Xi Jinping firma una tregua con el virus y renuncia a su política de «tolerancia cero»

El presidente chino, Xi Jinping. | Kremlin, Wikimedia
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Madrid. Después de casi tres años de confinamiento y política de «tolerancia cero» contra el coronavirus, Pekín por fin relaja las restricciones. Sin embargo, la repentina renuncia a la estrategia previa deja a China vulnerable ante una nueva oleada de ómicron, que empujó el número de contagios a máximos históricos.

Desde 2020, el presidente chino, Xi Jinping, declaró la guerra a la pandemia e impuso medidas draconianas en comparación con otros grandes países. Más adelante, en 2021 y 2022, mientras el mundo reabría las fronteras y volvía a la normalidad, intentando desarrollar una inmunidad colectiva al virus, China seguía aislada del mundo. A pesar de que la política «cero covid» dañaba considerablemente la economía del gigante asiático ahuyentando las inversiones extranjeras, Xi se negaba a ceder y pretendía defender su imagen de defensor del pueblo ante una amenaza nacional.

Durante el último año el descontento seguía aumentando. El crecimiento del PIB chino quedó estancado en un 3,3 % no consiguiendo alcanzar la meta gubernamental de 5,5 %. Grandes empresas productoras, tales como la taiwanesa Foxconn, por ejemplo, veían su producción seriamente restringida por los confinamientos en las grandes ciudades, que podían llegar a aislar barrios enteros del mundo exterior. Eso las llevó a considerar diversificar su dependencia de China y trasladar parte de sus instalaciones a países vecinos como Vietnam o Indonesia.

Mientras tanto, los chinos se estaban cansando cada vez más de las severas medidas del Gobierno. Eran comunes las manifestaciones de trabajadores que demandaban que les paguen el sueldo y que solucionen las cuestiones con el alojamiento. Cada mañana decenas miles de viajeros se dirigían a Shanghái, el mayor puerto del mundo, y Shenzhen, un centro de manufactura y tecnología, para trabajar. Los confinamientos hicieron este trayecto imposible, lo que dejó a las empresas ante el dilema de parar la producción o alojar a los empleados en las propias instalaciones, improvisadas especialmente para la situación.

A finales de noviembre, el descontento acabó en las mayores protestas de los últimos años. Cientos de personas salieron a las calles de Pekín, Shanghái, Wuhan y otras grandes ciudades a manifestarse en contra de la política «cero covid», después de que esta haya sido considerada la principal causa de la muerte de 10 personas en un incendio en Urumqi, la capital de Xinjiang. Además, durante este tumultuoso período murió Jiang Zemin, expresidente reformista chino, lo que no podía no traer recuerdos de la muerte de Hu Yaobang en 1989 y que fue la mecha que incitó las protestas en la plaza de Tiananmén.

Aun así, los expertos aconsejan no sacar conclusiones prematuras. Es verdad que el descontento popular pudo haber sido la gota que colmó el vaso, sin embargo, el gobierno chino es famoso por su resiliencia a ceder ante las demandas populares. En 2019, cuando la ciudad de Hong Kong se sumió en meses de constantes protestas, Pekín no pensó en desistir de dominar la rebelde ciudad cueste lo que cueste. Es más probable, que la presión a aflojar las medidas draconianas viniese originalmente desde dentro del sistema. El Partido Comunista Chino (PCCh) estaba preocupado por los problemas económicos que se iban acumulando a lo largo de los años. El golpe que dio el «cero covid» a las inversiones extranjeras llevará trabajo para recuperar.

Además, Xi Jinping se posiciona a sí mismo como un líder fuerte y paternalista con sus súbditos, nada menos que el nuevo «Gran Timonel». Las radicales restricciones fueron su propia iniciativa, por lo que se negaba a abandonarlas, temiendo que esto afectase a su imagen pública. Así podía demostrar la supremacía del sistema chino ante Occidente, que tantos daños sufrió entre 2020 y 2022. El hecho de que aparentemente se rinde ahora es extremadamente peculiar. Ceder ante los manifestantes podría ser interpretado como debilidad, por lo que los acontecimientos de noviembre de 2022 no pueden ser la única explicación. El cansancio del partido del control extremo, la arbitrariedad y el estancamiento económico pueden haber sido al mismo tiempo percusores y catalizadores de este proceso de cambio. Además, para acatar la crisis inmobiliaria es necesario impulsar el consumo de la población, que decayó tras años de aislamiento.

Los medios oficialistas afirman que las políticas «cero covid» ya surtieron el efecto necesario y fueron un éxito en general. Ahora que la población ya no se contagia tanto, es un buen momento para reabrir el país. No hay mención alguna de las protestas. Aun así, desde que el confinamiento se aflojó, China vio cifras récord de contagios. El 2 de diciembre fue alcanzado el máximo histórico de 62.000 contagios diarios, eso considerando que las autoridades sanitarias chinas dejaron de contabilizar los casos asintomáticos. No hay certeza sobre el número de fallecidos por ahora, pero Pekín no llegó a publicar ningún dato al respecto.

Diversos medios difieren en cuanto a los vaticinios de las posibles consecuencias que tendrá esta decisión de repentino relajamiento de restricciones. Debido a las draconianas medidas, los chinos no consiguieron desarrollar la inmunidad colectiva al virus, que es tan importante para pasar página tras la pandemia. Además, un porcentaje considerable de gente mayor de 60 años o no está vacunada o lo está de forma incompleta, haciéndolos una diana fácil para el virus. Muchas personas, acostumbradas al control extremo del gobierno y a las cifras bajas de contagios (China consiguió esquivar la mayoría de las oleadas con solo 5.235 muertos por ahora), se encuentran ahora en pánico, algo que en China, el país más poblado del mundo, se multiplica por 100.

Oficialmente, China ha anunciado 5.242 muertes por COVID-19 desde que comenzó la pandemia, incluyendo los decesos registrados esta semana, entre una población de más de 1.400 millones de personas, pero ahora el cambio de estrategia se produce tras las inéditas protestas que estallaron en varias ciudades chinas por el agotamiento que generaron las restricciones impuestas para contener los rebrotes y obviamente es una situación que ha provocado dudas sobre si el Gobierno chino está revelando el número real de víctimas y además el Banco Mundial (BM) ha rebajado su crecimiento económico en 2023 al 4,3 % en un momento de «incertidumbre» ante el proceso de reapertura del país tras casi tres años de duras restricciones impuestas en el marco de la política de «cero covid».

 

Iván Ortega Egórov

Estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Carlos III, de Madrid

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