Protestas en Irán (y II): Juego de Tronos en Teherán

El ayatolá Jamenei. | Khamenei.ir, Wikimedia
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Madrid. La legitimidad del endémico tándem iraní de teocracia y democracia parece decaer según pasan los días. Pero eso no significa que el régimen de Teherán va a desvanecerse de un día para otro. Las protestas, aunque violentas y masivas, no llegan a una revolución de gran escala. Los medios occidentales afirman que el pueblo iraní está cansado de ser regido por los ayatolás y demanda cambios, aun así, Jamenei sigue en el poder.

El líder supremo continúa teniendo el apoyo del poderoso Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), rama de las Fuerzas Armadas iraníes destinada a defender el sistema político establecido en 1979. Cuenta con más de 200.000 soldados hoy en día. Después de las elecciones de 2009 que causaron protestas masivas por todo el país, los Guardias Revolucionarios socorrieron al gobierno en su momento difícil, ganándose así una gran influencia en el país.

Según pasaban los años, el descontento popular se hacía ver cada vez más. El Ejército se convirtió en un ‘lobby’ importante en el gobierno debido a su importancia para mantener la República Islámica. Tamaña es la influencia del CGRI, que ‘think tanks’ como el Middle East Institute o Atlantic Council afirman que su opinión tendrá un importante impacto en la sucesión del líder supremo.

Desde hace casi una década corren los rumores de la mala salud de Jamenei. A mediados de septiembre se supo que el dirigente de Irán estaba gravemente enfermo. Aunque al final salió al público después de una semana y media, la pregunta de quién le sucederá se levantó más de una vez en diversos medios. Las protestas por la muerte de Mahsa Amini pueden tener un impacto en la sucesión del líder supremo.

La República Islámica vio tan solo una elección de líder supremo en 1989 después de la muerte del ayatolá Jomeini. En las tres décadas que ocupó el puesto, Jamenei consiguió instaurar un Consejo de Expertos (órgano compuesto por clérigos islámicos ocupado con elegir al dirigente) leal a su voluntad. Aunque inigualable al culto a la personalidad de Jomeini, en nombre de Jamenei también frecuenta el discurso oficial con halagos y alabanzas. Una posible transición en los años venideros es un cambio radical y preocupa a la élite política de Irán.

¿Quién será el sucesor? Los analistas difieren al respecto. Por un lado, la eliminación de todos los rivales en los comicios de 2021 hace pensar que Jamenei está preparando al ultraconservador Raisí para sustituirlo (según MEI @75). Varios factores juegan a favor del actual presidente. Para empezar, no es familiar de Jamenei (a diferencia del segundo candidato Motjaba Jamenei, hijo del líder actual), lo que elimina la preocupación ideológica de convertir Irán en otra dictadura hereditaria que tanto abunda en Oriente Medio. El sistema hereditario está mal visto en el chiismo, la interpretación del islam predominante en Persia. Tan solo está permitida para los 12 imames, sucesores espirituales del profeta. Pasar el trono de padre al hijo significaría violar ese principio. Segundo, para convertirse en líder supremo uno tiene que desempeñar un cargo administrativo, algo que Raisí cumple y Motjaba no.

Sin embargo, hay otros que le dan la victoria al hijo de Jamenei (Atlantic Council, por ejemplo). Para empezar, este tiene una relación bastante cercana con los Guardia Revolucionarios que tienen una gran influencia en la decisión del Consejo de Expertos. Además, afirman que la victoria electoral de Raisí fue una catástrofe para su imagen. La opinión pública ve en él un enchufado que ganó solo porque lo quería el liderazgo del país y no por voto justo. Así, Motjaba aliado con su padre intentan destruir las posibilidades de Raisí de optar a una posición más alta. Según este punto de vista, no es nada más que un chivo expiatorio. Aun así, las protestas de 2022 no atacan solo al presidente sino también al líder supremo, cuestionando su autoridad y sus medios de lidiar con el levantamiento popular. La pregunta de la sucesión está más presente que nunca.

Terceros ven en Raisí una figura dependiente sin demasiada talla política, puede ser simplemente un títere en las manos de los Guardias Revolucionarios u otras fuerzas en la élite iraní que pretenden usarlo como tapadera para su poder. Pero como demuestra la historia en el caso de Ceaucescu en Rumanía, por ejemplo, candidatos «compromiso» entre diversas fracciones pueden traer al poder a personajes mucho más ambiciosos que puede parecer a primera vista.

Por ahora es difícil decir, quién prevalecerá. Lo que le importa a Jamenei es que su legado permanezca, es que el régimen consiga sobrevivir. Su sucesor tiene que actuar de estabilizador para el régimen, no miembro de una facción que reñirá a unos contra otros. El candidato que mejor se ajuste a estos parámetros se convertirá en el nuevo líder supremo. Lo que muestran las manifestaciones por la muerte de Mahsa Amini es la quiebra del statu quo de las últimas décadas de una participación popular limitada. El estado rompió el tácito acuerdo, el pueblo responde adecuadamente. Teherán puede reformar el sistema o puede optar por la fuerza y apretar las tuercas aún más. Mientras Jamenei esté vivo el régimen puede funcionar por inercia, pero sin él habrá importantes decisiones que la élite de la República Islámica deberá tomar si quiere mantener el poder.

Protestas en Irán (I): La locomotora revolucionaria está perdiendo velocidad

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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