Muere por coronavirus José María Calleja y el periodismo queda aún más huérfano

Madrid. Era noviembre de 2010 cuando me llamó José María Calleja para participar en su programa “El debate de CCN+” para tratar la situación de Corea del Norte con el líder Kim Jong-il lanzando misiles por doquier, y recuerdo que le dije: “Me encuentro en el Monasterio de Silos, protegido con el silencio gregoriano escribiendo unos guiones”, y entonces me respondió: “Estás a 200 kilómetros de Madrid, y Pyongyang a miles”.

Precisamente en aquel entonces conversaba con el actual prior del Monasterio, Moisés Salgado, a quien le comenté la llamada de Calleja para ir a Madrid, dado que los huéspedes deben avisar con antelación de cualquier ausencia por el asunto de las comidas y otras obligaciones inherentes en la hospedería, cuyas “celdas” y lo que es en sí el claustro, con todos los rincones que engloban ese silencio gregoriano. 

Y recuerdo que me hallaba inmerso en unas lecturas sobre la condición natural del género humano acerca de la interpretación de Thomas Hobbes en el siglo XVII sobre el silencio, el cual potencia al hombre como individuo, fortalece el pensamiento. Al menos es así como desde dentro del Monasterio lo observo, aunque coincidir con esta reflexión no es asunto fácil, pero eran observaciones que allí tenía para un posterior ensayo sobre el concepto del silencio, ahora impregnado con ese confinamiento obligatorio por culpa del coronavirus, la pandemia que José María Calleja no pudo derrotar.

El hecho es que José María Calleja no tenía miedo a nada, como demostró venciendo al terrorismo de ETA y como estaba convencido de que se derrotaría a este brutal virus, que se lo ha llevado a otro mundo, a un mundo global distinto y con una nueva realidad que será lo que se nos avecina para los próximos meses. Nunca fue egoísta y sabía que el mundo no sería igual y razón tenía y esto ya lo estábamos planteando a finales de febrero cuando fue la última vez que le vi en el clásico bar de El Greco, fundado en 1931 en el barrio madrileño de Argüelles.

En definitiva, al día siguiente de su llamada me desplacé a Madrid para hablar de Corea del Norte y su armamento nuclear junto al profesor Pablo Bustelo en un debate que moderaba magistralmente Calleja, pues yo mismo no daba crédito cómo del silencio de Silos pasaba a un posible ataque nuclear del “amado” líder Kim Jong-il, padre del actual dirigente norcoreano, Kim Jong-un, y recuerdo, previo al debate, hablar de la relación del silencio con los misiles norcoreanos, pero le dije que si el “silencio es la voz más fuerte”, los misiles no podían destruirlo. Quedaban pocos minutos para comenzar el programa pero ambos comentábamos si el silencio gregoriano podía impedir un ataque nuclear norcoreano y ahí quedó en el aire ese paralelismo metafísico. Eso sí, luego a lo largo de estos años siempre me preguntaba, cuando coincidíamos, cómo iba Corea del Norte.

Entrevista de José María Calleja a Santiago Castillo en CNN+, noviembre de 2010.

Desde noviembre de 2010 mis relaciones con José María Calleja no se redujeron, nos veíamos en El Greco, lugar de encuentros de periodistas, escritores, políticos o artistas, estudiantes de ICADE, entre otros, y donde su propietario, Andrés, siempre le servía un vino blanco y para el joven (uno de sus hijos que le acompañaba frecuentemente) decía, una caña, y unos boquerones mientras ubicaba una mesa para permanecer un par de horas en charla de varios días a la semana. 

Pero cuando estaba solo, esperando precisamente a uno de sus hijos, es cuando solía acercarme para intercambiar algunas palabras con él, pero apenas hablábamos de política, aunque eso sí, Andrés le preguntaba: “José María, ¿qué le parece cómo va el país? Y su respuesta era: “Hay que esperar, poco a poco”.

Pero entre los dos siempre íbamos al tema coreano. Eran pinceladas que aún no habían desaparecido cuando nos vimos por primera vez en el debate televisivo, pues quedó algo innato entre nosotros tras la primera vez que nos conocimos, y como nuestros amigos, los norcoreanos, no cesaron de lanzar misiles, la actualidad se la refrescaba yo mismo tras mis muchos años como periodista de la agencia EFE dedicándome a asuntos de la península coreana y del nordeste asiático como corresponsal y ahora con este medio digital de asianortheast.com que se suma al homenaje merecido a un gran periodista como José María Calleja.

Tras su muerte por culpa de este puñetero virus no lo he olvidado, pues recuerdo desde la distancia cuando le vi la última vez a finales de febrero en El Greco. Él ya estaba sentado con uno de sus hijos y yo le divisaba desde la barra del bar, pero jamás pensé que no volvería a verle nunca más y tenía curiosidad por que me comentara qué pensaba de mi viaje a Corea del Sur, donde acudía como ponente a un congreso mundial para la unificación de las dos Coreas, viaje que al final se suspendió por el coronavirus y que tampoco pude comentarle, dado que ya a mediados de febrero los ruidos del virus se oían por todos los rincones de España.

Siempre me llamó la atención su enorme personalidad, mezclada con una gran dosis de sinceridad en sus planteamientos, llenos de rigor y con abundante documentación sobre la realidad política, social, cultural y económica de España en todos sus aspectos. Era vehemente, directo, conciso, comprometido, un periodista que protegía al periodismo y con un gran bagaje profesional (en la agencia EFE, Colpisa, El País, El Mundo, Onda Cero, Euskal Telebista, autor de varios libros, profesor de Periodismo en la Universidad de Carlos III de Madrid, tertuliano en distintas cadenas televisivas), en suma, un buen analista que se ha ido a otro mundo pero sin descifrar si al final es más peligroso el silencio o los misiles norcoreanos.

El coronavirus traerá “un antes de… y un después de…”, pero la honestidad y valentía de Calleja queda ahí, siempre exteriorizó su propia personalidad, se interesaba por todos los temas y nunca se escabulló de nada, todo lo contrario pues supo estar al frente de todas las dificultades y también supo usar su única arma como era la pluma, y además se enfrentó con ahínco y firmeza a ETA cuando le amenazó, pero la derrotó y estaba seguro que también derrotaría al coronavirus. No pudo ser, pero ahí queda su periodismo para que las nuevas generaciones se enriquezcan de sus hábiles y sagaces dotes de lo que fue como periodista.

Al menos, que yo sepa, nunca le faltó el respeto a nadie. Joven, de origen leonés, pues con 64 años la vida no concluye, y menos en el dinamismo de Calleja, que constantemente trataba de abarcar todo lo posible para que así, en sus tertulias o en sus artículos, pudiéramos beber de sus comentarios y sirvieran al mismo tiempo como reflexiones en un mundo donde la actividad  periodística vive momentos difíciles, sobre todo cuando la información está sujeta a muchos condicionantes, pero Corea del Norte siempre lo recordaba e incluso me preguntaba para qué quiere el joven Kim Jong-un tanto armamento nuclear. Y claro, como también decía Hobbes, tal vez para no sentirse solo.

O como también, parafraseando al filósofo francés Michel Foucault, en “Las palabras y la cosas”, José María Calleja tenía la prudencia de saber callarse cuando las palabras eran innecesarias, pero él siempre encontró motivos suficientes en sus planteamientos políticos, sociales, económicos o culturales desde la base más honesta y real en un mundo global que esperemos no se vea “tocado” por el coronavirus, que ha supuesto la única y más dolorosa derrota para nuestro insigne Calleja. 

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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