Trump y Biden chocan sobre Corea del Norte en el último debate de las presidenciales

Madrid. Corea del Norte sigue ganando su propia guerra particular, la mediática, que hasta ahora le viene dando buenos resultados, pero en esta ocasión el nuevo triunfo mediático ha sido a costa del último debate de los dos aspirantes a la Presidencia de Estados Unidos, donde el republicano Donald Trump se jactó de su amistad con el líder Kim Jong-un y el demócrata Joe Biden endureció su discurso contra el régimen norcoreano al manifestar que sólo se reunirá con Kim bajo la condición de que acepte reducir las capacidades nucleares de su país.

Biden acusó a Trump de permitir el rearme de Pyongyang con sus encuentros con Kim, mientras que el actual inquilino de la Casa Blanca defendió sus gestiones que condujeron a evitar una guerra que habría supuesto “miles y miles de millones de muertes”.

El aspirante demócrata censuró incluso la “amistad” del republicano con Kim, al que calificó de “matón”, en tanto Trump valoró su buena relación con el líder norcoreano. “Tenemos un tipo diferente de relación, pero es muy buena relación”, puntualizó.

Nadie pone en duda el desastre de Trump en su política exterior y, precisamente, sus cumbres con Corea del Norte ya estaban previstas que las usaría en su campaña electoral, tal como ha ocurrido en este último debate de las elecciones presidenciales del próximo 3 de noviembre.

Biden se equivoca si cree que presionando a Corea del Norte con la amenaza de no reunirse con el líder norcoreano va a conseguir ablandarlo o que convierta en cenizas todo su almacén nuclear. O peca de ingenuidad o está lejos de la realidad, pues la solución en la península coreana radica en el diálogo y en una nueva cumbre entre EEUU y Corea del Norte.

Corea del Norte necesita tener garantizada su propia seguridad y mientras este aspecto no esté conseguido no hay nada que hacer, así como el lento levantamiento de las sanciones que pesan sobre el régimen norcoreano por sus pruebas nucleares. Es imprescindible que el futuro presidente de EEUU logre encauzar las conversaciones con Pyongyang en la base de lograr un mayor éxito que compense la eliminación o congelación del programa nuclear acompañado del levantamiento de las sanciones.

La península coreana ha estado más 70 años viviendo en un volcán con cientos de incidentes, de los que algunos han podido originar graves conflictos a escala mundial. 

Biden, quien también llamó mafioso a Kim, acusó a Trump de legitimar a Corea del Norte, y explicó en este segundo y último debate que Kim no quería reunirse con Barack Obama porque el expresidente estadounidense se negó a legitimar al líder norcoreano, lo que sí ha hecho Trump, según Biden. Aun así, el presidente estadounidense insistió que, de no ser por él, hubieran estado en una guerra con Corea del Norte, y que 32 millones de personas en Seúl y millones de personas estarían muertas, agregando que mantienen una buena relación, lo que es bueno.

Las alusiones de Biden a Trump en el sentido de que ha permitido a Corea del Norte desarrollar sus capacidades nucleares y de largo alcance, por muy ciertas que sean, pasan por alto la situación en la península coreana desde los Juegos Olímpicos de Invierno de Pyeongchang (febrero de 2018 en Corea del Sur), que han sido claves para que el Norte y el Sur reanudaran sus conversaciones y dos importantes cumbres, pese a sus fracasos, entre EEUU y Corea del Norte, acompañado todo con el cambio de estrategia de la política exterior de Pyongyang. Y no hay otra realidad a seguir, pese a todas las dificultades, que nuevas conversaciones Sur-Norte y entre norcoreanos y estadounidenses. Pero conflictos bélicos o nucleares se antojan utópicos.

Biden sabe perfectamente que pese a que Corea del Norte cuente con una mayor capacidad de misiles, capaces de atacar el territorio estadounidense con más facilidad que nunca, Pyongyang jamás lo hará salvo que se meta en una guerra que sería un suicidio para el régimen, de ahí la vital importancia de seguir en la senda del diálogo para poner fin a una contienda que tiene muy cansados y hartos a todos los coreanos de ambos lados.

La cumbre de febrero de 2019 en Hanói fue un fracaso. Más esperanzadora resultó la de Singapur (junio de 2018) y el tercer encuentro entre Trump y Kim en junio de 2019 en la Zona Desmilitarizada (DMZ) en Panmunjom. Esos encuentros deben ser pautas a considerar para el presente de la península coreana encaminadas a una solución definitiva. Si EEUU tiene la mejor predisposición para ello, Pyongyang ha de avanzar en el firme compromiso de detener su programa nuclear y también beneficiar así a su maltrecha economía.

Y nadie duda de los avances nucleares de Corea del Norte, incluso su nuevo misil balístico intercontinental (ICBM, según sus siglas en inglés) que el régimen mostró en su reciente desfile militar, puede cargar un cargamento de entre 2,5 y 3 toneladas. Lo que nadie sensato contempla es un ataque nuclear norcoreano, dadas las enormes consecuencias que ello supondría.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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