El culto a la personalidad glorifica a los líderes norcoreanos fallecidos (y II)

Madrid. El culto a la personalidad a los líderes norcoreanos fallecidos es un hábito normal en Corea del Norte, donde las efemérides de sus cumpleaños, tanto de Kim Il-sung, fundador del país, como de su hijo, Kim Jong-il, continuador de la obra de su padre, son dos fechas nacionales que se celebran por todo lo alto como un acto de obediencia y respeto que la sociedad norcoreana acata con enorme disciplina.

De esta forma, el 15 de abril (el Día del Sol) es el cumpleaños de Kim Il-sung y el 16 de febrero (el Día de la Estrella brillante) es el de su hijo, “el querido líder” Kim Jong-il, padre del actual líder, “el brillante camarada” Kim Jong-un, y normalmente no celebran la muerte de ellos dado que están vivos, de ahí que Kim Il-sung, “el gran líder”, sea el presidente eterno, “como un Dios”, pues no hay jefe de Estado. Los dos días son los principales festivos del año, donde el régimen impone un culto exacerbado hacia sus líderes.

Los eslóganes de alabanza al joven Kim, a su padre y a su abuelo ocupan un lugar prioritario y están destinados a promover la fidelidad a la dinastía que gobierna el país desde su fundación en 1948.

El culto a la personalidad glorifica a los líderes norcoreanos fallecidos, actos y festejos que simbolizan la idiosincrasia de la sociedad, donde el espíritu de la autosuficiencia basada en el “juche” marca la esencia de todo un pueblo con total adhesión a sus dirigentes. Tanto Kim Il-sung como Kim Jong-il siguen vivos en el pensamiento norcoreano, ya no sólo en sus pins sino en la obligación de todos los hogares de tener sus propios retratos como referencias incuestionables de que representan al más allá simbolizando la fuerza y que el quehacer de la vida diaria del país.

No obstante, en opinión de expertos surcoreanos, los numerosos eslóganes existentes como el que dice: “La voluntad del régimen de mejorar la economía” van en dirección de combatir la crónica escasez de alimentos que sufre el país desde los año noventa, pero también encaminados a informar a la gente de la dirección política del Partido de los Trabajadores y el Ejército como advertencia de que desobedecer puede suponer duros castigos.

Desde hace tiempo la gente se muestra indiferente a los mensajes de propaganda del régimen que está omnipresentes en la vida cotidiana de cualquier norcoreano. Pero una propaganda del miedo está también presente siempre con la escusa de la invasión del “gran enemigo” -EEUU- y su aliado, Corea del Sur, es decir, reflejado en los eslóganes del gobierno.

El tercer aniversario de la muerte del “querido líder” Kim Jong-il (febrero de 2011), que acaba de celebrarse, puede marcar el inicio de una nueva etapa en Corea del Norte con posibles cambios políticos, tras los tres años de luto que registra la tradición confuciana, pero los actos en su honor reflejan el culto a la personalidad de los dirigentes norcoreanos ya fallecidos.

Miembros del Partido de los Trabajadores, ciudadanos y soldados guardan tres minutos de silencio en el Palacio del Sol de Kumsusan, en Pyongyang, el templo sagrado donde descansa Kim Jong-il. Incluso para el régimen comunista justificar la magnanimidad pseudoreligiosa de sus líderes ha sido instrumento para mantener el control sobre sus ciudadanos.

Los analistas consideran que Pyongyang podría comenzar a celebrar de manera pública en unos cuatro o cinco años, dada la aparente juventud de Kim Jong-un, los actos en honor del actual “mariscal” y líder de los norcoreanos.

Pero está claro que si el culto a la personalidad no favorece al desarrollo del país, menos aún las “castas”, pues hay una estructura piramidal peligrosa que obstruye cualquier posibilidad de avance y desarrollo Corea del Norte. Las castas determinan el destino de cada ciudadano, según opiniones y credo, entre otros, pero como dice el informe de la ONU sobre violación de los derechos humanos, las castas están basadas en función a la lealtad al régimen.

En suma, condiciona aspectos como dónde vivir, las oportunidades de recibir alimentos, educación, encontrar un trabajo o sencillamente gozar de una vida digna, incluso sobrevivir, pero todo radica en una clara violación de la libertad de movimiento y residencia, teniendo en cuenta la discriminación por motivos políticos y religiosos.

De esta forma, la población se encuentra dividida en tres castas: leales, vacilantes y hostiles y son hereditarias, las cuales se establecen tan sólo por los antecedentes políticos familiares con una aplicación de absoluta arbitrariedad que va contra los derechos humanos.

Recientemente Corea del Norte revisó sus principios fundamentales y uno de ellos dice: “Nosotros debemos honrar al “gran líder” camarada Kim Il-sung con toda lealtad, mientras otro señala: “Debemos honrar al gran líder Kim Il-sung y al general Kim Jong-il con nuestra lealtad”, es decir, esta revisión de los principios fundacionales del Partido de los Trabajadores está encaminada a legitimar la sucesión dinástica del actual líder, Kim Jong-un, y su familia.

En definitiva, el joven líder, Kim Jong-un no puede legitimar el futuro del país en estos nuevos principios que omiten la verdadera crisis económica del país y las verdaderas razones de su política nuclear, un régimen basado en el culto a la personalidad, que sigue usando el Songbun que señala a los niños norcoreanos desde su más tierna infancia y por la que las autoridades del país clasifican a sus 24 millones de habitantes y luego está el Songun, establecido por Kim Jong-il, que da prioridad a los intereses militares, mientras que el Juche es la esencia de la nueva política de Corea del Norte como una nueva orientación de los jefes, de su destino y de su futuro destacando que el socialismo y comunismo también han desaparecido de estos principios al ser sustituidos  precisamente por el Juche. O sea, la total adhesión del pueblo a sus dirigentes.

Con la reactualización del Juche, la autosuficiencia, el hombre guiado por el líder, el que interpreta la voluntad del pueblo, constituye, junto a otros principios fundacionales, un verdadero obstáculo para iniciar políticas de desarrollo económico con esta estructura de las castas, pero el culto a la personalidad es omnipresente en todos los rincones del país. El orgullo nacional va de la mano de la autosuficiencia.

En definitiva, el culto a la personalidad es un potente aparato propagandístico y de adoctrinamiento que garantiza la obediencia ciega al líder e incita al odio y rechazo nacionalista hacia otros Estados y sus nacionales, pero con un daño psicológico irrecuperable de consecuencias imprevisibles con la educación reinante en el país.

Pese a que los ciudadanos de Corea del Norte dicen que son ateos, existen tres dioses, y estos son los líderes de la dinastía de los Kim, omnipresente en las calles de Pyongyang y del país en forma de palacios, monumentos, carteles y pins.

Pero además de los pins con las figuras de los Kim en las solapas de los ciudadanos norcoreanos, bajo la sospecha de quien no lo lleve puede ser considerado un desleal al régimen, también hay en las calles carteles de propaganda con frases de alabanzas  a la dinastía, al Partido de los Trabajadores y al progreso de la patria socialista que serán renovados con motivo del 70 aniversario del fin de la colonización japonesa.

No obstante, ya se vio en la última reunión de familias separadas a coreanos del Norte con las insignias de sus líderes sin olvidar que la parte norcoreana designa a dedo a los familiares que deben reunirse con los del Sur, que son elegidos por sorteo.

El actual líder Kim Jong-un ha incrementado el culto a la personalidad, incluso la vida y obra del joven “mariscal” ya es una asignatura obligatoria en la enseñanza secundaria de Corea del Norte, poco a poco va preparando su artillería de propaganda para pasar al igual que su abuelo y padre a la inmortalidad, aunque su objetivo vital es  la supervivencia del régimen norcoreano, la máxima prioridad, pero su actual política nuclear y económica no está favoreciendo a su desarrollo y frena todos los cambios posibles.

La inmensa mayoría del pueblo norcoreano desconoce la auténtica realidad de lo que ocurre más allá de sus fronteras, el régimen cada vez tiene más dificultades para controlar las emisoras del exterior, pero el joven Kim sabe que no puede mantener a su pueblo muchos años más de espaldas a los acontecimientos diarios del actual mundo global.

Por ahora, todo parece indicar que el primer viaje al extranjero de Kim Jong-un no será China si al final los esfuerzos diplomáticos para la desnuclearización norcoreana no avanzan, pues Pekín, cada vez con más peso en la comunidad internacional, no desea un encuentro con Pyongyang si el régimen comunista no renuncia a su programa nuclear.

Rusia sería el primer destino del joven Kim, el 9 de mayo próximo, para asistir a la  conmemoración del 70 aniversario de la victoria de la antigua Unión Soviética frente a la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. Pero que Kim Jong-un siga insistiendo que su Ejército “esta completamente preparado para la guerra” no arregla nada y más cuando las relaciones entre Pekín y Seúl son cada vez más estrechas. El mundo cambia y poco a poco Corea del Norte debe ceder y modificar también su rigidez política en beneficio de los 24 millones de norcoreanos.

Pyongyang lleva ya tiempo enfadada con China y trata de intensificar sus contactos económicos con Moscú cuando ahora Vladimir Putin afronta el asunto de Ucrania con las sanciones occidentales y mejorar las relaciones con el régimen norcoreano, que ha reconocido a Ucrania como parte de Rusia, es un buen apoyo a las políticas de Moscú.

Santiago Castillo, periodista, escritor, director de Asianortheast y experto en la zona.

 

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3 Respuestas

  1. 27 marzo, 2015

    […] por Pyongyang en 2013 y la ejecución poco después de Jan Song-thaek, tío del líder norcoreano, Kim Jong-un. Jan era considerado unánimemente el hombre de Pekín en las altas esferas del régimen comunista […]

  2. 15 abril, 2015

    […] suma, si el culto a la personalidad ya condiciona muchos aspectos de los norcoreanos, mucho más la implantación de las castas, una […]

  3. 17 mayo, 2015

    […] derribar a Kim Jong-un, hay que eliminar la política educacional de castas y en definitiva el culto a la personalidad, donde aún Kim Il-sung, (abuelo) y Kim Jong-il (padre), fallecidos, siguen vivos en el pensamiento […]

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