GUERRA EN UCRANIA | China, ahora o nunca (I)

El presidente chino, Xi Jinping. | UN Geneve, Flickr
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Madrid. ¿China es la solución? La guerra de Ucrania ha desbaratado todos los pronósticos previstos, pero si a Vladimir Putin le ha salido mal su creíble breve paseo militar por su invasión, arrasando y dejando una brutalidad que no se recuerda desde la IIGM, el gigante asiático tiene ahora su gran oportunidad, abandonando su neutralidad y ambigüedad y usando su capacidad para influir y detener una guerra que está originando un caos mundial, y Pekín no puede quedarse con los brazos cruzados si quiere ser la primera potencia del mundo y ganarse la credibilidad de la comunidad internacional.

Sólo China y su presidente, Xi Jinping, pueden influir a Putin para que entre en razón, dado que las fuertes sanciones de Occidente han llevado a la economía rusa al borde del colapso, que obviamente será inevitable sin el respaldo de Pekín, que contempla con enorme preocupación que se alargue la guerra y sus relaciones comerciales también se vean salpicadas por una contienda que el gigante asiático quiere que termine ya, pero sabiendo la importancia que cobra el protagonismo chino en las sanciones que ya sufren los rusos en todos los ámbitos.

Estamos en la tercera semana de la guerra, la destrucción de Ucrania es brutal, pero los rusos siguen bombardeando Odesa y otros lugares con durísimos castigos a la población civil, en especial en Mariúpol, Chernihív y Kiev, pues la ofensiva rusa no se detiene si siquiera para un alto el fuego en las conversaciones entre las partes, y aumenta su ofensiva militar ante el fracaso de su misión y ante una resistencia bestial de los ucranianos, y ahora ya con una flota de al menos 14 barcos lanzando cohetes y artillería. El sinsentido de la realidad, la incoherencia y la brutalidad de Putin han arrastrado al mundo a una situación sin precedentes desde la IIGM.

China puede y debe poner fin a la guerra en Ucrania. No quiere que le afecten las sanciones a Rusia, pero Moscú tiene en Pekín una gran salida para paliar parte de las fuertes sanciones que ya sufre el país, cuyos ciudadanos viven en una censura desconocida en los últimos tiempos, con miles de protestas y detenciones, pero también hay otra gran parte de la sociedad rusa que apoya y valida los argumentos de Putin por su cruzada contra los ucranianos, que tienen un amplio respaldo mundial, un respaldo que emociona y descoloca al contemplar imágenes que nos retrotaen a las monstruosidades que se cometieron en la Segunda Guerra Mundial. Un pueblo masacrado sin haber hecho nada contra su invasor.

Putin ha perdido la guerra aunque conquiste toda Ucrania, también ha perdido la guerra mediática, la guerra de la información, lo está perdiendo todo pero liquidando a un pueblo que no es su enemigo, cuyo presidente, Volodimir Zelenski, no se cansa de enviar SOS al mundo entero para frenar la irracionalidad de Putin, que todavía no es consciente de la que se le viene en encima.

Putin sabe que conquistará Ucrania pero también sabe que mantener su control sobre sus 42 millones de habitantes y sobre una extensión de 603.550 km2 le será muy difícil y realmente costoso, y ante una paz a lo ruso y con condiciones claudicantes Kiev nunca las aceptará, pues el orgullo y la valentía de los ucranianos lo estamos viendo todos los días, de ahí que el Ejército ruso siga atacando y masacrando a todo un país, militarmente inferior, pero muy superior en los valores que acrecientan y enriquecen ante la adversidad a todos los ucranianos.

La amenaza de Rusia al mundo occidental con esta guerra ha servido para unir y fortalecer a Europa, que debe salir de su propia debilidad y al mismo tiempo detener la decadencia de EEUU, pero lo que está claro es que China es la protagonista, aunque no intervenga indirectamente en la guerra de Ucrania ayudando económica y militarmente a Vladimir Putin. Rusia depende mucho de China y ahora dependerá mucho más. Pekín es el principal socio comercial de Rusia y representa el 16 por ciento del valor de su comercio exterior.

EEUU ya está preparando cómo contrarrestar una posible alianza de China con Rusia, de ahí que Joe Biden recorra Europa la próxima semana para preparar la nueva estrategia con la Unión Europea (UE) y otros aliados para decirle a China que con su ambigüedad no resolverá la guerra ucraniana. Rusia y China son dos países hostiles a EEUU pero de ahí a que Pekín, en el caso de su involucración con Moscú en la guerra, que pueda desembocar la Tercera Guerra Mundial, hará que el gigante asiático se tome muy en serio en fortalecer una alianza ruso-china que no le saldría gratis, y más cuando comercialmente tiene mucho que perder tanto con la UE como con EEUU.

También es cierto que, pese a la victoria militar rusa en Ucrania, Rusia corre el peligro de ser absorbida por China, su situación económica será brutal tras esta guerra, el bienestar ruso caerá estrepitosamente y las sanciones hundirán años las atrocidades de Putin en una guerra que le ha salido mal en todos sus frentes y ante unos ucranianos que no están dispuestos a rendirse a los tanques invasores en una de las mayores monstruosidades habida desde la IIGM.

China no puede desaprovechar esta enorme ocasión que le brinda la historia. Rusia ya no será esa potencia que Putin ha venido dibujando en los últimos años. China es el único país, para lo bueno y para lo malo, que puede influir en Putin y en Rusia, cuyos empresarios, magnates y oligarcas no dan crédito de cómo se han venido abajo por un Putin que, tras 22 años en el poder, se encuentra en sus horas más bajas, y quizás en el principio del fin de su legado como presidente de la actual Federación de Rusia.

La casi unanimidad mundial contra las barbaridades de esta guerra ha servido para que empresarios rusos hayan empezado o estén a punto de hacerlo, según analistas, de usar sus activos en yuanes y el propio sistema transfronterizo de China para contrarrestar el impacto de las sanciones.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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