GUERRA EN UCRANIA | La India, una vez más entre dos fuegos

Narendra Modi y Vladímir Putin, en 2018. | Kremlin, Wikimedia
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Madrid. La Unión Europea (UE), EEUU y sus aliados ultramarinos muestran una unidad jamás vista desde la Segunda Guerra Mundial. Parece que todo el mundo está unido en su condena a la agresión rusa en Ucrania. Solo cuatro países se atrevieron a apoyar a Rusia abiertamente en la ONU: Bielorrusia, Corea del Norte, Eritrea y Siria. Otros 35 se abstuvieron. Sin embargo, los dos países más poblados del mundo no se sumaron a este frente internacional: China y la India.

El 11 de abril, el actual inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden, conversó por vía telemática con el primer ministro indio, Narendra Modi, mientras los ministros de Exteriores y Defensa eran recibidos en Washington por sus homólogos estadounidenses. El tema central era, lógicamente, Ucrania. Los altos mandos estadounidenses se encontraron con la negativa india de renunciar al petróleo ruso y condenar la invasión. Para esquivar las restricciones, Nueva Delhi usará su vieja treta (que ya aplicó en varias ocasiones con Irán, pasando a un mecanismo de pago entre el rublo y la rupia) que le permitiría evitar por completo el uso del dólar, cuyo uso en transacciones con Moscú está prohibido por las sanciones. Así, la India no solo no será penalizada, sino que podrá rellenar sus reservas con petróleo ruso, que está a mitad de precio (una rebaja de Moscú para sobornar a posibles compradores).

Desde el comienzo de la guerra Washington ha intentado convencer a Nueva Delhi de que se distancie de su antiguo aliado y se adhiera a las sanciones. Sin el apoyo de la India, las restricciones no lograrían aislar a Rusia del comercio mundial. Pero Modi no piensa precipitarse. Después de las últimas negociaciones, el ministro de asuntos exteriores indio, Subrahmanyam Jaishanka, aconsejó a EEUU que mire a Europa, en alusión a la tremenda dependencia de la región de los recursos rusos. «Nuestras importaciones en un mes entero serán incluso menores de lo que importa Europa en un día, creo yo», puntualizó.

Moscú y Nueva Delhi mantienen una longeva amistad, desde la independencia india a mediados del siglo XX. La URSS se convirtió en la voz de la India en el Consejo de Seguridad de la ONU, defendiendo su posición respecto a Cachemira y evitando que la comunidad internacional interviniera en el conflicto. Aparte de estrechos lazos económicos, se estableció también una importante cooperación militar. Hoy en día, entre el 60 % y el 70 % del armamento indio proviene de Rusia. Las intenciones de Nueva Delhi de convertirse en una potencia mundial no le permiten renunciar tan simplemente a su dependencia armamentística de Moscú. Tanto los misiles antiaéreos como los aviones no pueden prescindir del mantenimiento ruso. Ante la amenaza de dos potencias nucleares, China y Pakistán, la India debe defender el prestigio de sus Fuerzas Armadas a toda costa. Si EEUU quiere convencer a Modi, deberá proponer un trato muy bueno, que pueda sustituir gradualmente la dependencia india de la tecnología militar rusa.

Al mismo tiempo, Washington se convirtió en los últimos años en un socio importante para la India. Juntos formaron la Quad, una organización de seguridad informal entre estos dos países, más Australia y Japón, para hacer frente a China. El comercio bilateral es inmenso. Nueva Delhi debe calcular sus acciones muy bien si no quiere perder la predisposición de la Casa Blanca.

Dos gigantes asiáticos

Pero las armas no son lo único que interesa a la India de Rusia. En las últimas décadas Kremlin mantuvo una relación cada vez más estrecha con el mayor rival de la India, China. Una incondicional alianza entre Moscú y Pekín sería una pesadilla para Nueva Delhi. Entre el plan maestro del líder chino, Xi Jinping, la «Road and Belt Initiative», la Nueva Ruta de la Seda, que pretende circunvalar a la India de todas las formas posibles, y un duplicado potencial nuclear de Rusia y China, la India quedaría acorralada y rodeada de enemigos. Mantener buenas relaciones con el Kremlin es esencial para sustentar ese complicado balance geopolítico trilateral. Si la India se adhiriese de repente a las sanciones, Moscú perdería su último lazo con el mundo (aparte de China) y su deriva hacia Pekín sería inevitable.

El juego de la soga entre Modi y Xi salva a Putin del aislamiento internacional. Por este motivo, el paradójico intento de la Casa Blanca de dialogar con China y la India al mismo tiempo cobra cada vez más sentido. Si una de las bases del triángulo cae, la otra pronto le seguirá. Ni China ni la India quieren quedarse solos entre las grandes potencias en la lista de apologistas del Kremlin. Desde febrero Washington estuvo presionando a las autoridades chinas a reconsiderar a su apoyo a la invasión de Ucrania. Aunque la propaganda oficial del país comunista culpa a EEUU de la guerra, alegando a la injustificable expansión de la OTAN hacia el Este, China sigue manteniendo una relativa neutralidad, característica para Xi en caso de conflicto. La economía china depende mucho tanto del mercado europeo como del americano. No se puede permitir renunciar a su imagen de potencia económica para salvar a Putin. Al mismo tiempo, abandonar a Rusia significaría tirar por la borda años de inversiones en el hermano pequeño ruso, al que Pekín ve más que nada como un aliado de conveniencia y una fuente de materias primas.

La rivalidad entre los dos gigantes asiáticos alcanza su cénit. Después de la escaramuza fronteriza de 2021, los Himalayas vuelven a los noticiarios. Mientras siguen los cañonazos en Ucrania, Nueva Delhi intenta contrarrestar la influencia china en el Océano Índico para evitar el aislamiento orquestado por Pekín. Sri Lanka, vecino insular del subcontinente índico, se encuentra en la mayor crisis económica desde su independencia. Colombo, socio de Pekín, que cayó en la trampa del crédito chino, pidió ayuda ante una situación tan desesperada. Aun así, China mantuvo el silencio, dejando al presidente Gotabaya Rajapaksa en peligro de ser depuesto. Nueva Delhi decidió usar esta situación para normalizar las relaciones con la isla, dañadas previamente por su deriva hacia China. Narendra Modi acudió al socorro del incumbente esrilanqués, prometiendo apoyo económico y la extensión de crédito. Así, la India demuestra su disposición de ayudar a sus vecinos y defiende su imagen de «buen hermano». Si esto influirá fuertemente en la reputación de Pekín sólo se verá en los próximos meses.

En esta partida multilateral todos los bandos tienen mucho que perder. Las sanciones contra Rusia son severas, pero no logran aislarla por completo. China y la India, históricos enemigos, se encuentran en una situación donde tienen que balancear con sumo cuidado para no dar señales de debilidad. Mientras tanto, Estados Unidos no quiere arriesgar las buenas relaciones con Nueva Delhi, pero al mismo tiempo no soporta ver las abstenciones indias en la ONU. Se acerca el 9 de mayo, Día de la Victoria en Rusia, que según muchos analistas puede conllevar el fin de las hostilidades. La guerra acabará, pero este difícil equilibrio seguirá definiendo la posguerra y el reparto geopolítico del mundo.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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