Guerra de Ucrania: Zelenski viaja a EEUU y Medvédev a China para asegurarse apoyos

| President of Ukraine, Flickr
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Madrid. El año 2022 se acerca a su fin y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, acaba de viajar a Washington (21 de diciembre) para asegurar el apoyo de Joe Biden y su aliado transatlántico en los meses venideros de la invasión rusa. Esta visita ha sido la primera vez que Zelenski abandona su país desde el comienzo de la llamada «operación especial» rusa en febrero. Al mismo tiempo, el Kremlin envía a su emisario Dmitri Medvédev, expresidente del país y jefe de Rusia Unida, el partido incumbente, a China para reunirse con Xi Jinping, uno de los pocos dirigentes que sigue manteniendo lazos estrechos con Moscú.

La mayoría de los detalles de la visita se mantenían en secreto para no poner en peligro el trayecto del dirigente ucraniano. El día 20 se encontraba en la ciudad de Bajmut en el frente del Donbás, donde están teniendo lugar las batallas más feroces de los últimos meses. Varias horas después la ‘BBC’ publicó fotos de Zelenski acompañado de sus ayudantes en una estación de tren de Polonia. Por la mañana, el 21 de diciembre, publicó en su cuenta de Twitter que se encontraba de camino a Washington. Más tarde, Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, confirmó en una publicación la participación de Zelenski en la sesión del Congreso del 22 de diciembre. Ya por la tarde, se difundieron fotos del presidente ucraniano en la Base de las Fuerzas Aéreas Andrews en el estado de Maryland.

Después del encuentro, Biden reiteró las promesas del secretario de Estado, Antony Blinken, de suministrar a Kiev con sistemas de misiles antiaéreos Patriot, que son considerados de los más avanzados en el arsenal estadounidense. Refutando las acusaciones rusas de que Occidente estaba llenando Ucrania de armas para escalar el conflicto, el jefe de la Casa Blanca describió al sistema como defensivo. Los Patriot le permitirán al Ejército ucraniano derivar los misiles rusos que están devastando la infraestructura energética del país. No obstante, antes de que el nuevo armamento estadounidense pueda entrar en acción, los expertos de la Casa Blanca deberán preparar a los ucranianos, para que estos puedan usarlo de forma eficiente.

Tras hablar con Biden, Zelenski se dirigió al Capitolio para dar un discurso ante ambas cámaras del Congreso estadounidense. Diversos medios describen un ánimo de unidad bipartidista en el Parlamento estadounidense que el país no vio desde los ataques a las Torres Gemelas y el Pentágono en 2001. La visita viene justo durante el debate parlamentario sobre un nuevo paquete de ayudas económicas a Ucrania. Para evitar que la facción escéptica consiga conminar el vital flujo de dólares a Kiev, Zelenski garantiza que el dinero enviado «no es simple caridad, sino una inversión en la seguridad común».

Además de asegurar el apoyo militar y financiero, Zelenski consiguió con este viaje convertirse de nuevo en el foco de atención mundial para mantener viva la llama de unidad de los aliados ucranianos en Occidente. Vistiendo su inconfundible traje militar verde oliva, agradeció a los americanos el apoyo que brindaron a los ucranianos. Les mostró a los parlamentarios lo mucho que aprecia a Washington como aliado, estando dispuesto a abandonar su país en medio de una guerra para asistir a la sesión del Congreso. Ni Madrid en junio, ni Bali en noviembre, ni Berlín, ni París, ni Londres llegaron a recibir este honor. Al fin y al cabo, Washington lidera con diferencia la lista de ayudas económica y militar enviadas a Ucrania.

La fecha elegida no fue tampoco ninguna casualidad. Winston Churchill, el carismático primer ministro británico durante la Segunda Guerra Mundial, aterrizó en Washington el 22 de diciembre de 1941, dos semanas después de que los japoneses atacasen Pearl Harbor. Después de celebrar la Navidad con los Roosevelt, dio un discurso al Parlamento, dónde dijo sus famosas palabras: «No nos rendiremos, no perderemos, iremos hasta el final». Zelenski, que retomó la iniciativa del Kremlin de sacar de la manga paralelismos entre la situación actual y la Segunda Guerra Mundial, imitó la frase de Churchill en marzo, una semana después de que empezase la invasión rusa. Al igual que el dirigente británico hace 81 años, el presidente ucraniano cruza el Atlántico antes de Navidad para subir la moral tanto en Washington como en Kiev, Járkov, Jersón y otras ciudades que se quedaron sin electricidad tras los bombardeos rusos.

Y tal como Churchill, Zelenski entiende la importancia de mantener la gracia de la mayoría parlamentaria. El presidente ucraniano declaró sus intenciones desde el principio, rimando con los vaticinios de la antigua portavoz del gobierno estadounidense Jen Psaki, entre otros. Sin el Congreso, la presidencia se quedará coja y muy limitada en su capacidad de tomar decisiones. Después de los comicios parlamentarios de noviembre, el Partido Democrático consiguió mantener la mayoría en el Senado, pero perdió la Cámara de Representantes (la Cámara Baja). Para Kiev, es esencial brindar con el apoyo de los republicanos para continuar recibiendo el mismo apoyo que antes. La alianza entre Ucrania y EEUU no debe ser una alianza personal entre los dos líderes, sino algo más profundo para evitar discontinuidades en las relaciones en caso de que, en 2024, Biden abandone la Sala Oval.

Además de la Cámara de Representantes, el apoyo a Ucrania depende de la opinión pública de los estadounidenses. Los expertos afirman que la crítica de Zelenski a Irán por su ayuda militar a Rusia estaba destinada principalmente a un público americano, bastante escéptico con Teherán después de casi medio siglo de enemistad entre los dos países.

Finalmente, Volodímir Zelenski quiso dejar claro que Ucrania no es partidaria de una «paz justa» que supondría concesiones por parte de Kiev. Los ucranianos sienten el sabor a victoria y no perdonarán una humillante rendición por causas políticas. Para él, la guerra acabará cuando Ucrania recupere todo el territorio perdido. Y para evitar dudas y ánimos pacificadores, puntualizó su discurso ante el Parlamento diciendo: «Es cuestión de tiempo que ataquen (los rusos) a sus demás aliados si no los paramos ahora».

La prensa rusa cubrió vastamente la visita de la némesis de Putin a Washington. Unos describían a Zelenski como un fiel siervo de Occidente, al que Biden convocó a su antojo. Otros calificaban el viaje del presidente ucraniano como una forma de pedir limosna a Estados Unidos. Según los medios estatales rusos, esto sería además una oportunidad para Biden para distraer el público americano de la inflación y otros graves problemas que llenan su presidencia con un conflicto lejano, un cómodo chivo expiatorio para todos los males del mundo. Aunque es probable que la Casa Blanca use el conflicto en Ucrania para salvar la popularidad del actual Gobierno, también es verdad que el mismo argumento se podría usar contra la llamada «operación especial», que muchos creen que es una parte de la campaña electoral de Vladimir Putin para los comicios presidenciales de 2024.

Para intentar arrebatar la atención a Zelenski en el espacio informativo (especialmente interno), Dmitri Medvédev se dirigió a Pekín para reunirse con el dirigente chino Xi Jinping. El encuentro traía reminiscencias de la época soviética, cuando Mao recibía a los secretarios generales del Partido Comunista Soviético para diseñar modelos de cooperación entre las élites socialistas de ambos países. Medvédev usó la misma terminología que sus homólogos hace décadas para remarcar la amistad entre el Partido Comunista Chino (PCCh) y Rusia Unida.

Vladimir Putin está intentando recuperar su imagen pública que fue dañada durante la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en septiembre, cuando tanto Narendra Modi (primer ministro indio) como Xi Jinping lanzaron una crítica indirecta al Kremlin, diciendo que ahora «no es una época para la guerra». Putin quiere demostrar que no está solo, para desafiar el ostracismo al que le está condenando el mundo.

Ucrania consiguió, a pesar de todo, resistir ante la invasión rusa e incluso recuperar territorio. Zelenski no pretende rendirse ahora y no se pensará dos veces en usar su popularidad mediática para mejorar la posición de Kiev. Es la estrella y no quiere dejar de serlo. No quiere que el conflicto desaparezca de las portadas, no quiere que la gente se canse y se olvide, como hicieron con Myanmar, Afganistán, Yemen y muchos otros sitios del mundo. Ucrania no debe ser el tema del mes o del año, tiene que ser el tema predominante hasta que acabe la guerra. Mientras tanto, el Kremlin hará todo lo posible para impedirlo.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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