GUERRA EN UCRANIA | Las sanciones a Rusia amenazan a Asia central

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Madrid. Mientras en Ucrania siguen resonando las explosiones, cuyo eco alcanza todos los rincones del planeta, Asia Central, a miles de kilómetros del frente, está viviendo un verdadero cataclismo económico. Las sanciones contra Rusia amenazan con descarrilar el desarrollo de la región, en una encrucijada histórica.

Un terremoto económico

Las divisas locales, fuertemente aferradas al rublo en menor o mayor medida, caen en picado junto con la moneda rusa. El tenge kazajo se depreció unos 18 % y el som kirguís, un 19%, después del reconocimiento de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk por el Kremlin el 21 de febrero. El somoni tayiko perdió un 14% solo esta semana. Solo el som uzbeko se mantiene por ahora a flote.

Los precios ya empezaron a subir. La harina, producto fundamental en el mercado tayiko, ya escasea. La gente intenta hacerse con productos básicos antes de que sea demasiado tarde. Muchos vendedores cierran sus tiendas, disparando el descontento popular.

El presidente de Kirguizistán, Sadyr Zhapárov, animó a sus ciudadanos a comprar oro de las reservas nacionales para contener la inflación. Los precios de combustibles también sufren ya el embate de la invasión rusa en Ucrania.

Mientras tanto, el Banco Nacional Kazajo subió la tasa de interés para lidiar con la inflación, pero el efecto fue completamente opuesto al esperado. Muchas empresas no pueden permitirse solicitar créditos a tasas tan altas, ya que las puede llevar a la bancarrota. Incluso con el súbito incremento de los precios de carburantes, el tenge sigue perdiendo valor.

Uzbekistán por ahora solo siente un leve temblor, pero la colisión ya está cerca. La escasez de productos alimenticios, que antes se importaban de Ucrania y Rusia (o transitaban por su territorio), pueden convertirse en un grave problema para el país.

Una cuestión común para los países de Asia Central que ahora preocupa a todos sus habitantes son las remesas de los emigrantes laborales. En los últimos años, millones de personas se veían obligadas a dejar a sus familias y dirigirse a Rusia en búsqueda de mejores oportunidades. Los salarios en territorio ruso son mucho más altos que en Asia Central, lo que permitía a los emigrantes sustentar a sus familias transfiriéndoles parte de su salario.

Esas transferencias representan un 30 % del PIB de Tayikistán; un 28 % del de Kirguizistán y un 11,6 % del uzbeko. La crisis en Ucrania, la devaluación del rublo y la política de retención de capitales en Rusia puede dejar a muchas familias sin dinero suficiente para vivir. Las economías de estos países quedaran diezmadas sin estos ingresos.

El terremoto que está a punto de abalanzarse sobre la región impulsa a los dirigentes centroasiáticos a actuar sin dilación. Deben reconsiderar su posicionamiento en la arena geopolítica para aclarar su porvenir.

Kazajistán, entre Putin y Occidente

En enero de 2022, en Kazajistán, el país más grande y rico de la región, estallaron violentas protestas. Los manifestantes demandaban la destitución del padre de la nación, Nursultán Nazarbáyev, de todos los cargos. Además, demandaban reformas políticas, sociales y económicas.

Desesperado, el presidente Kasim-Yomart Tokáyev se vio obligado a recurrir a la ayuda de la OTSC (Organización del Tratado de Seguridad Colectiva), una alianza militar postsoviética liderada por Rusia. El líder ruso, Vladímir Putin, se precipitó a socorrer a su aliado. En una decisión sin precedentes, las tropas de dicho brazo militar tomaron rápidamente los puntos clave del país acabando así con el levantamiento.

La tormenta había pasado. Rusia demostró al mundo que está dispuesta y preparada para defender sus intereses en su patio trasero. Después de tantos años, Kazajistán por fin cayó por completo en la órbita del Kremlin. Tokáyev estaba en deuda con Putin.

Llegó el momento de pagar. Rusia ha protagonizado una guerra de gran escala en plena Europa, recibiendo cada día nuevas sanciones, destructivas para su economía. Nadie se esperaba una respuesta tan unánime de Occidente. Acorralado, Moscú mira desesperadamente a sus aliados, esperando alguna muestra de apoyo. Aun así, el Gobierno kazajo manifestó, al igual que ocurrió con la anexión de Crimea en 2014, que no reconocería la independencia de las repúblicas del Donbás. Tokáyev invitó a los bandos en conflicto a recurrir a la diplomacia.

Kazajistán tiene muchos motivos para mantenerse al margen del conflicto. Nazarbáyev siempre ha defendido una política «multilateral«. Veía su país como una brújula donde Rusia era solamente uno de los polos. El balance entre este y oeste era esencial. Kazajistán exporta la mayoría de su petróleo a Europa. Si se arriesga a respaldar a Rusia, inminentemente será objeto de sanciones occidentales y pagará un alto precio.

Además, el gobierno de Nur-Sultán siente una fuerte presión interna. El pueblo kazajo demanda que el presidente prosiga con las prometidas reformas. Después de la invasión de Ucrania varios miles de personas salieron a las calles de Alma-Ata (la ciudad más grande del país) condenando las acciones de Putin. La manifestación fue autorizada por el Gobierno, lo que implica un tácito apoyo del movimiento. Un paso arriesgado.

Por otro lado, el país puede presumir de una gran diversidad étnica con cerca de 3,5 millones de rusos (un 18 % de toda la población) viviendo en las regiones septentrionales a lo largo de la frontera con Rusia. El movimiento irredentista ruso, que antes parecía reducirse a los discursos políticos, ahora salió a la luz. Temen los hombres fuertes de este país bañado por el mar Caspio que el apetito de su vecino septentrional aún no esté saciado. Las declaraciones en enero del líder del Partido Comunista Ruso, Guennadi Ziugánov, sobre la necesidad de «defender a la minoría ruso parlante» de la discriminación en Kazajistán no hace más que echar leña al fuego.

Rusia envió un claro mensaje cuando organizó una manifestación prorrusa en la ciudad kazaja de Baikonur, territorio que Moscú le alquila al Gobierno kazajo hasta 2050. Aquí se encuentra el mítico cosmódromo Baikonur, punto de partida de los cohetes espaciales rusos y soviéticos. Las autoridades locales sacaron varias decenas de estudiantes a la calle para formar las letras Z y V, insignias usadas por el ejército ruso y símbolos de apoyo a la guerra.

Además, la economía kazaja está estrechamente entrelazada con su antigua metrópoli. Rusia es el principal importador de productos tecnológicos a Asia Central. Asimismo, la mayoría del petróleo y gas de Kazajistán dirigido a Europa transita por territorio ruso. Si Kazajistán intenta alejarse de Moscú debe tener mucho cuidado. Pero si logra triunfar, podrá renegociar su alianza con el Kremlin para obtener un trato más beneficioso.

Asia Central mantiene el silencio

En el reciente voto en la Asamblea General de la ONU sobre Ucrania solo cinco países (Rusia, Bielorrusia, Eritrea, Siria y Corea del Norte) votaron en contra de condenar la invasión. Otros 34 se abstuvieron (entre ellos China, Kazajistán, Tayikistán y Kirguizistán). Turkmenistán y Uzbekistán no participaron. Cuba, Venezuela, Armenia y varios otros países que en 2014 apoyaron a Rusia durante la crisis de Crimea prefirieron abstenerse esta vez. Nadie más se atrevió a desafiar la condena.

Después de la conversación entre Putin y Zhapárov, el Kremlin divulgó que este último mostró su apoyo a las acciones rusas. La administración de Kirguizistán no confirmó la veracidad de estas declaraciones. Lo mismo ocurrió con el presidente uzbeko, Shavkat Mirziyóyev. Putin pretende aunar todo el respaldo que pueda para darle legitimidad a sus acciones militares. Pero los líderes centroasiáticos mantienen silencio.

El silencio es especialmente sintomático en Uzbekistán. Ningún miembro de la élite política hizo comentario alguno al respecto. La prensa también está callada. Se ha formado una burbuja informativa alrededor del país.

Este panorama sombrío puede ser una oportunidad para China. El apoyo a Rusia se hace cada vez más costoso para los líderes centroasiáticos. A diferencia del presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko, que no es reconocido como presidente legítimo por Occidente, Mirziyóyev, Tokáyev, Emomalí Rajmón (Tayikistán) y Zhapárov tienen mucho que perder. Tienen que buscar una alternativa. El gigante asiático puede aprovecharse de la debilidad de Moscú para expandir aún más su influencia en esta región rica en recursos naturales.

En los tiempos que corren la niebla de la guerra enturbia el futuro. Asia Central tiene que actuar ya si quiere evitar una crisis política y humanitaria a gran escala. La dependencia de Rusia, tanto económica y tecnológica, como política y alimenticia, sigue siendo muy grande. Sin embargo, China puede ser la solución.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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