La ASEAN refleja la inestabilidad de la geopolítica mundial

Banderas de los países de la ASEAN. | Gunawan Kartapranat, Wikimedia
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Madrid. La reunión de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), cuyo foro acaba de concluir esta semana en Manila (Filipinas), ha escenificado la inestabilidad de la geopolítica mundial. Una vez más China ha acaparado su propio protagonismo, como lo ha hecho también Estados Unidos. Los conflictos en Irán, Ucrania y el mar de China Meridional o la tensión permanente en Taiwán han socavado la presente edición del encuentro anual de ministros de Asuntos Exteriores de esa región de Asia y han arrinconado así las perspectivas de las relaciones internacionales.

China no ha dejado de reclamar la soberanía de prácticamente la totalidad del mar de China Meridional, por donde transita cerca del 30 % del comercio marítimo mundial y que alberga importantes caladeros y potenciales reservas de hidrocarburos, frente a las reivindicaciones de Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunéi y Taiwán. Una situación de riesgo aunque lejos de plasmarse en realidad pese a que estas aguas se conviertan en escenario de un potencial conflicto indirecto entre China y Estados Unidos, dado que Washington mantiene un pacto de defensa mutua con Filipinas. Pekín reitera que el mar de China Meridional no debe «obstaculizar» sus lazos con la ASEAN.

La referencia a los efectos económicos derivados de la guerra de EEUU e Israel contra Irán ha sido una constante en las numerosas reuniones mantenidas por los jefes de la diplomacia de la ASEAN y sus principales socios. La viceministra de Asuntos Exteriores de China, Hua Chunying, señaló en este foro multilateral que «el mundo ha entrado en un nuevo período de turbulencia y transformación», una mención importante que no ha pasado desapercibida teniendo en cuenta que Pekín sigue con sus ejercicios militares con fuego real en el estrecho de Taiwán, en especial en un área frente a la costa de la provincia suroriental de Fujian.

China está adoptando una nueva realidad o «normalidad» con Taiwán al tener una mayor presión marítima con menos aviones de guerra en torno al estrecho taiwanés y reforzando su presencia marítima en su costa oriental en un área de vías claves para el comercio mundial, dado que, según el Ministerio de Defensa Nacional de Taiwán, el número de aeronaves chinas detectadas en los alrededores de este territorio cayó un 51 % en el primer semestre respecto al mismo periodo de 2025, hasta un total de 1.334, la cifra más baja en cuatro años. No obstante, como dice Raymond Powell, responsable del proyecto de transparencia marítima SeaLight, China ha reducido su presencia aérea sobre Taiwán, pero aumenta su presencia naval.

«La idea es que vas presionando en los lugares y de las formas en que calculas que tu adversario no tiene nada en su caja de herramientas para responder», señala Powell, y puntualiza que esa dinámica ha terminado por propiciar una mayor colaboración entre los países de la región y EEUU. Taiwán acusó esta semana de intentar «vulnerar la soberanía» de la isla después de que un buque científico chino concluyera un estudio en aguas al este de Taiwán, una actividad que, a juicio de Taipéi, constituye un acto de «guerra cognitiva».

Así, China no solo ha incrementado sus actividades cerca de Taiwán y de archipiélagos e islas periféricas administradas por Taipéi, como Kinmen y Pratas, sino que también ha redoblado sus patrullas en torno a las Senkaku/Diaoyu (bajo control de Japón, en el mar de China Oriental) y en el mar de China Meridional, con foco en el atolón de Scarborough, disputado con Manila, resalta Powell. Un islote en el que la Guardia Costera de China (CCG), el pasado 24 de julio, adoptó «medidas de control» contra varios buques filipinos en aguas próximas a Scarborough en medio del recrudecimiento de las tensiones entre China y Filipinas, lo que supuso las protestas de la Cancillería filipina.

De hecho, Evans Chen, investigador asociado del Instituto para la Investigación de la Defensa y la Seguridad Nacionales de Taiwán, sostiene que China podría imponer un «bloqueo a gran escala» sobre Taiwán en un futuro próximo y duda de que las advertencias de Washington sean suficientes para disuadir a Pekín. Pero todas estas conjeturas entran dentro de la enorme tensión internacional reinante, tal como se ha visto en la reunión de la ASEAN celebrada en Manila.

La reunión de la ASEAN también ha contribuido para que los cancilleres de Japón y China hablasen por primera vez desde el pasado año sobre la disputa sobre Taiwán y sus titulares de Exteriores de Japón, Toshimitsu Motegi, y de China, Wang Yi, respectivamente, tratasen la disputa diplomática a cuenta de Taiwán que tensó la relación bilateral. Pero no hay una jornada con nuevas incidencias en esta zona del Sureste y Nordeste asiático.

La ASEAN no ha sido ajena a temas también relacionados con la geopolítica global o la estabilidad económica con los altos precios del crudo y la propia inestabilidad en las rutas internacionales en el estrecho de Ormuz. La guerra de Irán no termina y el petróleo está cada vez más caro. Además, Australia se quejó a China de desestabilizar el Indo-Pacífico al lanzar recientemente un misil en estas aguas. Pero es obvio que el Indo-Pacífico es una zona fundamental en el contexto mundial. EEUU, India, Australia y Japón, que juntos conforman el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (Quad), reafirmaron en este foro de Manila su compromiso con la «paz y estabilidad» en el Indo-pacífico, ante la creciente influencia regional de China. El Indo-Pacífico es tal vez la región geoestratégica más vital del mundo, al concentrar las principales rutas comerciales marítimas y la competencia entre EEUU y China.

Mientras, Donald Trump se empeña en seguir adelante con su guerra de aranceles y ahora impone otros nuevos a las importaciones procedentes de unos 60 socios comerciales, una medida que supone la última escalada en la guerra comercial mundial que reavivó Trump cuando regresó a la Casa Blanca el pasado año, pero eso sí, la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó que muchos de los aranceles impuestos a nivel mundial en virtud de poderes de emergencia fueron promulgados ilegalmente, y ahora veremos qué pasa de nuevo con el imprevisible y cambiante Trump.

También China y la Unión Europea (UE), que postula por elevar sus relaciones con países del Sudeste Asiático, negocian un acuerdo que evite la guerra comercial, pues la UE quiere agotar la vía de la negociación con Pekín ante las fricciones comerciales y económicas para «evitar una guerra comercial» contra un socio importante y con «capacidad de resistencia», según fuentes comunitarias. Y tampoco Corea del Sur desaprovechó el evento del Sudeste Asiático y su ministro de Asuntos Exteriores, Cho Hyun, pidió a los socios regionales a apoyar los esfuerzos de Seúl para promover la paz y estabilidad en la península coreana, como ocurrió con Birmania (Myanmar), que sigue parapetada desde el golpe de Estado militar de 2021, con apoyos importantes de China en lo militar y comercial. Un gobierno, cuyos militares gobiernan el país con «puños de hierro».

La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático fue creada en 1967 y la forman Birmania, Brunei, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Singapur, Tailandia y Vietnam y Timor Oriental, último país incorporado en 2025, además en sus distintas reuniones participan China, EEUU, Corea del Sur, Japón, Rusia o la UE, lo que supone la enorme vitalidad de sus foros dado la transcendencia de los distintos asuntos políticos que se tratan. La ASEAN alberga unos 685 millones de persona, cuyo PIB se acerca a los 3,9 billones de dólares.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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