Joe Biden despliega múltiples medidas para contener y competir con China

David Starkopf / Office of Mayor Antonio R. Villaraigosa, Flickr

Washington. El Senado de Estados Unidos aprobó el pasado 10 de junio el proyecto de ley Innovation and Competition Act of 2021 con 68 votos favorables y 32 en contra. Fomentar el desarrollo tecnológico y restringir las actividades de China es uno de los pocos temas que goza del apoyo casi unánime por parte de Demócratas y Republicanos. La legislación aún debe ser ratificada por la Cámara de Representantes y sufrirá modificaciones. Pero ya se han fijado los elementos fundamentales de un proyecto de ley de 1400 páginas que acabará firmando el presidente Joe Biden.

Antes de ser refrendado por el pleno del Senado, fue examinado y forjado en seis comités de la cámara alta. Los expertos consideran el Innovation and Competition Act of 2021 como el instrumento legislativo más importante que ha desplegado EEUU en su intento de mantener el liderazgo económico y tecnológico mundial.

El líder de la mayoría Demócrata en el Senado, Chuck Schumer, declaró que “esta legislación pactada entre Demócratas y Republicanos será la mayor inversión en investigación científica e innovación tecnológica desde hace generaciones, situando a EEUU en una posición de poder liderar el mundo en las industrias del futuro”.

La legislación CHIPS for America Act del senador republicano John Cornyn otorga 50.000 millones de dólares para estimular la producción nacional de semiconductores y ha sido incorporada al proyecto de ley más amplio. La legislación contiene un paquete de medidas destinadas a financiar la I+D+i y sectores concretos que carece de polémica. Otras potencias económicas promueven su tecnología en la cuarta revolución industrial mediante financiación pública.

El proyecto de ley prevé 81.000 millones de dólares para la National Science Foundation para el periodo 2022-2026, 52.000 millones para apoyar la producción nacional de semiconductores, y 16.900 millones para I+D+i para el ministerio de Energía para cadenas de suministro vinculadas a la energía en diversos sectores tecnológicos. Proporciona además fondos federales que complementan los que puedan conceder los estados y los municipios para atraer e incrementar la fabricación de semiconductores.

Samsung, de Corea del Sur, y Taiwán Semiconductor Manufacturing Corporation, de Taiwán, suministran un alto porcentaje de los semiconductores a nivel mundial. Prueba de ello es que la tensión entre Beijing y Taiwán generada por las maniobras militares chinas frente a las costas de Taiwán frenó el ritmo de producción de vehículos eléctricos en China. 

Entre 2016 y 2019, EEUU asimismo importó de China el 80% de los minerales de tierras raras que empleó como materia prima. Los 17 minerales de tierras raras (como el escandio, itrio, lantano o cerio) tienen propiedades magnéticas y electroquímicas indispensables para el desarrollo de productos de alta tecnología. Son imprescindibles para fabricar móviles, baterías para vehículos eléctricos, medicamentos y armamentos. Es lógico que haya consenso en EEUU sobre la necesidad de que sus cadenas de producción de móviles, vehículos eléctricos, computadoras de última generación, robots y armamentos no dependan del suministro de componentes procedentes de China, Corea del Sur y Taiwán.   

Los observadores consideran que los legisladores Demócratas y Republicanos han logrado en el proyecto de ley un equilibrio entre el estímulo de la producción nacional de semiconductores y otros productos, el impulso a la investigación científica y medidas para frenar las prácticas de China que la sociedad estadounidense percibe como una amenaza. Si se aprobara la versión actual del proyecto de ley, la financiación pública para tecnología e investigación ascendería a 200.000 millones de dólares. La iniciativa Made in China 2025 ha proporcionado 200.000 millones de subvenciones a empresas tecnológicas chinas. 

Siguiendo el proceso del CFIUS (Comité de Inversiones Extranjeras en EEUU) Barack Obama ya vetó la adquisición de empresas tecnológicas occidentales (como Qualcomm y Aixtron) por parte de capital chino o no americano. Mediante una orden ejecutiva, el presidente Biden ha ampliado las restricciones de inversores de EEUU en 59 empresas chinas con supuestos vínculos con sus fuerzas armadas y otras entidades que llevan a cabo tanto dentro como fuera de China actividades de espionaje tecnológico y supervisión y ejecución de represión de los derechos humanos.

China oficialmente niega que un millón de uigures de religión musulmana de la provincia de Xinjiang estén en campos de reeducación. Alega que han cursado programas de formación.

El proyecto de ley, ¿impulso al liderazgo tecnológico de EEUU o restricción a la ambición geopolítica de China?

La Casa Blanca aseguró que la orden ejecutiva impedirá que fondos privados de EEUU financien a dichas 59 empresas, a las cuales se les atribuye un papel fundamental en la promoción de las ambiciones geopolíticas chinas.

Entre las 59 se encuentran, además del conocido caso de Huawei, Aero Engine Corporation, Aerosun Corporation y Fujian Torch Electron Technology. Estas restricciones fueron introducidas por la administración Trump, que las aplicó a 48 empresas. Su sucesor considera que las ha circunscrito a las empresas que trabajan con el sector militar chino y sus servicios de inteligencia, además de las que están involucradas en la situación en Xinjiang.

Por ahora, el gobierno estadounidense mantiene los aranceles sobre una gran parte de las exportaciones chinas. Desde la aprobación del acuerdo comercial de primera fase entre Washington y Beijing en febrero de 2020, el arancel medio sobre las importaciones de China es del 19,3%, un nivel seis veces superior al existente antes de las guerras comerciales, aranceles que afectan a un 66% de las exportaciones chinas.

En el sentido inverso, el arancel medio a las exportaciones de EEUU a China se mantiene en un 20,7%. Los aranceles aplicados por China como respuesta a los impuestos por Trump afectan al 58% de las exportaciones. La administración Biden no ha modificado los aranceles. Es altamente improbable que lo haga, pudiéndose reducir si China comprara los 200.000 millones de dólares en productos industriales, agrícolas y energéticos estipulados en el acuerdo para 2020-2021.

La Casa Blanca estudia si imponer más sanciones a cargos chinos a quienes acusa de dirigir los polémicos campos en Xinjiang. Por otra parte, se aprobarán de ahora en adelante visados turistas para viajar a EEUU de poca duración para ciudadanos chinos que sean miembros del Partido Comunista. El Parlamento chino reaccionó a la aprobación de la ley en el Senado instando a EEUU a paralizar dicho proceso legislativo. 

El Congreso de EEUU tiene periodos vacacionales, otras prioridades legislativas y hay que conciliar el Innovation and Competition Act del Senado con la versión que apruebe la Cámara de Representantes. Esto significa que pueden pasar varios meses antes de que esté listo para la firma de Biden.

Su asesor de seguridad nacional afirmó que no había ningún plan para un encuentro con Xi Jinping a corto plazo, pero recordó que ambos líderes asistirán a la cumbre del G20 en Italia en octubre. Las provisiones de la orden ejecutiva de Biden respecto a las 59 empresas chinas sí entrarán en vigor el 2 de agosto.

La gira europea de Joe Biden en junio sumó a su asistencia a las cumbres del G7, OTAN y UE reuniones bilaterales con Vladímir Putin y Recep Tayyip Erdogan. Biden consensuó con los aliados de la OTAN una mecanismo para financiar infraestructuras que rivalice con la Iniciativa de la Franja y la Ruta y la Alianza Atlántica designó a China “como una amenaza sistémica”.

Hasta el momento la estrategia de Biden respecto a China se puede resumir como un mantenimiento -y aumento en algunos casos- de las medidas decretadas por Donald Trump, aguardar el proyecto de ley Innovation and Competition Act que elabore el Congreso, consenso y medidas concretas con los aliados para contener y competir con China y mantener la puerta abierta al diálogo al máximo nivel con la justificación de que los encuentros bilaterales son imprescindibles.

Nadie puede acusar a Joe Biden de no emplear todos los instrumentos a su disposición. Pero desplegar tantas iniciativas sin esperar a la reacción de China conlleva el riesgo de cuál debería ser la respuesta si el liderazgo chino emprende acciones agresivas.

Alexandre Muns

Dr. Alexandre Muns Rubiol Professor, OBS & EAE Business School y exasesor del presidente del Banco Mundial

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