El futuro de la guerra en Ucrania (I): combates en el Donbás y por las salidas al mar

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Madrid. Siete largas semanas dura ya la guerra en Ucrania. A finales de febrero el Ejército ruso atacó el país por el norte, el este y el sur, quedándose a tan solo varios kilómetros de las ciudades más grandes del país: Kiev (la capital) y Járkiv (Járkov)​​​. Después de un mes de combate, el alto mando ruso cambió de estrategia, optando por concentrar sus fuerzas en el frente oriental para reconquistar el Donbás. Ahora el avance ruso se ha estancado y el esperado golpe decisivo parece haberse quedado exhausto.

Mientras el Ejército ucraniano sigue recibiendo armamento occidental cada vez más sofisticado, las fuerzas rusas no logran alcanzar por lo menos un resultado intermedio que el Kremlin pudiese denominar «victoria» (aunque pírrica). La «operación especial» no pudo ni tomar la capital, ni avanzar en el Este, ni rodear a las tropas ucranianas en el Donbás. Ante esta difícil situación, el líder ruso, Vladimir Putin, mira al único frente que por ahora fue un relativo éxito: el meridional, el sur.

El corredor terrestre en el sur de Ucrania

Desde el comienzo de la guerra, las fuerzas rusas en Crimea pudieron internarse considerablemente en territorio enemigo, tomando la ciudad de Jersón, que sigue siendo el único centro provincial bajo control del Kremlin. Para consolidar su dominio, la administración militar introdujo el rublo como moneda, además de expandir la actividad de las compañías telefónicas rusas al territorio conquistado. Corren rumores de posibles referéndums de independencia en las provincias meridionales de Ucrania, que se vieron reflejados en varias declaraciones de funcionarios estatales rusos.

Esta conquista permitió rodear y asediar la ciudad portera de Mariúpol, donde en la fábrica Azovstal siguen resistiendo los soldados ucranianos. El Kremlin creó un corredor terrestre entre el territorio ruso y la península de Crimea, que anteriormente solo estaba conectada por un puente. Sin embargo, al Oeste el avance fue imposible. Allí precisamente se encuentra la perla del Mar Negro, Odesa, que tanto anhelan los dirigentes rusos. El 2 de mayo, la población ruso parlante recordaba la tragedia del incendio en el edificio de los sindicatos en Odesa en 2014, donde más de 42 manifestantes fallecieron entre las llamas. Después de un enfrentamiento entre los partidarios de la revolución y sus contrincantes, estos últimos se vieron obligados a retirarse al edificio.

Los detalles son desconocidos por falta de investigación, por lo que no se sabe aún con certeza la causa de este acontecimiento. Lo que sí está probado es la negligencia de los bomberos, que llegaron 40 minutos después de la llamada. Si no fuera por eso, es probable que más gente hubiera podido ser salvada. Los acontecimientos de mayo de 2014 son comparados con nada menos que las atrocidades cometidas por el Wehrmacht alemana en 1943 en el pueblo de Katyn, donde 149 personas fueron quemadas vivas o masacradas por soldados nazis y colaboracionistas. Muchos ven en esto un crimen del nuevo régimen de Kiev, lo que usó la propaganda rusa para fortalecer su discurso anti ucraniano.

Sin embargo, no solo Odesa capta la atención del Kremlin. A poco más de 50 kilómetros de la ciudad costera se encuentra la región separatista de Transnistria, que desde la caída de la antigua URSS rechazó la autoridad de Moldavia y luchó por su independencia en los años 90. Para contrarrestar al superior Ejército moldavo, las autoridades transnistrias le pidieron ayuda a Moscú, que repelió a las tropas de Chisinau y se comprometió a mantener el ‘statu quo’ con un contingente de varios miles de fuerzas pacificadoras. Ahora que en la vecina Ucrania estalló el conflicto armado, surge el temor de que Putin quiera proseguir con su expansión, esparciendo la llama bélica por Moldavia también. ¿Es esto posible?

Durante las últimas semanas la república rebelde y su capital Tiráspol surgen cada vez con más frecuencia en los noticiarios, después de su poco común popularidad en septiembre pasado, cuando, en fútbol, el Sheriff derrotó al Real Madrid en el Santiago Bernabéu en partido de la Champions League.

Las autoridades locales reportan que varios edificios gubernamentales fueron atacados por desconocidos. Además, una mina fue hallada en un contenedor de basura. Fue incluso cancelada la parada militar del 9 de mayo, día de la victoria contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Moscú ve en esto una provocación de Kiev, que, según los rusos, intenta desestabilizar la región. Los ucranianos discrepan, devolviendo la acusación. La presidenta moldava, Maya Sandu, llamó estos acontecimientos una provocación, pero esta vez organizada por facciones belicosas para arrastrar a la región al conflicto.

La inestabilidad en la región crece. El jefe del Distrito Militar Central de Rusia, Rustam Minnekayev, anunció que Rusia pretende crear un «corredor terrestre hasta Transnistria». La ciudad de Odesa fue bombardeada varias veces en los últimos días. Los misiles rusos alcanzaron incluso la región de Besarabia, intentando destruir el único puente que conecta esta provincia fronteriza con Rumanía con el resto del país.

La amenaza de que Odesa quede rodeada por las fuerzas pacificadoras de Transnistria por un lado y por el ejército ruso por otro, preocupa a Ucrania. Sin Odesa, el país perdería su única salida al mar que le queda. Por eso, el consejero del jefe de la Oficina del presidente ucraniano, Oleksiy Arestóvich, que durante la guerra se convirtió en una especie de portavoz del Gobierno ucraniano, declaró que, si se lo pide Moldavia, Kiev está dispuesto a invadir Transnistria para estabilizar la situación. Mientras, Chisinau (la capital moldava) mantiene el silencio por ahora.

La pregunta es si podrá Moscú avanzar hacia el Este. Según diversas fuentes, esta perspectiva se presenta difícil. La guerra ahora mismo se convierte en un conflicto de trincheras, donde la artillería pesada tanto rusa como ucraniana no permite ni avance cualquiera (por falta de alcance), ni tampoco retroceso, ya que cualquier progreso será aplanado por los cañones. Sin la supremacía aérea para abrir una brecha en la defensa ucraniana y bajo la atenta mirada de los drones turcos «Bayraktar», el Ejército ruso no puede proseguir con su marcha hacia el Oeste. Solo la movilización general parece ser una solución viable.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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