El PCCh chino cumple 100 años sin ceder en su control al gobierno

| Remko Tanis

Madrid. El Partido Comunista de China (PCCh) acaba de cumplir cien años en un momento en el que el presidente chino, Xi Jinping, ha destacado el “ascenso imparable de China” y con la evidencia de la fuerte influencia y toma de decisiones del PCCh sobre el Ejecutivo del gigante asiático.

Cien años son muchos años, pero si además goza de buena salud, la vida del PCCh se antoja larga y con la característica de que seguirá marcando la sociedad de un país camino de convertirse en los próximos años en la primera potencia mundial y con enormes peculiaridades sobre el funcionamiento de la “democracia china”. Una democracia con un partido único que sólo funciona en China.

Pese a las limitaciones sobre las libertades que ejerce sobre una sociedad más informada que en tiempos pasados, pero con grandes dificultades para operar libremente dentro del país, el PCCh, que ya cuenta con 92 millones de miembros, sigue siendo una organización ajena a las críticas y sobre todo con un enorme muro para atravesarlo y conocer mejor todo lo que se cuece dentro de una agrupación política que reivindica su proyecto nacional para seguir en su lucha por lograr la hegemonía mundial con todos sus planes y objetivos.

Cartel publicitario del PCCh en una marquesina de autobús. | Huangdan2060

El presidente Xi Jinping contempla dos etapas (2035 y 2050) en la estrategia para avanzar en los objetivos a cumplir en la continuidad política que ha implantado la enorme influencia del Partido Comunista, dado que del éxito del PCCh depende también el éxito de la República Popular China. Todo el poder del país pasa por el PCCh, que establece sus líneas rojas a la expresión política y la vigilancia o persecución a los disidentes políticos.

Taiwán sigue siendo su verdadero hándicap para las aspiraciones del gigante asiático en su objetivo de lograr la “gran China”, una aspiración en el segundo mandato (2018-2023) de Xi Jinping. Pero la isla no ha sido invadida por la protección que le presta Estados Unidos, que incluso logró que durante años Taiwán fuera la China reconocida en la ONU con asiento en el Consejo de Seguridad, pero con el establecimiento de relaciones entre Pekín y Washington comenzó el aislamiento de la isla taiwanesa por parte del gigante asiático hasta hoy día.

Pero lo que está claro es que la pugna chino-estadounidense marca y marcará una disputa con grandes influencias a nivel mundial en los próximos años, en especial, además de Taiwán, en todo lo concerniente a las reivindicaciones territoriales en los mares de China Meridional y Oriental, al margen de otras consideraciones como la realidad política de Hong Kong, cuya Ley de Seguridad impuesta en la antigua colonia británica ha socavado las libertades de la isla. Y sin olvidar que países como Vietnam busquen aproximaciones con EEUU cuando Pekín no cede en su conquista por su hegemonía por los mares que también reclaman otros países.

China sabe su fuerza y el PCCh no va a flexibilizar su influencia en un país donde política y económicamente puede hacer -nos guste o no- lo que quiera. Lo ha dejado bien claro Xi Jinping: “Nunca permitiremos que las fuerzas extranjeras intimiden, opriman o subyuguen” al país. Pero el PCCh sabe también los numerosos desafíos económicos a los que se enfrenta la República Popular China, que vive un imparable envejecimiento de la población, una importante escasez de mano de obra y un sistema financiero con ciertas debilidades, sin olvidar el importante impacto que tendrá el cambio climático en China y en el resto del mundo en los próximos años.

Desde 1949, el PCCh, fundado en 1921, es la columna vertebral del sistema político chino. Sin el Partido no se puede comprender la historia moderna de China, marcada por infinidad de decisiones políticas de toda índole que han dirigido el enorme crecimiento del país en las últimas décadas. Respetar las tradiciones milenarias y la búsqueda de la estabilidad y modernidad han basado la política que en su día comenzó Deng Xiaoping cuando asumió el control a finales de 1978, y llevó a cabo una serie de reformas que catapultaron al país a un desarrollo monumental.

Y ahora a esperar a 2049. El país celebrará entonces el centenario de la proclamación de la República Popular China. Ya se habrá convertido en la primera potencia mundial y su magnitud y objetivos no habrán tenido obstáculos mientras el asunto de las libertades cívicas habrá que ver cómo ha transcurrido en un mundo global que no será igual que el actual.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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