Kim Jong-un se impone, Putin lo necesita para su guerra, Xi lo consolida y Trump se tambalea

Comparte esta noticia:

Madrid. Donald Trump todavía no se ha enterado de que su «buen amigo» Kim Jong-un hace caso omiso a todo lo relacionado con su programa nuclear. El líder norcoreano no se puede quejar ante tantas posibilidades de encauzar una paz definitiva en la península coreana y más cuando Corea del Norte vive un periodo de gran estabilidad política y económica, el mejor desde la década de 1960. Pyongyang considera su programa nuclear como un asunto innegociable y pese a su alianza estratégica con Rusia, sus fuertes vínculos con China, y la reducción de las maniobras militares de Estados Unidos y Corea del Sur, cuyos ejercicios pasaron de once a cinco días, no van a contribuir a modificar ni un ápice su programa nuclear que se erige como el principal escudo protector para la supervivencia del régimen de Kim.

Kim Jong-un es un experto en ganar «guerras mediáticas», sabe provocarlas y sabe afrontarlas. Y precisamente ahora que Trump quiere verse con el líder norcoreano tras su nueva estrategia en la península coreana al reducir en este mes de agosto las maniobras militares conjuntas entre EEUU y Corea del Sur, Kim vuelve a ganar rédito a costa de EEUU, pues ya lo ha conseguido con Rusia y lo consolida con China, países que han estrechado sus vínculos con Pyongyang, e incluso han pasado por alto esta semana el lanzamiento de unos 10 misiles balísticos de corto alcance al mar de Japón (llamado mar del Este en las dos Coreas), en señal de protesta a los ejercicios militares pero sobre todo para mostrar la «rotunda firmeza» de Corea del Norte en su compromiso nuclear.

La península de Corea se mantiene en su tensión estructural. Estados Unidos, Rusia y China se disputan a Kim Jong-un. El régimen dotado de armas nucleares, sometido desde hace décadas a sanciones internacionales, pero el país vive su mejor momento económico desde la fundación de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) en 1948, en una etapa de enorme bonanza política y de un respiro económico impulsado por la consolidación de alianzas estratégicas y militares con China y Rusia, país al que se espera que vayan más soldados a combatir en Ucrania, pero, de momento, no hay confirmación de nuevos envíos de tropas. La propia Agencia de Inteligencia de Defensa estadounidense (DIA) estimó que Corea del Norte ha desplegado más de 16.000 soldados en Rusia desde octubre de 2024, y se cree que muchos de ellos han muerto o resultado heridos. También se cree que Pyongyang ha suministrado a Moscú más de 15 millones de proyectiles de artillería.

El régimen de Pyongyang no se siente presionado por las concesiones y el buen tratamiento que le quiere dispersar Trump. Kim Jong-un reafirma constantemente sus lazos con Rusia, tiene con Moscú el Tratado de Asociación Estratégica (TAE) y apoya a Vladimir Putin enviando soldados a Ucrania, mientras que China ha dejado de exigir la desnuclearización de Corea del Norte. Trump se confunde si cree que su «buen amigo» Kim le va a hacer caso, pero también es cierto que el régimen no va atacar a nadie, pese a sus buenas relaciones con Moscú y Pekín, como tampoco se contempla que EEUU o su vecina del Sur o Japón vayan a atacar a Corea del Norte. El programa nucleas es su mejor defensa para asegurar el régimen y la estabilidad política de la dinastía de los Kim, lo demás es marear la perdiz.

Pero esta decisión de Trump argumentando ahorro económico no es verosímil, pues presiona más a Corea del Sur con su justificación. Así pues, es una decisión de mayor respeto a Pyongyang con su osada iniciativa de abrir un canal directo a través de una relación personal con Kim Jong-un que no garantiza éxito alguno para el objetivo de analizar el programa nuclear norcoreano. Hay dos alusiones que no pueden pasar desapercibidas tras esta nueva, y no será la última, de las estrategias repentinas, imprevistas, imprevisibles, espontáneas y ciclotímicas del presidente estadounidense en la reducción de las maniobras militares y en su geopolítica mundial.

Por una parte, Corea del Norte ha manifestado que no tiene tanto interés en un encuentro con Trump e incluso Kim Yo-jong, hermana y mano derecha del líder norcoreano, subrayó que desconoce que exista ningún tipo de contacto entre Trump y Kim para relanzar un posible encuentro entre ambos, lo que mostró con ello su indiferencia a los deseos de Trump por verse con Kim, quien ya ha obtenido un buen rédito político, pero lejos de una definitiva estabilidad política en la península coreana y, por otra, Trump presiona a Seúl que ayude a EEUU a romper el estancamiento en el conflicto que mantiene con Irán, además de un intento pueril queriendo «construir» un acercamiento con Pyongyang a costa de Corea del Sur, su mejor aliado en Asia junto con Japón, que busca reconfigurar sus alianzas y reforzar sus lazos militares con Australia. Eso sí, Corea del Norte atraviesa un buen momento político y económico, de ahí que la posibilidad del levantamiento de las sanciones, que siguen vigentes, con esta nueva iniciativa de Trump, Kim se lo pensará dos veces, pero sin restricciones en su programa nuclear.

Japón anda cada vez más preocupado por la errática política de Trump en la región. Japón aumenta su presupuesto en Defensa que ya ronda en el 2 por ciento del PIB por la creciente tensión regional y el expansionismo militar de China. Y lo que sí es evidente que el incremento sostenido de las capacidades militares chinas -especialmente en torno a Taiwán y a las islas Senkaku/Diaoyu– ha llevado a Tokio a replantearse los fundamentos de su política de seguridad, la cual responde a la presión de la carrera armamentista impulsada por el programa nuclear norcoreano y la expansión de China, país que ambiciona la incorporación de Taiwán.

El hecho es que la reducción de las maniobras militares ha sido una sorpresa para las dos Coreas. Pyongyang sostiene su propia seguridad, pues si después de dos cumbres históricas entre Kim y Trump, en junio de 2018 en Singapur, y la de Hanói, en febrero de 2019, respectivamente, el presidente estadounidense aún no se ha dado cuenta de la realidad política norcoreana es que está muy lejos de sus ambiciones para poner fin a la nuclearización norcoreana.

En Corea del Sur, la reacción es de cautela y cierta preocupación, pues existe una sensación de incertidumbre entre las autoridades y la ciudadanía sobre la validez y compromiso de la alianza con EEUU, pero si todo lo que hace Trump con el líder norcoreano se basa en limitar la influencia exclusiva del bloque chino-ruso sobre Corea del Norte y adoptar una nueva estrategia en la zona también se equivoca al darle al Pyongyang un protagonismo influyente que favorece a Rusia y en especial a China. Una nueva realidad en la península coreana que consolida a Corea del Norte como potencia nuclear en uno de los rincones más tensos de los últimos 70 años, aunque rebajado tras las nuevas políticas de apaciguamiento entre las dos Coreas, una situación referencial que se traslada cada vez más a Taiwán, donde China se ha fijado como fecha límite para incorporarla en 2049.

Los misiles lanzados por Corea del Norte coincidieron con la visita del canciller chino, Wang Yi, a Seúl, que trató con el presidente de Corea del Sur, Lee Jae-myung, la nueva estrategia de Trump con su intento de acercamiento al líder norcoreano, y pidió a China que siga en contacto y de cerca los asuntos de las dos Coreas, aunque también el acercamiento de Corea del Sur a China y el apaciguamiento con el Norte sirven a Pekín como una «recompensa» diplomática y un modelo de estabilidad controlada, pero sin olvidar que Kim Jong-un tiene cada vez más autonomía política y militar frente a China gracias a su alianza con Rusia, pero sigue dependiendo de Pekín para la supervivencia económica de su régimen. La realidad no es que ignore por completo a Pekín, sino que gestiona todos sus movimientos políticos en su relación con el gigante asiático con mayor frialdad y cálculo estratégico y seguridad, pues no en vano Pekín le proporciona estabilidad económica y hasta el 90 por ciento del combustible.

China ha valorado la reducción de los ejercicios militares y pide una solución política a la cuestión de la península coreana. Y mientras Pyongyang se deja querer, al menos por Trump, aunque también por Putin y Xi Jinping, analiza qué ventajas puede obtener del deseo de Trump de una aproximación con Pyongyang. De momento, Corea del Sur trata de contemporizar, como el resto de otros países de Asia, la situación que ha originado el presidente estadounidense.

Corea del Sur ha reconocido que el diálogo entre EEUU y Corea del Norte es «crucial» para resolver la cuestión nuclear y «poner fin al programa» norcoreano, pero los vaivenes geopolíticos de Trump, empeñado en reiterar que el conflicto con Irán lo tiene bajo control, al igual que le pasa a Putin con Ucrania, hace que el escepticismo y la dudas florezcan de tal forma que todo sea un brindis al sol a la espera de las elecciones de noviembre próximo a la Cámara de Representantes en Estados Unidos que pueden suponer el principio del fin del poder absoluto de Donald Trump en beneficio de los demócratas y con ello cambios geopolíticos del inquilino de la Casa Blanca.

Pero las propias obsesiones del presidente estadounidense siguen debilitando a Estados Unidos. China sigue ocupando más espacio geopolítico mundial, pues ya no sólo es Taiwán, sino todo el mar de China Meridional y el Pacífico, donde la rivalidad entre China y Estados Unidos en Asia-Pacífico es el eje central de la seguridad, caracterizada por una profunda disputa hegemónica.

En suma, el Indo-Pacífico engendra mucho apetito político, pues es el actual epicentro de la confrontación global, y esa intensa rivalidad hegemónica crea un «hambre política» insaciable, es decir, una lucha constante por expandir la influencia, controlar rutas marítimas y dominar el orden económico mundial. El escenario Indo-Pacífico es el nuevo tablero geopolítico donde se define el futuro del orden global, junto a Taiwán, un rincón que puede desestabilizar los cimientos de la estabilidad mundial y que China quiere incorporar a la República Popular China, aunque de momento lejos de un conflicto bélico pero con el objetivo que sea antes del 2049, año en que se cumple el primer centenario de la fundación del país.

Corea del Norte proporciona un importante colchón geoestratégico frente a Occidente, aunque ha habido momentos en los que Kim Jong-un, con sus lanzamientos de misiles y de que China se sumara hace una década a las sanciones internacionales al limitar las exportaciones de petróleo, la tensión entre los dos países supuso un subidón de decibelios que incomodaron a Pekín, pero, sin embargo, ahora tanto Rusia como China están en contra del aislamiento, las sanciones y la presión por la fuerza sobre Corea del Norte, cuyo régimen nunca va a renunciar a su programa nuclear, dado que ello sería una rendición, e, incluso ahora es Pekín menos beligerante. Y claro el acercamiento de Pyongyang a Moscú también ha servido para que Pekín haya dejado de exigir la desnuclearización de Corea del Norte y optando así una postura de aceptación y mayor cooperación bilateral entre los dos países. Y, obviamente, China ya ha tratado con Seúl la situación de la península coreana.

Occidente reitera que Rusia, China y Corea del Norte aprovechan la debilidad de Donald Trump para fortalecer políticas unitarias que puede desestabilizar el equilibrio de seguridad de Europa y Asia con las políticas de Trump hacia Kim Jong-un. Una nueva realidad que no va a producir grandes cambios en la política de Kim sobre su programa nuclear, eje vital en todo el entramado de las relaciones entre las dos Coreas.

En definitiva tres importantes conclusiones: la primera que una guerra en la península coreana está descartada prácticamente en su totalidad; la segunda que Corea del Norte, pese a las buenas intenciones de Donald Trump con su «amigo» Kim Jong-un no va a reducir su programa nuclear, por lo que seguirá siendo su mejor arma para la supervivencia del régimen norcoreano y la tercera y la más pragmática si quiere «mojarse» el régimen norcoreano radica en la visita del Papa León XIV, del 3 al 8 de agosto de 2027, a Corea del Sur, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud.

Y de esta forma, será cuando Kim Jong-un pueda disipar dudas y empujar a Pyongyang a que valore la verdadera importancia que tienen las dos Coreas de entenderse definitivamente o que el Pontífice visite la capital norcoreana, pese a que el país oficialmente es un Estado ateo, pero políticamente es tal vez la mejor circunstancia que puede producirse, pero claro para ello se deben dar unas condiciones que tienen que emanar desde Corea del Norte. Una, la confianza y, la otra, la firme decisión de usar políticamente la visita del Papa para hilvanar los cimientos hacia un tratado de paz definitivo en sustitución del actual armisticio.

E incluso que León XIV visite Panmunjom, cruce al otro lado de la zona fronteriza de las dos Coreas (Zona Desmilitarizada-DMZ) como hizo Trump en junio de 2019 y con ello como un hecho histórico podrían cambiar ciertas políticas bélicas y de tensión en el organigrama norcoreano, pero la realidad se impone y Kim no quiere sorpresas que alimenten la esperanza y la confianza de un gran cambio en la península coreana como desea Trump a su manera, aunque el pueblo norcoreano la aceptaría, pero con el control estatal y la doctrina oficial del Juche (autosuficiencia) la realidad social se antoja compleja.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *