Los JJOO de Tokio, los más tristes de la era olímpica, se celebrarán sin público

Estadio Nacional de Tokio, en Japón. | Arne Müseler / arne-mueseler.com / CC-BY-SA-3.0

Madrid. A menos de diez días para el comienzo de la XXXII edición de los Juegos Olímpicos en Tokio, ya aplazados el pasado año por la pandemia de la COVID-19, su celebración (del 23 julio al 8 agosto) marcará un hito en la historia olímpica al celebrarse a puerta cerrada en la casi totalidad de sus instalaciones debido al aumento de los casos de coronavirus, que sigue destrozando la realidad social y económica mundial, y también la normalidad de un evento deportivo que deja una huella imborrable a deportistas, público y periodistas, una experiencia in situ que no se olvida fácilmente como la que viví al cubrir como reportero los JJOO de Seúl (1988) y luego presencialmente los de Pekín (2008).

A Japón no le quedaba otra alternativa que celebrarlos ahora, serán unos juegos fantasmales, con importantes pérdidas económicas, pero más hubieran sido con su cancelación definitiva, y sobre todo peor aún que Tokio esperase a su próxima fecha disponible, que sería en 2032, una fecha lejana en la que toda la infraestructura actual quedaría obsoleta y necesitaría otros presupuestos para afrontar en ese momento otra realidad económica-deportiva del país.

Está claro que los JJOO tienen mucho dinero por medio. Una segunda cancelación traería graves consecuencias económicas, cuyo presupuesto inicial, incrementado en 2.800 millones de dólares para hacer frente al aplazamiento del pasado año, supondría pérdidas de 42.600 millones de dólares y una contracción del 0,2 por ciento del PIB nipón, señaló en su momento la asesoría financiera Bloomberg.

Se celebrarán con el sueño nipón de que los Juegos, por muy siniestros que sean al carecer del calor humano, sirvan como una demostración colectiva de los deportistas para derrotar la COVID-19 y al mismo tiempo con la esperanza del comienzo de una nueva etapa a nivel global. El nuevo “estado de emergencia” en el país por el aumento de los contagios ha desubicado aún más todo el sistema infraestructural previsto para los Juegos Olímpicos de este verano.

Las precauciones son altas, pero poco más del 15 por ciento de la población nipona se ha vacunado por completo hasta ahora, y los expertos temen que la variante Delta pueda provocar una nueva ola que sature los hospitales de Japón, donde sí se impusieron varios estados de emergencia sanitaria desde 2020.

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, cuya ceremonia de inauguración está prevista para el 23 de julio de 2021, cuenta con competiciones en nueve prefecturas del país: Tokio, Chiba, Saitama, Kanagawa Fukushima, Hokkaido, Shizuoka, Ibaraki y Miyagi. Las seis primeras han dicho que no permitirán la entrada de público y las otras tres se ceñirán al límite de aforo (de algunos miles) fijado por las autoridades niponas.

No obstante, los propios organizadores anunciaron que los Juegos iban a celebrarse con un máximo de 10.000 espectadores en las gradas, aunque señalaron que se reservaban la opción de que las competiciones fueran a puerta cerrada en caso de repuntes de contagios. Lo que está claro es que se han tenido que superar infinidad de obstáculos hasta poder contemplar la meta que supone la fecha de inauguración de los Juegos, el mayor de los cuales ha sido la pandemia, que obligó a retrasar un año el evento y ha alimentado numerosos rumores sobre la cancelación de la cita deportiva.

Los Juegos Olímpicos llegan en un momento donde la oposición interna al evento deportivo, aunque parece haberse relajado en las últimas semanas, todavía representa a más de la mitad del pueblo japonés que no quiere que se celebren.

Unos Juegos diferentes a todos los anteriores. Unos Juegos donde los aficionados extranjeros se quedan sin poder asistir y los atletas permanecerán alejados del público. Los deportistas han tenido que viajar sin familiares, cuyos atletas se someterán a fuertes restricciones que incluyen test diarios y la prohibición de viajar, excepto entre las sedes y la Villa Olímpica.

En suma, unos Juegos donde las estrictas normas para los 11.100 atletas que residirán en la Villa Olímpica incluyen que no se les permitirán acceder a ella hasta cinco días antes de su primera competición y deberán abandonarla, como muy tarde, dos días después de la última competición en la que hayan participado, además de mantener las distancias y evitar todo tipo de contacto físico.

Los JJOO modernos cumplen 125 años. El 6 de abril de 1896 se inauguraron en Atenas los primeros Juegos Olímpicos de la modernidad. Han pasado 125 años desde entonces, y los Juegos han sobrevivido a dos Guerras Mundiales, y ahora en Tokio 2021 toca que sobrevivan a esta pandemia que tanto daño, inmenso, brutal, está haciendo a todo el planeta.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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