Un año crucial para Corea del Norte

Vista aérea de Pyongyang, en Corea del Norte. | Imagen de Peter Anta en Pixabay

Madrid. Corea del Norte atraviesa una grave crisis económica que puede dañar los cimientos de su propia supervivencia, una crisis que el régimen de Kim Jong-un puede atajar a lo largo de 2021 si, por un lado, estrecha su colaboración con Corea del Sur antes de que el presidente surcoreano, Moon Jae-in, según los sondeos, pierda la Presidencia en los comicios de marzo de 2022 a manos de la oposición y, por otro, si Pyongyang usa la vía diplomática con EEUU para una nueva etapa con Joe Biden que conduzca a la desnuclearización de la península coreana y al levantamiento de las sanciones, que castigan duramente a su economía.

La reciente derrota en las elecciones municipales de abril pasado en Seúl y Busan del gubernamental Partido Democrático (PD), del presidente Moon, ante la formación opositora del conservador Partido del Poder del Pueblo (PPP), fue un claro aviso del deterioro que viene arrastrando la Presidencia surcoreana, donde actualmente, según la última encuesta realizada esta semana por la consultora Gallup Korea, muestra que la tasa de aprobación entre los surcoreanos para Moon es de un 30 por ciento, el menor nivel desde que llegó al poder en 2017, lo que podría dar así la Presidencia del país a la oposición, mucho más exigente con Corea del Norte y muy crítica con la política actual hacia Pyongyang.

Corea del Sur tampoco vive un momento álgido en su economía, la cual se ha visto alterada por los precios de la vivienda y algunos escándalos de especulación inmobiliaria que han implicado a funcionarios de la promotora de vivienda pública, además de los problemas con la vacunación por la COVID-19, y pese a que Moon Jae-in se marcará como objetivo prioritario enderezar la economía del país para que tenga un crecimiento que ronde el 4 por ciento, una gran parte de la ciudadanía no quiere que sus bolsillos se vean mermados por las políticas hacia Corea del Norte.

De esta forma, Corea del Norte, además de China, su mejor aliado, tiene ahora en Corea del Sur y en su presidente Moon Jae-in un referente clave para avanzar en las soluciones de la península coreana, donde tanto el tema nuclear como las sanciones que pesan sobre el régimen norcoreano serán tratados en el encuentro, previsto para el 21 de mayo en Washington, entre Moon y Joe Biden, una cita que servirá para coordinar mejor las políticas sobre Pyongyang y que al mismo tiempo también debe servir para reactualizar las relaciones entre EEUU y el líder Kim Jong-un.

Moon entra en su último año como presidente surcoreano, pero si la oposición obtuviera la Presidencia del país las relaciones entre las dos Coreas podrían endurecerse, dado que el opositor Partido del Poder del Pueblo (PPP) no tiene las mismas premisas que el Gobierno actual, lo que no quiere decir que se produzca un desarrollo distinto y benévolo para Seúl y Pyongyang con un presidente conservador en Corea del Sur, pues lo vital es que el problema de la península coreana tiene que solucionarse y da igual el color político que gobierne el país, dado que la emergencia de la economía norcoreana necesita soluciones y que el régimen norcoreano logre la confianza necesaria para un entendimiento político definitivo.

Las negociaciones sobre la desnuclearización de la península de Corea, al mismo tiempo que el levantamiento de las sanciones, tienen que servir para impulsar el diálogo con el presidente estadounidense, Joe Biden. Moon Jae-in quiere que Biden desarrolle su proyecto de desnuclearización de Corea del Norte encima del fundamento preparado por Donald Trump, pues Biden es más sistemático y estratégico que su predecesor en la Casa Blanca, y obviamente tensar la cuerda con acciones que molesten a Corea del Norte no solucionará el problema.

Eso sí, Pyongyang tiene que adoptar una actitud de más confianza. Nadie va a destruir a su régimen y si ahora en Viena los negociadores nucleares sobre Irán analizan el levantamiento de las sanciones, dado que ahora mismo el progreso en este sentido es amplio, por qué no se podría también en un clima de sosiego, y de “enorme confianza” entre todas las partes, tratar el levantamiento de sanciones previo a un mayor desarrollo en la desnuclearización en los contactos entre EEUU y Corea del Norte. 

La crisis económica que vive el país es altamente preocupante y, además, la COVID-19 ha paralizado prácticamente todo el mecanismo de una economía muy castigada que padece al mismo tiempo las sanciones internacionales lideradas por EEUU.

Nadie va a atacar a nadie, nadie va a invadir a nadie, pero si Corea del Norte ve cómo también los planes de compra de armamento de Corea del Sur no se detienen o se habla de reforzar la relación militar entre Tokio y Seúl para frenar a China, y EEUU sigue fortaleciendo militarmente a nipones y surcoreanos, sus dos mejores aliados, las tensiones no desaparecerán fácilmente.

También está claro que Pekín no tolerará en Corea del Norte, fronteriza con China, la presencia de soldados estadounidenses, lo que hace todo un galimatías bastante complejo, y tal vez lo mejor y más urgente es reducir al máximo el programa nuclear norcoreano y ver el levantamiento de las sanciones, pero el asunto no es nada fácil por la seguridad que cada país busca pero siendo lo más sensato, de momento, solucionar la desnuclearización de la península coreana.

Los PIBS deben destinarse más al desarrollo de los pueblos que al armamento. O interesa que todo siga igual y que pasen otros 50 años con más de lo mismo. ¿Qué interés hay por medio o qué disciplina estratégica conviene más? Los PIBS de cada país deben tener un destino menos armamentístico y más económico que favorezcan al conjunto social.

En definitiva, Kim Jong-un tiene que acercarse más que antes al actual presidente surcoreano Moon, al que le queda menos de un año de mandato, y quien ha mostrado siempre mucho interés en dar soluciones, pese a los distintos niveles de tensiones, con Corea del Norte, pues está claro, y lo sabe Pyongyang, que en caso de ganar la Presidencia surcoreana la oposición habrá una postura más fuerte y menos tolerante hacia el régimen norcoreano.

Tanto Moon Jae-in como Joe Biden son claves para que Corea del Norte flexibilice su postura política. Además, China vería positivamente esta posibilidad para avanzar en la solución nuclear de un problema que lleva más de 70 años de permanentes tensiones, sobre todo cuando vienen nuevas generaciones que nada tienen que ver con tiempos del pasado.

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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