Muere por COVID-19 Kim Ki-duk, pionero del cine surcoreano

| Tania Volobueva

El conocido y pionero del cine de Corea del Sur Kim Ki-duk ha fallecido este fin de semana a la edad de 59 años por complicaciones derivadas del COVID-19 mientras se encontraba desde el pasado 20 de noviembre en Letonia, donde estaba siendo tratado en un hospital por el coronavirus, una muerte que ha dejado al cine coreano de luto por quien fue considerado, dos décadas antes de que la película Parásitos de Bong Joon-ho arrasara en los Oscar 2020, como el que abriera la puerta al cine de su país en todo el mundo con la obtención de importantes premios en festivales como Venecia, Cannes y Berlín.

Kim Ki-duk dirigió 25 películas donde la ambición poética se alterna con la violencia, entre ellas filmes como La isla (Seom), El arco, Time y la aclamada Hierro 3. El director surcoreano fue una de las figuras clave en el cine asiático de las dos últimas décadas y fue también ganador del Oso de Plata de Berlín al mejor director por Samaritan Girl en 2004, y se hizo también con el premio “Un certain regard” del festival de Cannes de 2011 con Arirang, así como con el León de Oro a la mejor película por Pieta Festival Internacional de Cine de Venecia en 2012. Uno de sus últimos trabajos fue el drama Human, Space, Time and Human que se estrenó en 2018.

Kim Ki-duk, fallecido a diez días de cumplir los 60 años en Riga (Letonia) debido a la COVID-19, se hizo famoso por filmes como Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera, entre otros, y era una referencia de la cinematografía surcoreana, aunque en los últimos años había tenido acusaciones por abuso sexual que marcaron parte del final de su vida cinematográfica, pero los tribunales lo acabaron condenando solo por abusos físicos. En todo caso las acusaciones espolearon la visión de que su filmografía, a ojos de muchos críticos, estaba salpicada de una misoginia latente.

Nacido en 1960 en el montañoso condado de Bonghwa (este del país), su último filme estrenado, Dissolve (2019), fue rodado en Kazajistán con actores locales y proyectado solo para compradores potenciales en el mercado del Festival de Cannes, pero ya con un perfil cada vez más bajo en su cine que venía manteniendo Kim, que aparentemente tenía intención de comprar una casa para retirarse a vivir en Letonia cuando contrajo la enfermedad. Su cine estuvo en parte plagado de escenas de violaciones en el que la mayoría vio un mensaje deliberadamente provocador.

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