Australia asegura un contrato de submarinos nucleares en la reunión de AUKUS

Una bandera australiana. | DO'Neil, Wikimedia
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Madrid. Joe Biden, presidente de Estados Unidos, Rishi Sunak, primer ministro británico, y su homólogo australiano, Anthony Albanese, se reunieron recientemente en San Diego, California, en el formato de AUKUS, la alianza trilateral firmada por las tres naciones anglosajonas en septiembre de 2021. En esta reunión, Canberra consiguió asegurar como mínimo tres submarinos nucleares de clase Virginia para sus Fuerzas Armadas, lo que convertiría a Australia en el séptimo país que puede presumir de tal tecnología en su marina: junto con EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia, China y la India. Pekín, que percibe a AUKUS como una clara alianza anti china, criticó el acuerdo, culpando a los firmantes de promover una carrera armamentística.

El acuerdo supone que Washington venderá tres submarinos a su aliado ultramarino, además de otros dos en caso de que fuese necesario. Además, tanto Downing Street como la Casa Blanca podrán estacionar sus submarinos en el puerto de Perth, en la parte occidental de la isla, incrementando así la cooperación militar entre los tres países. Finalmente, los miembros de AUKUS desarrollarán un nuevo modelo que pueda ser producido en territorio australiano.

El contrato con Washington será el mayor proyecto de defensa de la historia de la isla, suponiendo unos gastos astronómicos de 245.000 millones de dólares. Los submarinos nucleares serán también un gran salto adelante para las Fuerzas Armadas australianas en comparación con los convencionales y más baratos submarinos de diésel. Estos últimos dependen de una fuente de energía mucho menos eficiente, lo que les obliga a emerger de las profundidades marina a menudo para reabastecerse con combustible. Los puertos de Australia, país que ocupa todo un continente, están esparcidos a lo largo de la prolongada costa, lo que dificulta considerablemente su movimiento y le deja sin su invisibilidad para los radares. Esto priva a los submarinos de diésel de su principal ventaja: su capacidad de avanzar desapercibidos y sorprender al enemigo con un ataque inesperado. Sin embargo, sus homólogos atómicos no tienen esa debilidad. Sus reactores atómicos les permiten sumergirse bajo el agua durante meses, lo que aumenta considerablemente las capacidades de la armada de Canberra.

Antes de decantarse por los EEUU en 2021, Australia cooperaba en estas materias con Francia. Los países firmaron un contrato en 2016, según el cual París se comprometía a proveer a Canberra con varios submarinos de diésel al coste total de 36.000 millones de dólares. No obstante, el Gobierno de Scott Morrison, ante el creciente antagonismo con el gigante asiático después de un intercambio de acusaciones ese mismo año, canceló el acuerdo con los franceses, enfureciendo al Palacio del Elíseo. Las relaciones bilaterales mejoraron tan solo a comienzos de 2023 bajo la administración del laborista Albanese en Canberra.

La decisión de vender submarinos propulsados por reactores nucleares tiene pocos precedentes en la historia, como remarca correctamente el periódico chino ‘Global Times’. Por eso, para evitar la crítica, el presidente estadounidense recalcó que el acuerdo suponía la venta solamente de submarinos, no de armamento atómico. Aun así, la misión china en la ONU acusó a Washington de violar el Tratado de No Proliferación (TNP), que prohíbe transferir materiales nucleares o cualquier conocimiento en cuanto al enriquecimiento de uranio que pueda contribuir al desarrollo de armamento atómico a países que no formen parte del club nuclear. Además, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Wang Wenbin, acusó a la Casa Blanca de volver a la retórica de la Guerra Fría y amenazar la paz en la región.

A pesar de que el argumento de la violación del TNP por parte de Washington sea dudoso, ya que Pekín es acusado de haber ayudado a Pakistán en el desarrollo de su programa nuclear, es un hecho que la reunión de San Diego es una clara forma de escalar la situación y cerrar filas con los aliados ante la amenaza china. Las relaciones entre las dos superpotencias, que parecían haberse estabilizado tras la reunión de Joe Biden y Xi Jinping en Bali (Indonesia) en noviembre, están empeoradas de nuevo, especialmente después de los incidentes con los globos meteorológicos. Antony Blinken, el secretario de Estado estadounidense, canceló su anticipada visita a Pekín después del escándalo, cerrando la «ventana de oportunidades» para la normalización.

Australia, mientras tanto, demuestra en su política internacional cada vez más su alineamiento político con Washington. A pesar de que Pekín sea su principal socio económico, Canberra parece dirigirse por el camino de la rivalidad, más que por el de la cooperación. Este enfrentamiento regional no puede inquietar a otras potencias regionales como Indonesia o Malasia, que temen una nueva carrera armamentística y la creciente tensión en el mar del Sur de China y el estrecho de Taiwán, que puede afectar su política de no alineamiento en las disputas entre superpotencias.

De hecho, el comandante para la misión de EEUU en el Indo-Pacífico, John C.Aquilino, defendió recientemente que la adquisición por parte de Australia de submarinos nucleares en virtud de su pacto con Washington y Reino Unido (AUKUS) responde a «la decisión de Australia de poder defenderse», en medio de las tensiones regionales con China.

La reunión en San Diego se produjo una semana antes de la muy anticipada visita del líder chino a Moscú, donde se reunión con su homólogo ruso, Vladímir Putin, y a quien reforzó con su visita. Mientras China sigue sin darle la espalda a su aliado en el Kremlin, Washington muestra su músculo militar y deja claro que el Indo-Pacífico sigue siendo su prioridad.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Economía y Estudios Internacionales de la Universidad Carlos III de Madrid

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