Japón, un país caracterizado por la inestabilidad política

El primer ministro japonés, Yoshihide Suga. | Gobierno de Japón 首相官邸ホームページ

Madrid. Japón se ha caracterizado por una cierta inestabilidad política por los diferentes cambios de gobierno que con frecuencia suceden en el país. Con la decisión de su primer ministro, Yoshihide Suga, de no ser candidato a liderar el gubernamental Partido Liberal Demócrata (PLD) en los comicios previstos para noviembre después de un año en el poder, el país vivirá un nuevo periodo político en el que la lucha contra la pandemia de la COVID-19 y la crisis económica marcarán el nuevo escenario nipón.

Desde la Segunda Guerra Mundial sólo cinco ministros han logrado permanecer en el cargo más de cinco años y Suga no será una excepción, quien además tuvo que soportar las críticas de una gran parte de la sociedad nipona contra la celebración de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos, un evento deportivo que ha coincidido con un aumento de la propagación del coronavirus.

Ahora empieza el baile de candidatos dentro del PLD, entre los que se encuentran varios exministros, pero Suga no levantaba cabeza, su popularidad decrecía, los sondeos lo hundían y a finales de agosto sólo tenía un 26 por ciento de opiniones positivas, según una encuesta del diario Mainichi. O sea, la popularidad del aún primer ministro fue desplomándose, en especial por las decisiones tomadas para afrontar la pandemia del coronavirus, dado que desde junio Japón registra cifras de contagios muy altas, que llegan a 20.000 nuevos casos diarios.

Suga siempre ha querido la celebración de los Juegos Olímpicos, sabiendo que cada vez había más oposición a su celebración, pero los intereses económicos del país en una segunda suspensión, tras la de 2020, habrían sido muy perjudicados, según distintos analistas. El rechazo social lo usará una débil oposición, mientras el Gobierno no ha sabido sacar provecho de un evento deportivo de enorme trascendencia para impulsar políticas económicas de enorme infraestructura.

Sin embargo, Suga ha reiterado que más de 62 millones y medio de personas (un 49,4 por ciento de la población) han recibido ya las dos dosis de las vacunas aprobadas en el país, según las cifras más recientes de Sanidad, y el Gobierno espera que todos los ciudadanos que hayan optado por vacunarse lo estén entre octubre y noviembre.

Yoshihide Suga, de 72 años, asumió el cargo de primer ministro en septiembre de 2020 tras la renuncia, también inesperada, de Shinzo Abe por motivos de salud, e incluso al llegar al poder la popularidad de Suga era alta, pero entre la pandemia y los Juegos Olímpicos todo se vino abajo. Además, Suga en su año de primer ministro mantuvo la política de impulso económico de Abe, fue más ambicioso en materia medioambiental que su predecesor y nunca se distanció de EEUU basándose en la desconfianza hacia China.

Pero nada más producirse la renuncia de Suga la Bolsa nipona subió y uno de los candidatos del PLD, Fumio Kishida, ha prometido inyectar miles de millones de yenes a la economía para recuperarla del coronavirus si gana la votación interna del 29 de septiembre y así presentarse a las elecciones generales previstas para noviembre.

La actual legislatura en la Cámara Baja de la Dieta (Parlamento) de Japón llega a su fin el próximo 21 de octubre, y las próximas elecciones generales, donde se decidirá el nuevo primer ministro, deben convocarse, como muy tarde, para el 28 de noviembre.

No obstante, para el primer ministro que salga de las elecciones legislativas, Japón seguirá afrontando sus retos como el litigio de las islas Kuriles, que impide la firma de un tratado de paz desde la conclusión de la Segunda Guerra Mundial en 1945 con la actual Rusia, que acaba de llevar a cabo unos ejercicios militares con tanques y artillería, cuya soberanía reclama Japón, o las de Dokdo/Takeshima (Japón-Corea) o las islas Senkaku (japonés) y Diaoyu (chino) o también todo lo relacionado con el artículo 9 de la Constitución pacifista nipona de 1947.

Eso sí, Japón quiere un presupuesto militar de 50.000 millones de dólares para hacer frente a China y su último objetivo es la compra de una docena de cazas F-35 por valor de 1.180 millones de dólares, mientras que el Ministerio de Defensa ha pedido un aumento del 2,6 por ciento para este año con la finalidad de reforzar a sus Fuerzas Armadas para hacer frente a las acciones militares de China en la región, además de la tensión existente de Pekín con Taiwán, con Tokio apoyando a Taipéi y en medio de la rivalidad de EEUU con el gigante asiático por la antigua isla de Formosa.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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