Corea del Norte no provocará ninguna guerra en la península coreana por las graves consecuencias que tendría

El líder norcoreano, Kim Jong-un. | www.kremlin.ru
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Madrid. Mientras China digiere el triunfo independentista en Taiwán, otro foco de máxima tensión pero lejos por ahora de una invasión, Corea del Norte lanzó esta semana varios misiles de crucero estratégico Hwasal-2 al mar Amarillo para certificar su firmeza y avisar a sus «enemigos» de que está preparada para cualquier conflicto bélico en la península coreana, la cual se tensiona cada vez más, pero de ahí a que Kim Jong-un esté planificando una guerra real queda lejos de producirse por las enormes consecuencias que podría sufrir pese a su fuerza nuclear y armamentística, ya que no tiene el éxito asegurado y sí la respuesta militar de Corea del Sur y Estados Unidos, que provocaría la desaparición del régimen de Pyongyang.

«La situación en la península de Corea es más peligrosa que en cualquier otro momento desde principios de junio de 1950. Esto puede sonar demasiado dramático, pero creemos que, al igual que su abuelo en 1950 y fundador del país, Kim Il-sung, el líder norcoreano, Kim Jong-un, ha tomado la decisión estratégica de ir a la guerra, aunque nadie sabe cuándo ni cómo planea apretar el gatillo,” concluyen los investigadores estadounidenses Robert Carlin y Siegfried Hecker en un artículo publicado en este mes de enero en la web 38 North, una destacada plataforma que monitoriza a diario todo lo que sucede en el hermético régimen de Pyongyang, en la que también resaltan el progresivo endurecimiento y una actitud más agresiva hacia Corea del Sur, hasta el punto de que Kim Jong-un rompió recientemente con la histórica política oficial de su país sobre la defensa de una eventual reunificación entre las dos Coreas, además de la destrucción del Arco de la Reunificación en Pyongyang.

La enorme polarización de la política norcoreana no cede, como tampoco la tensión en la península coreana. Pese a algunos momentos de menor crispación, no ha dejado de crecer desde su división en 1945, tras la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, que colonizaba el país desde 1910, pero una guerra en pleno 2024 entre las dos Coreas es prácticamente imposible, salvo que Kim Jong-un cometa el suicido de ir a la guerra sabiendo que su régimen desaparecería en una contienda bélica cuyo mantenimiento, con carencias de infraestructuras y un sistema productivo bastante obsoleto, Pyongyang no la aguantaría, y aunque el daño inicial del hipotético conflicto bélico sería importante para el adversario, el régimen norcoreano sabe que, pese a su poderío nuclear y de su afanada y eficaz artillería, no ganaría la guerra, y más cuando la respuesta de Seúl y Washington sería contundente.

Una hipotética guerra sería un suicidio para Corea del Norte. El régimen norcoreano puede estar seguro de que nadie va a invadir Corea del Norte ni tampoco van a modificar su estatus político, ni tampoco el Ejército norcoreano o sus lanzamientos de misiles van a actuar contra EEUU, Corea del Sur o Japón. Nadie va a atacar a nadie y nadie va a invadir nadie. Pero el régimen norcoreano tiene en su capacidad nuclear y en sus «enemigos» la mejor coartada para seguir mentalizando al país de que está en peligro y que hay que estar preparado y así dar seguridad a su régimen. En Corea del Norte nadie se mueve. La guerra pondría en peligro la supervivencia de la dinastía de los Kim pero el régimen no cede y ahí sigue con sus misiles tensionando la zona, pues al menos ha lanzado 82 en 2022, unos 42 en 2023 y en 2024 lo comenzó lanzando el pasado día 5 de enero unos 200 proyectiles al mar Amarillo cerca de dos islas surcoreanas, donde una parte de sus habitantes tuvieron que ser evacuados.

El régimen norcoreano no piensa en dejar de ser protagonista en nada de lo que ocurra en la península coreana, pero su obsesión sigue siendo encontrar el momento para llevar a cabo la séptima prueba nuclear, pues intentos en este año de 2023 no le han faltado, pero las circunstancias políticas lo impidieron. No fue posible y veremos qué ocurre en 2024, ya que al menos el centro de pruebas nucleares de Punggye-ri (noreste del país) está totalmente rehabilitado y listo para albergar esa soñada séptima prueba nuclear.

Y cómo va atacar nuclearmente a Estados Unidos o invadir Corea del Sur o Japón, es el mismo guion norcoreano desde hace 70 años, y desde que conozco la península coreana siempre, pese al aluvión de misiles o pruebas nucleares, he mantenido que Corea del Norte nunca provocará una guerra. Eso sí, habrá muchas tensiones y problemas graves, disparos, altercados en la frontera marítima o en la de Panmunjom, entre otros, pero hay que estar preparado para los próximos meses, dado que en abril Corea del Sur celebra elecciones parlamentarias y Pyongyang obviamente hará acto de presencia con algún otro misil al mar Amarillo o al mar de Japón (mar del Este). La mejor solución para Corea del Norte radica en el levantamiento de sanciones a cambio de un lento y paulatino desmantelamiento nuclear ofreciendo al régimen confianza y seguridad.

Una guerra es difícil, dado el daño total, las consecuencias trágicas que produciría, a lo que hay que sumar el rumbo político de la zona, con China, EEUU, Japón y su repercusión en el Pacífico. Nadie quiere un cambio de régimen en Corea del Norte, lo que se quiere es que el régimen modifique su política nuclear en aras de una estabilidad en la península coreana que favorezca económicamente el nivel de vida de los norcoreanos. China no quiere una guerra, país que proporciona anualmente a Corea del Norte, entre otras ayudas, arroz, petróleo y carbón y le facilita el 90 por ciento del combustible que consume el país (más de 500.000 toneladas) y luego le concede 1.300.000 toneladas de carbón, según relató en su momento ‘Chosun Ilbo’, uno de los diarios más importantes e influyentes de Corea del Sur.

Kim Jong-un cerró el año con el exitoso lanzamiento de un satélite espía y ha comenzado este 2024 con intenciones de continuar avanzando en la carrera nuclear, aprovechando las divisiones en el Consejo de Seguridad de la ONU para saltarse impunemente todas las resoluciones de Naciones Unidas que prohíben el lanzamientos de misiles balísticos. Kim lo dejó claro: «Corea del Norte tendrá más armas nucleares y más satélites espía», pero una guerra en la península coreana por ahora es imposible, con sus matices ya relatados.

El levantamiento de las sanciones irá ligado al desmantelamiento de las instalaciones nucleares, para lo que se necesita al menos unos diez años para su total eliminación, de ahí la necesidad de un paulatino levantamiento para crear confianza al régimen pero sobre todo para enderezar su economía, que está paralizada por las sanciones. Pensar que Corea del Norte pueda usar su armamento nuclear en pleno siglo XXI para atacar a cualquier país vecino sin consecuencias, por muy peligroso que pueda ser su desarrollo nuclear, resulta quimérico e imposible.

Pero dedicar al menos un 16 por ciento del PIB a las Fuerzas Armadas, tener más de un 1,2 millones de soldados y unas altas cifras de inversiones para mantener un programa nuclear, vital para la supervivencia del régimen, no facilita la estabilidad, en un país que tiene su principal fuente de ingresos en las exportaciones, como las de minerales, productos metalúrgicos, manufacturas (incluyendo armamento, ahora a Rusia e incluso Pyongyang ha suministrado material radiactivo a Irán), textiles y productos agrícolas y pesqueros, pero la calidad de vida de la ciudadanía norcoreana es muy baja, dado que el presupuesto nacional se lo llevan las Fuerzas Armadas y sus programas de desarrollo nuclear. La «guerra fría» sigue ahí con beneficios dispares y las dos Coreas sin un tratado de paz. La guerra en Corea del Norte no ha terminado aún.

Corea del Norte seguirá mostrando su fuerza dentro y fuera de sus fronteras y convencido que su política nuclear es la que le da soluciones y seguridad a su régimen y a sus entregados 25 millones de ciudadanos, y mientras refuerza sus vínculos con Rusia, que ya abastece militarmente a Vladimir Putin en su guerra contra Ucrania, China y Estados Unidos seguirán acaparando el foco de la política internacional a lo largo de 2024. Pero ambas potencias necesitan y desean un mundo más estable y económicamente sin fisuras, y la enorme polarización mundial no evita choques e interpretaciones diferentes en la geopolítica internacional. Y ya solo falta que llegue Donald Trump a la Casa Blanca en noviembre para que la polarización geopolítica mundial se acentúe aún más y la globalización sigue cada vez más «enferma».

A modo de conclusión, en un hipotético conflicto militar entre las dos Coreas está claro que Estados Unidos acudirá de inmediato a defender a Corea del Sur, pero no está tan claro qué posición tomaría China con Corea del Norte, sobre todo cuando Pekín y Seúl mantienen buenas relaciones, sobre todo económicas, e incluso en más de una ocasión ambos países han hablado en «privado» de una hipotética reunificación en la península coreana sin tropas estadounidense en la frontera.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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