Timor Oriental, más cerca que nunca de ser miembro de la ASEAN

Bandera de Timor Oriental. | Isabel Nolasco, Wikimedia
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Madrid. Los diez países miembros de la ASEAN reunidos en noviembre en Nom Pen, la capital de Camboya, tomaron la decisión de admitir a Timor Oriental (conocido internacionalmente como Timor-Leste) en la organización. El comunicado conjunto reza que la admisión es condicional, aunque la decisión final será tomada el año que viene, cuando la presidencia la ocupará Indonesia. Esto acabará con más de una década de intentos de Dili de entrar en el club regional de la ASEAN, que tanto anhelaban los dirigentes del pequeño país desde su independencia.

Timor Oriental, antigua colonia portuguesa, fue ocupada por Indonesia en 1975, poco después de que la revolución de claveles sacudiese al país europeo. A eso le siguieron más de dos décadas de conflicto entre el movimiento irredentista y las autoridades de Yakarta. En 1999 los beligerantes cesaron fuego bajo auspicios de la ONU que comenzó a promover el proyecto de un Timor Oriental autogobernado que acabó en 2002 con la declaración de independencia. La primera en reconocer el gobierno de Dili fue China, que siempre apoyó el movimiento independentista de los timorenses, forjando así una fuerte conexión entre los dos países.

No obstante, las dos décadas de independencia no fueron una época sencilla para el recién nacido estado. La economía quedó arrasada por la guerra y la única fuente de ingreso restante eran los yacimientos ultramarinos de petróleo al sur de la isla. Además, Dili se vio obligado a depender de los pocos vecinos que tenía: Australia y su antigua némesis Yakarta, para sostener un presupuesto decente y reconstruir el país. La isla de Timor quedaba también completamente al margen de los flujos económicos del gigantesco mercado asiático. Pekín fue uno de los pocos fuera de la región que mantuvo unas relaciones muy estrechas con Dili, ayudándole tanto política, como económicamente.

La admisión en la ASEAN siempre fue una prioridad para Timor, a la que aplicó en 2011. Si conseguía entrar en el poderoso bloque sudasiático podría tener acceso a un mercado más grande, además de una oferta de inversiones mucho mayor. Gran parte de las grandes economías mundiales se socializaban en materias económicas con el Sudeste asiático como conjunto, no de uno en uno. Entrar en ese club le permitiría a Dili aumentar su visibilidad en el mercado de inversiones, atrayendo a países como Corea del Sur o Japón a tomar parte en el desarrollo del país. Además, como miembro de la ASEAN Timor podrá reforzar su papel político y dejar atrás la dependencia extrema que vive ahora. Camboya y Laos, último y penúltimo miembro de la organización respectivamente, demostraron con su ejemplo el efecto positivo que tuvo la integración regional en su economía.

La participación de Timor le trae beneficios a la ASEAN también. Viendo la expansión de la influencia de Pekín en la región, Yakarta podría pararle los humos al gigante asiático y evitar que Timor caiga en su órbita. El caso de las islas Salomón, donde el ministro de Exteriores firmó con el primer ministro salomonés un acuerdo de seguridad, preocupó a muchas potencias de la región, entre ellas a Canberra. A la ASEAN, que está intentando mantenerse al margen del «Gran Juego» de China y Estados Unidos, le vendría bien acoplar a Timor a su bloque, reforzando así el frente común y unificando la región bajo los auspicios de una organización.

No obstante, existen varias dificultades que durante años le impedían al pequeño país formar parte de la ASEAN. No por nada el presidente timorense, José Ramos-Horta, calificó el proceso de admisión como «más difícil que ir al paraíso». «Parece, que para ser admitido en la ASEAN debes cumplir con todos los requisitos para ir al paraíso», se quejó. La primera dificultad era que Dili no había formalizado las relaciones con todos los países miembros, algo que hizo durante la primera década de su independencia. El segundo motivo es puramente económico: varios países miembros (especialmente Singapur) temen que Timor no pueda pagar la cuota de participación, convirtiéndose en una carga más que un beneficio. Según datos de la ONU, alrededor de un tercio de la población del país vive bajo el umbral absoluto de pobreza, con 42 de cada 100 bebes muriendo antes de cumplir los cinco años debido a la desnutrición.

Además, la admisión de Timor levantaría preguntas sobre otro país de la región que manifestó su interés mucho antes que incluso Camboya, Myanmar y Laos, y es Papúa Nueva Guinea. Admitir a uno y no al otro podría ser interpretado como hipocresía. Pero, al mismo tiempo, aceptar a ambos sería una carga económica aún mayor que pocos de los países de la ASEAN estarían dispuestos a aceptar.

Por último, la dependencia de Dili de China también es motivo de preocupación para la ASEAN. Timor podría ser un caballo de troya de Pekín en la organización, haciendo lobby por los intereses del gigante asiático.

Aun así, a pesar de todas las dificultades, las declaraciones por parte del anfitrión actual y el siguiente, el primer ministro camboyano, Hun Sen, y el presidente indonesio, Joko Widodo, respectivamente, hacen pensar que la ASEAN consiguió alcanzar un consenso al respecto. El proceso aún no ha acabado, pero Dili parece optimista, esperando que la membresía se formalice en 2023 en Yakarta, acabando con el aislamiento de Timor y el estancamiento de la expansión de la ASEAN.

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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