GUERRA EN UCRANIA | Las sanciones occidentales a Rusia: sectores impactados, evolución de los flujos y el papel de China (y II)

| Louis le Grand, Wikimedia
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Washington. Del análisis de los flujos comerciales de EEUU y la Unión Europea (UE) con Rusia se desprende que las democracias transatlánticas pueden redirigir sus exportaciones de maquinaria, material de transporte, vehículos y productos farmacéuticos con bastante facilidad. Rusia, por su parte, no tiene una red de gasoductos en operación que la permita bombear la mayoría de su petróleo y gas natural a China u otros países no europeos, aunque sí puede exportarlo como gas natural licuado (GNL) por vía ferroviaria y por un gasoducto siberiano. Rusia es uno de los principales exportadores mundiales de hidrocarburos, cobre, aluminio y paladio. Entre 2013 y 2020 su participación en el comercio mundial disminuyó del 2,8 % al 1,9 %.

La restricción de exportaciones en tecnología, ¿cómo afectará a China?

EEUU se adjudica el derecho de imponer sanciones a países y empresas que empleen tecnología de EEUU y exporten dichos productos. Dicho concepto se conoce como normas sobre productos directos extranjeros (FDPR, por sus siglas en inglés). Washington ha impuesto un FDPR total sobre el sector militar ruso y uno sobre el resto de la economía del país, con excepciones para bienes de baja tecnología o que son necesarios para el funcionamiento de sistemas de transporte civil, hospitales y actividades humanitarias.

En función del FDPR, Washington puede sancionar a cualquier empresa de otro país. Se trata de una aplicación extraterritorial de los controles de Estados Unidos a una amplia variedad de productos y programas informáticos fabricados con tecnología estadounidense, lo que resulta difícil de evitar para una franja de productos avanzados como los semiconductores.

Durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín en febrero, Vladimir Putin y Xi Jinping sellaron un acuerdo histórico para profundizar su estrecha relación económica y militar y no escondieron que el objetivo de dicha alianza es hacer frente a EEUU. La cooperación en materia de alta tecnología se ha convertido en un componente importante de la relación. Ambos gobiernos consideran que el liderazgo tecnológico es vital para su competitividad y que sus capacidades y recursos son complementarios. Las áreas prioritarias de colaboración incluyen, entre otras, la inteligencia artificial (IA), los grandes datos, la robótica y la biotecnología.

En principio, la lógica dicta que China reforzará aún más sus lazos económicos, tecnológicos y militares con Rusia y la ayudará a aliviar los efectos de las sanciones y controles aplicados por los países occidentales. Rusia y China intercambiaron bienes en 2021 por un récord de 147.000 millones de dólares, una subida del 35 %. China se ha convertido en el mayor socio comercial de Rusia. Le exporta móviles, ordenadores, material de telecomunicaciones, juguetes, textiles, ropa y componentes electrónicos. Por su parte, Rusia es el mayor suministrador de energía a China, su segundo proveedor de petróleo sin refinar y su primera fuente de electricidad.

Pero China no puede sustituir completamente a los países occidentales. Pekín no puede vender a Rusia algunas tecnologías punta como los semiconductores de alta gama. Los chips más avanzados, críticos para algunos sistemas de armamento y tecnologías emergentes como la IA, sólo los fabrican empresas de EEUU, la multinacional taiwanesa TSMC y la surcoreana Samsung. A pesar de las inversiones en su industria nacional, los fabricantes chinos, como Semiconductor Manufacturing International Corporation (SMIC), siguen sin poder desarrollar semiconductores de gama alta, y la propia China depende en gran medida de las importaciones occidentales para satisfacer su demanda.

China puede no querer ser objetivo de las sanciones occidentales si apoya a Rusia en el ámbito de la alta tecnología. China puede aumentar sus exportaciones de ciertas tecnologías a Rusia, incluyendo chips menos sofisticados, servicios en la nube y ordenadores. Sin embargo, suministrar a Rusia cualquier tecnología que esté cubierta por las FDPR de Estados Unidos conllevaría riesgos significativos para los objetivos estratégicos de China a largo plazo. A corto y medio plazo, Pekín sigue dependiendo del acceso a la tecnología y los mercados occidentales para continuar su ascenso. La ministra de Comercio de EEUU, Gina Raimondo, ya ha advertido que se cortará el acceso de empresas chinas al software y componentes de alta tecnología estadounidenses si Pekín decide ayudar a Rusia a evadir los controles y sanciones.

Rusia puede ser reacia a aumentar significativamente su dependencia de la tecnología china. En el pasado, Moscú intentó no depender demasiado de la tecnología china, especialmente en sectores claves para la seguridad, como los equipos de telecomunicaciones. Un aumento de la dependencia de Rusia de las tecnologías fundacionales chinas proporcionaría a Pekín una mayor influencia política y económica sobre Moscú, algo que Putin no necesariamente desea, ya que refuerza su papel de socio menor de Pekín. Rusia en el pasado ha desarrollado tecnologías propias en situaciones difíciles.

Hasta ahora, China se ha mostrado cauta a la hora de responder a la invasión rusa y no se sabe si las empresas chinas cumplirán con las restricciones estadounidenses a las exportaciones de tecnología. Sin embargo, dados los intereses de China a largo plazo y su dependencia de la tecnología y los mercados extranjeros, algunos analistas juzgan poco probable que Pekín se juegue su futuro para apoyar a Putin, especialmente por el tipo de hostilidades y bombardeo contra numerosos objetivos civiles llevados a cabo por las fuerzas armadas rusas en Ucrania.

Rusia cuenta con otros aliados además de China. El presidente de Argentina, Alberto Fernández, instó a Putin en su visita al Kremlin que incrementara su presencia comercial e inversiones en América del Sur, región gobernada en casi todos sus países por gobiernos de izquierdas. Turquía, Indonesia, México, Irán, algunos países árabes y buena parte de África y Asia es terreno fértil para que Putin cultive más alianzas. Moscú tiene aliados o socios más allá de China, Venezuela y Corea del Norte.

Perfil de un posible acuerdo entre Rusia y Ucrania

Debido a la resistencia heroica de los ucranianos y el rendimiento mediocre del ejército de tierra ruso, Putin ha dado muestras de querer alcanzar un acuerdo. Es consciente que puede bombardear y destruir las principales ciudades de Ucrania. Pero pagaría un precio aún más alto en sanciones y aislamiento. Ucrania es el mayor país de Europa. Tiene el tamaño de Texas. Rusia no puede ocupar indefinidamente con 190.000 tropas un país de 44 millones de personas, muchas de las cuales plantarían cara en una guerra de insurgencia. Y ocupar ciudades reducidas a escombros no tendría ningún sentido.

Por ello, el presidente ruso no exige ya la desmilitarización total de Ucrania ni la destitución del presidente Volodimir Zelenski. Sí insiste en un compromiso legal de que Ucrania nunca se integrará en la OTAN. Ha pedido que Ucrania incluya dicha garantía en su Constitución. Evidentemente para salvar la cara a Putin mantendría Crimea (anexionada en 2014) y Kiev tendría que aceptar que Luhansk y Donetsk serán repúblicas independientes solamente reconocidas por Moscú. Crimea y el Donbás estaban perdidos desde 2014.

O sea, renunciar a entrar en una OTAN que Zelenski ya ha reconocido no promueve su candidatura no es un precio excesivo para evitar decenas de miles de muertos, la destrucción de Ucrania y el incremento de los más de 2,5 millones de refugiados en Europa. Israel, la India y seguramente China intentan actuar de mediadores entre los dos países beligerantes. Si Pekín juega un papel decisivo en apadrinar un proceso que finalice la guerra en pocas semanas con un acuerdo como el descrito ganaría mucho prestigio y previsiblemente algunas de las sanciones occidentales serían levantadas.

Author of «Globalism versus Nativism: How to Bridge the Digital Divide» (available on Amazon)
www.amuns.com | @alexmuns

Alexandre Muns

Dr. Alexandre Muns Rubiol Professor, OBS & EAE Business School y exasesor del presidente del Banco Mundial

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