Congreso del PCCh: Xi, el nuevo emperador, rompe con el pasado

El expresidente chino Hu Jintao, en 2012. | Ministerio indio de Asuntos Exteriores, Flickr
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Madrid. Después de una semana llegó a su fin el Congreso del Partido Comunista de China (PCCh), donde Xi Jinping fue reelecto para un tercer mandato presidencial sin precedentes. El Congreso suele ser un evento minuciosamente orquestado por la élite china para mantener una imagen de unidad ante el público interior. Toda la política de verdad ocurre a puertas cerradas con varios meses de antelación: purgas del partido, grandes casos judiciales por corrupción y «limpieza» del espacio público de activistas y disidentes. Este año, sin embargo, la reunión tuvo un suceso muy controvertido que conmovió a la prensa internacional: el expresidente Hu Jintao fue escoltado fuera de la sala en medio de la asamblea del partido.

El ya viral video de un minuto y medio mostraba a Hu, sentado junto al actual líder chino, revisando sus papeles. De repente, Xi se dio media vuelta y llamó a uno de sus ayudantes. Este vino e intentó levantar al expresidente para escoltarlo fuera de la sala. Hu, incrédulo, miraba sorprendido a Xi en búsqueda de alguna explicación. El presidente mantenía el rostro sereno. Al cabo de medio minuto el ayudante consiguió hacer que Hu se levante, pero éste seguía estando reacio a abandonar el congreso. A su lado, Li Zhanshu, número tres del régimen, intentó levantarse para ayudar a Hu, pero fue parado por Wang Huning, considerado el ideólogo del sistema actual y consejero de Xi.

Mientras el guardia llevaba a Hu fuera de la sala, este se paró para preguntarle algo a Xi. Este le respondió sin darse la vuelta. Después le dio unas palmadas de condolencia en el hombro a Li Keqiang, entonces primer ministro, que ha sido sustituido en el Comité Permanente del Politburó del Partido Comunista por Li Qiang, secretario del partido de Shanghái. En 2013, Hu quería que precisamente Li Keqiang le sucediese en el puesto, pero al final el Partido eligió al más carismático y ambicioso Xi.

En los últimos años Xi se dedicó a desmantelar poco a poco el legado que construyó Deng Xiaoping y sus sucesores (Jiang Zemin y Hu Jintao). Deng vivió las constantes purgas de Mao, el colapso económico de los 60 y la Revolución Cultural. Entendía perfectamente el peligro que conllevaba el poder indisputado, por lo que diseñó un sistema de gobierno colectivo, que le otorgaba una mayor importancia al Partido Comunista y restringía la libertad de acción del presidente. Además, limitó los mandatos presidenciales con dos (un lustro cada uno) y adoptó una regla no oficial de que nadie mayor de 68 años podía presentarse a reelección para un puesto en el Buró Político (el gobierno) de China. Jiang y Hu siguieron la tutela de Deng, continuaron con las reformas y se convirtieron en los autores del milagro económico chino que conocemos hoy.

Sin embargo, en la década que Hu mantuvo el poder (entre 2003 y 2013) se ganó muchos enemigos en el partido. Crecía el descontento en la élite china, cansada de la tecnocracia y statu quo de los sucesores de Deng. A esto se debe la elección de Xi, un líder carismático, en vez de Li, una figura más funcional y similar a Hu, en el Congreso de 2013. Xi prometía combatir la corrupción, expandir el músculo internacional del gigante asiático y convertir a China en una potencia no solo económica, sino geopolítica. La militarización y la Iniciativa de la Franja y la Ruta demuestra el nacimiento de un nuevo pensamiento político con Xi, una China poderosa y decidida.

Durante el Congreso Xi aludió a menudo al difícil estado en el que recibió el país en 2013. Mencionó la corrupción, un «peligro latente» en el Ejército, el partido y el Estado. El discurso duró dos horas. Hu estaba presente y lo escuchó entero sin rechistar. La humillación del sábado no era más que un clavo más en la reputación política del expresidente. Xi demuestra una vez más su control absoluto del régimen, comparable tan solo con el propio «Gran Timonel» Mao Zedong.

El nuevo Comité Permanente (órgano compuesto por Xi y otras 6 personas) cambió casi por completo. El presidente lo llenó con lealistas y fieles camaradas. Li Qiang y Cai Qi, secretarios del partido de Shanghái y Pekín respectivamente, apoyaron sus medidas draconianas de covid cero en las dos ciudades más pobladas de China, que aislaron barrios enteros del mundo exterior. Zhiao Leji fue uno de los caballeros del presidente en su guerra contra la corrupción. Wang Huning es un fiel consejero, Ding Xuexiang fue compañero de Xi en Shanghái y Pekín, mientras que Li Xi, secretario de partido de la importante provincia meridional de Guangdong (o Cantón), la región más poblada de todo el país.

Aún está por ver qué promete el tercer mandato de Xi. Las abiertas demostraciones de poder hacen pensar que el régimen se ceñirá más a sus intereses políticos y no los económicos. El futuro del crecimiento chino dependerá de la resolución de Pekín de introducir reformas, lo que supondría sacrificar control político. ¿Está Xi dispuesto a hacerlo? ¿O es la economía solo un medio para alcanzar más poder? El futuro lo decidirá.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Economía y Estudios Internacionales de la Universidad Carlos III de Madrid

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