La lucha hegemónica de China y EEUU por el liderazgo mundial tras el coronavirus (I)

Madrid. Todo parece indicar que China va a llevar la delantera a Europa y a EEUU por liderar la hegemonía mundial en una etapa de poscoroanvirus, aunque Estados Unidos posee aún una industria tecnológica y financiera suficiente para encarar el “nuevo mundo global” que se avecina y donde el viejo continente, que ya ha dado muestras de debilidad por la pandemia, ahora tendrá que analizar sus relaciones con Pekín, enfadada con la UE por investigar el origen del virus al igual que mantiene Donald Trump, que lo vincula a un laboratorio chino de Wuhan.

Trump está convencido que China hará todo lo posible para evitar su reelección como presidente de EEUU en noviembre próximo, cuya presidencia en estos últimos cuatros años ha originado a Pekín de todo menos calma y sosiego. Y ahora con el coronavirus el enconamiento entre las dos potencias mundiales se va a recrudecer a niveles que hundirán más la posible recuperación de la economía mundial. Eso sí, China ya ha dicho que no tiene interés alguno en interferir en los comicios estadounidenses y resalta que esas elecciones es un asunto interno.

A Trump le llueven críticas muy duras por su mala gestión para combatir el coronavirus y es obvio que necesita compensar su pueril política sobre la pandemia con otras actitudes. Por un lado, necesita ganarse la confianza interna que ha perdido en parte y de ahí sus permanentes acusaciones a China por considerarlo responsable del virus y, por otro, habrá que ver cómo se entierra definitivamente la guerra comercial que mantiene con Pekín en estos últimos años.

El presidente estadounidense ya ha amenazado esta misma semana a China con nuevos aranceles e insiste que el nuevo coronavirus se originó en un laboratorio de la ciudad china de Wuhan, algo que Pekín niega, pero Trump lo que trata es salir adelante por su mala gestión sobre cómo ha afrontado la pandemia, y que ve como su fortaleza económica en el país se le está yendo a pique por la pandemia. 

Trump nunca prestó atención a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y consideró al coronavirus como un “virus chino” que sólo servían para reforzar sus ataques a China y tapar su mala gestión, la cual sólo es aprobada por el 43 por ciento de los ciudadanos, que no olvidan que van más de 65.000 fallecidos. 

En suma, la rivalidad entre los dos países no se va a reducir pese a que a principios de años Pekín y Washington firmaron la primera fase de un acuerdo para poner fin a la guerra comercial, pero con el coronavirus la realidad será otra y el cruce de acusaciones mutuas no va a desaparecer al menos hasta la celebración de los comicios presidenciales de EEUU. Pero la guerra económica entre China y EEUU se recrudecerá y Trump necesita todo tipo de argumentos para ganar su reelección presidencial.

Pekín, sin embargo, considera que la pandemia llegó a la ciudad china de Wuhan a través de los Juegos Mundiales Militares, celebrados en octubre del pasado año, y que fueron soldados estadounidenses, durante ese evento deportivo los que introdujeran el patógeno en China. 

Pese a que la propia Inteligencia de EEUU descartó que coronavirus sea una creación de los seres humanos o que haya sido genéticamente modificado, en un intento de aplacar los rumores de que se haya originado en un laboratorio, la teoría de que el virus no está hecho por el hombre no ha gustado al presidente estadounidense, que sigue presionando para buscar pruebas que vinculen el virus a un laboratorio chino. 

Incluso la OMS ha corroborado también que el “origen natural” de la COVID-19 y así zanjar la polémica que enfrenta desde hace semanas a China, Estados Unidos y la propia organización sanitaria, a la que Trump ha congelado su ayuda financiera por entender que defiende los intereses del “gigante asiático” y donde la OMS señala que “todas las pruebas disponibles” apuntan a un origen animal como fuente de la pandemia global de coronavirus.

Países de la Unión Europea (UE) como Francia, Alemania o Reino Unido también se han sumado a las dudas sobre la gestión de la crisis por parte de China y han dispuesto ya los mecanismos necesarios para llevar a cabo una investigación a fondo para ubicar el origen de la pandemia, aunque eso sí, China ha rechazado las críticas e incluso ha amenazado a Australia con boicotear el consumo de vino si investiga el origen del coronavirus.

Lo que sí es cierto, sea lo que fuere, es que China tendrá que afrontar una nueve realidad diplomática para ganarse cierta credibilidad en la comunidad internacional, pues si los PIB de medio mundo están cayendo de forma brutal por culpa de la pandemia y si este virus fue en un principio ocultado por Pekín, sus consecuencias están provocando daños económicos y sociales de magnitudes brutales que no se veían desde la Segunda Guerra Mundial, o en el caso de España el hundimiento de su PIB un 9,2 por ciento no se recuerda desde hace más de un siglo.

Santiago Castillo

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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