Cumbre de la OCS: Rusia sale debilitada y China e India se quejan a Putin

El presidente ruso, Vladimir Putin. | Kremlin, Wikimedia
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Madrid. La cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en Samarcanda (Uzbekistán) ha servido para que al presidente de Rusia, Vladimir Putin, se conciencie de una realidad que no asimila y que obviamente mantiene al pueblo ruso maniatado y sin información ante el desastre militar y económico que vive el país, pues, por un lado, Xi Jinping, le ha mostrado su preocupación por una guerra que no termina y, por otro, el primer ministro indio, Narendra Modi, le dejó claro que «ahora no es momento para la guerra, ya que la seguridad de los suministros de alimentos, fertilizantes y combustible se encuentra entre las principales preocupaciones actualmente».

Claro que el presidente Xi quiere sacar tajada de la cada vez más débil Rusia, aprovecharse en la medida que más pueda comprando gas y petróleo muy barato y llevarla a su subordinación económica para crear ese «nuevo orden mundial», liderado por China y donde ahora también se podría meter Irán, pero lo que está claro es que el Gobierno chino está preocupada por la tardanza de un conflicto que iba para dos días y que ya lleva más de 200. Además, Pekín no va a dar apoyo militar a Rusia y tal vez tampoco económico por su invasión a Ucrania, dado que todo ello facilitaría más campo abierto a Estados Unidos por hacerse con la hegemonía mundial. El gigante asiático está cansado de esta guerra, no le favorece y Putin tendrá que mover ficha si no quiere quedarse aún más aislado de lo que ya está.

Por su parte, el primer ministro indio de India, que se aprovecha de comprar a Rusia petróleo y gas muy barato y que, al igual que China, no ha condenado ni aplicado las sanciones internacionales a Moscú, le mostró a Putin el sinsentido de esta guerra, que se alarga en el tiempo y está creando verdaderos problemas económicos a la comunidad internacional. Rusia es el mayor proveedor de armas al Ejército indio, y ha recurrido a la vía diplomática para solventar el conflicto, posición similar a China. Pero tanto Pekín como Nueva Delhi están descontentas con Putin viendo cómo se va desarrollando el conflicto ucraniano.

Putin ha aclarado que entiende las posiciones de Modi y Xi y sus preocupaciones y al mismo tiempo señaló que hará todo lo posible para detener esta situación, la cual cada vez se le complica más a Putin cuyo Ejército ha sufrido la liberación de las localidades en manos de invasores rusos en las regiones de Járkov y Donetsk, en el este del país, y sus tropas abandonan posiciones y huyendo, lo que evidencia que la guerra va para largo y que los planes de Putin para concluirla se complican dentro (cada vez hay más voces que critican la situación) y fuera de Rusia, de ahí la censura que tanto Xi como Modi le han hecho saber a un Putin que puede llevar a cabo actitudes militares más contundentes a causa de su cada mayor derrota y humillación.

Pero también el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, le ha pedido a Putin que no use armas nucleares ni químicas en Ucrania y le ha advertido que se convertiría en el mayor «paria» del mundo si lo hace. «No, no, no lo haga. Cambiará el rostro de la guerra como nunca antes desde la Segunda Guerra Mundial», indicó el jefe de la Casa Blanca, que además ha visto cómo Moscú termina pidiendo apoyo militar a Irán y a Corea del Norte. Una realidad dramática que necesita ya un final con la retirada de los rusos de todo el territorio ucraniano ocupado por Rusia y negociar un definitivo tratado de paz, pues aquí el invasor ha sido Rusia y Rusia tiene que retirarse de Ucrania. El sueño del imperialismo ruso se ha venido abajo, antes en Georgia y ahora en Ucrania.

Y es un grave error cuando Moscú dice que no necesita a Occidente, pues tecnológicamente es muy dependiente. Las sanciones cada vez van haciendo más daño. Y China sacará provecho de una Rusia que se metió en la boca del lobo sin analizar las verdaderas consecuencias de una osadía prepotente e irresponsable. Rusia tardará mucho tiempo en reformarse y equilibrar económica y militarmente al país como estaba antes de invadir Ucrania. Su propia infraestructura se cae a pedazos y de momento mantiene a China e India comprándole crudo barato pero en grandes cantidades, superando incluso a Arabia Saudí como principal proveedor de China.

La tensión se compensa con el enorme espíritu optimista y de victoria de Ucrania, que humilla a los rusos y contemplar cómo se ha visto en Izium, ciudad a unos 120 kilómetros al sudeste de Járkov, el hallazgo de al menos 440 tumbas de ucranianos presuntamente asesinados por el Ejército ruso, además de una decena de supuestas cámaras de tortura, no favorece ni a Rusia, ni a Putin y menos a sus Fuerzas Armadas. China y la India no violan las sanciones pero sí mantienen a Putin a flote. Mientras se mantenga este ‘statu quo’, la paz no se verá en el horizonte. Ucrania está ganando.

El gasto militar ruso ha aumentado en estos dos primeros meses de invasión un 130 por ciento, un porcentaje bestial cuando aún no se sabe cuándo va a terminar la guerra y con otros muchos frentes que Rusia tiene pendientes y necesitan militarmente sus necesidades.

Rusia ya habla de una movilización, lo que supone un cambio drástico en el conflicto ucraniano. Rusia tiene extensas fronteras que vigilar, casi 61.000 kilómetros, y sus ambiciones imperialistas no cuadran con su actual economía de guerra. Y más cuando ahora se produce el ingreso de Suecia y Finlandia en la OTAN, lo que origina la creación de nuevas unidades y formaciones militares rusas, además aún tiene contenciosos importantes de Segunda Guerra Mundial como son lo de las islas Kuriles con Japón, país que se rearma diariamente con un orgullo milenario deseoso de recuperar lo que territorialmente es suyo.

Tokio no va a reconquistar las Kuriles, pero sí analiza la situación y a mayor debilidad militar rusa los deseos imperialistas nipones son mayores. Moscú militarmente no puede trasladar tropas de un lugar a otro para combatir en Ucrania, también tiene que cuidar con sus soldados los 4.209 kilómetros de longitud que tiene en la frontera con China, y solo la presencia militar rusa en la zona de Siberia y el Lejano Oriente puede garantizar esa soberanía. China y Rusia son socios, no aliados, y solo ver el presupuesto de China en 2019 en torno a 177.000 millones de dólares y el ruso en unos 46.000 millones de dólares ilustran la situación militar y eso sin contar bases y operaciones castrenses en otros rincones del mundo.

Una guerra es un antes y un después para todo. Los talibanes instalados en Afganistán, los problemas fronterizos entre países de Asia central, donde Moscú se ve obligado a mantener tropas para contener cualquier amenaza, o incluso repúblicas musulmanas rusas como Tataristán y Bashkortostán ya son elementos suficientes para no irse militarmente de allí y para redondear el enfrentamiento entre Armenia y Azerbaiyán, donde los rusos tienen un pacto firmado de defensa con los armenios, mientras Turquía, que no ha sido beligerante con Putin en su invasión de Ucrania, defiende a los azerbaiyanos. El nuevo orden mundial no es fácil. Pero eso sí, Rusia no puede desproteger militarmente sus fronteras y rincones donde están ubicadas sus tropas. Un nuevo problema para Moscú.

Por otra parte, la OCS es hoy la mayor organización regional del mundo y sus miembros representan al 44 por ciento de la población mundial y al 30 % del PIB global, lo que evidencia la enorme importancia del poder económico y político del OCS, pero tampoco nos engañemos al considerar que de esta cumbre pueden resaltarse dos mundos, el multipolar que sale de esta cita de la OCS y el que lidera EEUU con Occidente, una situación que no proporciona optimismo cuando aún sigue la guerra en Ucrania y la tensión de Taiwán no ha concluido.

La OCS fue fundada en 2001 por China, Kazajistán, Kirguizistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán, a la que luego se unieron India y Pakistán en 2017, y ha servido en esta cita que sus respectivos líderes, más los observadores como Bielorrusia y Mongolia y cuatro Estados invitados (Armenia, Azerbaiyán, Turkmenistán y Turquía), además de Irán que acaba de ingresar a la OCS, constituyan los retos que desean cumplir para ese nuevo orden mundial, aunque tanto India como Turquía no estarían muy cómodos en esta nueva realidad política cuando Nueva Delhi tienes fricciones con China y pactos económicos y militares con EEUU y Turquía es un miembro de la OTAN aspirante a la Unión Europea (UE).

Santiago Castillo

Periodista, escritor, director de AsiaNortheast.com y experto en la zona

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